Ciclos combinados: la firmeza que sostiene el verano | Opinión

Las sucesivas olas de calor que venimos registrando este verano han vuelto a poner a prueba la fortaleza del sistema eléctrico español. En estos momentos de elevada demanda y mayor tensión para la red, garantizar el suministro exige disponer de tecnologías capaces de responder con agilidad cuando el sistema las necesita.
Los datos disponibles sobre la generación del sistema eléctrico nacional durante el mes de julio ratifican una vez más el papel decisivo de los ciclos combinados para asegurar la continuidad del suministro y preservar la estabilidad del sistema eléctrico: segunda fuente, con una aportación cercana al 20 % del total —casi 5.500 GWh, la mayor producción total de los últimos cuatro años—, y principal fuente de generación en la mayoría de las tardes y noches de los días laborables del mes, cuando la demanda alcanza sus puntas.
Lejos de perder protagonismo a medida que avanza la transición energética, los ciclos combinados son hoy más relevantes porque son los que hacen posible esa transformación. A mayor penetración de energías renovables, mayor es la necesidad de contar con capacidad de respaldo que compense la variabilidad inherente de tecnologías como la solar o la eólica. De hecho, la potencia flexible que aportan los ciclos combinados ha sido la que ha permitido alcanzar los niveles actuales de penetración renovable en el sistema eléctrico, y la que permitirá seguir incrementándolos hasta los objetivos marcados.
Las energías renovables son, sin duda, uno de los ejes principales sobre los que se construye el sistema eléctrico del futuro. Pero su producción depende de condiciones meteorológicas que no siempre coinciden con los momentos de mayor consumo, y ese desajuste se agrava en un contexto climático cada vez más exigente: las olas de calor estivales y los episodios de frío intenso en invierno disparan la demanda eléctrica y ponen a prueba la resiliencia del sistema.
En esas circunstancias es cuando los ciclos combinados demuestran su valor estratégico. Su rapidez de respuesta y su disponibilidad inmediata permiten mantener la estabilidad del sistema y seguir incorporando renovables sin comprometer la seguridad de suministro: son el respaldo del sistema eléctrico cuando otras tecnologías de generación no están disponibles, y la garantía última de suministro para los consumidores domésticos, la industria y los servicios esenciales.
El éxito renovable plantea un reto distinto: ya no basta con integrar más generación limpia, sino que hay que garantizar que el suministro siga siendo seguro en todo momento. A medida que crece el peso de las tecnologías variables, cobra más sentido el concepto de firmeza: la capacidad efectiva de una tecnología para aportar energía cuando el sistema realmente la necesita. Esta función no declinará en los próximos años. La Agencia de Cooperación de los Reguladores de la Energía (ACER) prevé que las centrales de gas cubrirán al menos el 30 % de la potencia requerida durante las puntas de demanda en 2035, en un sistema que afronta además el auge de nuevas infraestructuras con altos requerimientos energéticos, como los centros de datos. Los ciclos combinados seguirán desempeñando esa función de respaldo: el desarrollo de las baterías de almacenamiento, aunque prometedor, sigue en una fase inicial y no ofrece todavía una solución para el corto y medio plazo.
No es casual que el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), en su revisión definitiva, mantenga una potencia instalada de ciclos combinados cercana a los 26 GW en el horizonte de 2030. Esta previsión reconoce una realidad técnica difícil de cuestionar: los ciclos combinados seguirán siendo imprescindibles para una transición energética ordenada y segura.
Reconocer su importancia en la planificación energética no basta: es necesario un marco regulatorio que garantice que esa capacidad siga disponible cuando el sistema la necesite. El papel de una central de respaldo no se mide únicamente por las horas que genera electricidad, sino por su capacidad de estar preparada para hacerlo cuando resulta imprescindible.
En este sentido, la aprobación a finales de mayo por parte de la Comisión Europea del mercado de capacidad para el sistema eléctrico español —con arreglo a las normas sobre ayudas estatales de la UE— supone un paso de enorme trascendencia. La decisión llega, además, en un momento marcado por las señales de alerta sobre la adecuación de la capacidad disponible que vienen identificando distintos organismos europeos, lo que refuerza aún más su oportunidad.
Pero tan importante como aprobar el mercado de capacidad es diseñarlo correctamente. Su finalidad debe ser preservar el equilibrio del sistema eléctrico y garantizar que el mercado refleje de forma rigurosa la contribución real de cada tecnología a la seguridad de suministro en los momentos críticos. Un diseño que no lo hiciera podría generar incentivos que favorecieran a determinadas tecnologías sin ponderar correctamente esa contribución, comprometiendo la resiliencia del sistema a largo plazo.
Corresponde ahora acelerar los desarrollos regulatorios pendientes, ofreciendo señales claras que sostengan la seguridad de suministro durante todo el proceso de transformación. La definición del calendario de subastas, de los coeficientes de firmeza y del resto de parámetros técnicos no debería retrasarse más. El sistema ya ha acreditado la necesidad de contar con estos recursos; no puede depender de una tecnología que opere sin el respaldo regulatorio que su función estratégica merece.
Los datos de operación de los últimos meses, desde el apagón de abril de 2025, refuerzan una evidencia que la planificación energética ya había asumido: los ciclos combinados seguirán siendo una pieza esencial del sistema eléctrico español durante la próxima década. Activar sin demora los mercados de capacidad, y diseñarlos con rigor, no es ralentizar la transición energética, sino dotarla de la estabilidad y la resiliencia que necesita para seguir avanzando, protegiendo la seguridad de suministro y garantizando que el respaldo que hoy sostiene al sistema siga estando ahí mañana.
