China ya tiene un culpable de su crisis inmobiliaria, pero sigue sin encontrar la solución

Xu Jiayin, el fundador del colapsado gigante inmobiliario Evergrande, lleva cinco años encarnando los excesos que condujeron al mayor desastre empresarial de la historia reciente de China. El que llegara a ser el hombre más rico de Asia reapareció el jueves ante un tribunal de Shenzhen (Cantón, sur del país) canoso y envejecido, después de tres años fuera de la escena pública, para escuchar su condena a cadena perpetua. La sentencia ofrece un desenlace penal a la caída del imperio que convirtió el ladrillo en símbolo del ascenso chino, aunque castigar al hombre que mejor personifica la debacle —visto por muchos como un villano— no resuelve los problemas que la crisis dejó enquistados en la economía china.
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