China le da la vuelta al ‘shock’ energético y sale airosa de la falta de suministro del crudo del Golfo | Mercados Financieros

En materia de energía, China parece haber hecho de la necesidad virtud. La segunda mayor economía del mundo es también el mayor importador de petróleo, una flaqueza a la que el país le está dando la vuelta como a una tortilla y que ha quedado de manifiesto con el shock energético de la guerra de Irán. El cierre del estrecho de Ormuz sacudió el suministro de petróleo a escala planetaria y afectó de forma directa a China, que hasta entonces recibía de los países de Oriente Próximo cerca del 50% de sus importaciones de esta materia prima. Pero el país ha resistido el golpe gracias a una enorme reserva de petróleo —acumulada concienzudamente durante años y cuya magnitud no exige ahora una urgente reposición —, a la prohibición de exportar combustibles y a una drástica reducción de sus importaciones de crudo, sin la que su precio se habría disparado aún más en el mercado mundial. Han sido las medidas con las que gestionar un shock energético que ha puesto a prueba, con aparente éxito, el cambio de modelo energético puesto en marcha y con el que proteger la economía de su talón de Aquiles, la falta de petróleo y gas natural.

Si en su planificación de los bombardeos sobre Irán junto con Israel tuvo Donald Trump en mente en algún momento el debilitamiento de su archirrival China —al castigar a Teherán, uno de sus principales surtidores de petróleo—, tampoco habría cumplido su objetivo. “Una lección muy importante que se desprende de la guerra es que China, una vez más, ha demostrado su poderío para reestructurar su sistema energético interno con el fin de proteger su economía“, asegura Bank of America. Así, se da la paradoja de que el mayor importador de petróleo del mundo ha superado el mayor shock energético de la historia sin despeinarse demasiado. En su último informe, la Agencia Internacional de la Energía certifica que ”el país cuenta con mayores posibilidades a corto plazo para reducir la demanda de petróleo sin necesidad de recortar la actividad, en comparación con otras grandes economías“.

La demanda de crudo ha caído en China aunque menos que en otras economías asiáticas, mucho más vulnerables al cierre de Ormuz. Las autoridades de Pekín reaccionaron de inmediato con la prohibición de la exportación de derivados del petróleo —es uno de los mayores exportadores de productos petrolíferos refinados—, si bien sacaron partido de la decisión de EE UU de levantar las sanciones al petróleo ruso e iraní en el mar, lo que supuso una notable inyección de barriles para China. Aun así, las importaciones de crudo han caído con fuerza —el 40% en el mes de mayo y se calcula un nuevo descenso en junio—, al igual que los inventarios. Como explica Jorge Molinero, analista de la plataforma de materias primas de Sparta, “China ha aguantado el golpe recortando importaciones y tirando de inventarios”. Pasó de importar unos 11,4 millones de barriles diarios en febrero a moverse entre 6,8 y 7,8 en mayo, lo más bajo en casi una década, y aun así sus refinerías siguieron funcionando casi a pleno rendimiento porque venían de un año acumulando stock”. China se ha convertido de hecho, según apunta la AIE, el epicentro de la destrucción de demanda de petróleo durante el cierre de Ormuz, lo que ha evitado al mundo un precio del petróleo aún más caro. “Sin ese freno, el encarecimiento del crudo durante la crisis habría sido todavía mayor“, añade Molinero.

Y tras el shock, ¿de cuánto petróleo dispone China y con qué urgencia va a volver a comprarlo? Sorprendentemente, las reservas del país no se han quedado tiritando, lo que no presiona a las autoridades chinas a salir con urgencia al mercado a comprar. Se eliminaría así uno de los peores temores tras el alivio por la reapertura de Ormuz: que Pekín se apresure a volver a comprar el petróleo que dejó de adquirir y ello entorpezca el abaratamiento de la materia prima. “China no va a salir a comprar petróleo al mercado a tumba abierta, seguirá tirando de sus existencias y puede esperar a precios más bajos. Su regreso al mercado será gradual”, señala Gonzalo Escribano, investigador principal y director del Programa Energía y Clima del Real Instituto Elcano. Por lo pronto, los inventarios que ha ido consumiendo son los comerciales, no su reserva estratégica de último recurso y que oscila entre 1.200 y 1.400 millones de barriles, según cálculos del mercado y a falta de cifras oficiales de Pekín.

China ha resistido el shock pero no con suerte, sino con cierto oportunismo —adquiriendo crudo sancionado de Rusia e Irán con notable descuento— y como resultado de una paciente estrategia de largo plazo, en la que ha ido amansando inventarios —con más motivo desde la llegada de Trump al poder y la permanente tensión alrededor de Taiwán— y también modificando de forma estructural el mix energético del país para depender menos de las importaciones de petróleo.

La seguridad energética es una de las obsesiones de las autoridades de Pekín, que han apostado por una estrategia clara de diversificación: en sus importaciones de petróleo, ninguna fuente representa más del 20% del total, según Reuters. A lo que suma un mix energético con creciente capacidad de generación renovable, mientras sigue apostando por la nuclear y otros recursos tradicionales como el carbón. Los líderes chinos suelen repetir a menudo que el mundo atraviesa un período turbulento e incierto que requiere planificación ante imprevistos y garrotazos económicos, como la guerra comercial que lanzó Trump en 2025.

“El cierre de Ormuz es básicamente el escenario que los planificadores y responsables de formular políticas de China han tenido presente durante décadas, especialmente desde el primer mandato de Trump [2017-2021]”, expresa Lauri Myllyvirta, analista principal del Centro de Investigación sobre Energía y Aire Limpio (CREA), siempre con un ojo en las tendencias energéticas del gigante asiático.

En cuanto se bloqueó el paso, agrega, China, que llevaba años acumulando reservas, dejó de comprar con este fin, lo cual ya tuvo un “impacto significativo” en el mercado; los actores comerciales chinos, además, comenzaron a reducir sus existencias; se liberaron reservas estratégicas. A estos movimientos a corto plazo, se les sumaron otros de largo recorrido, cambios estructurales que llevan años en marcha: “China ya venía reduciendo considerablemente el crecimiento del consumo de petróleo gracias a la transición hacia los vehículos eléctricos, la alta velocidad ferroviaria y el transporte público urbano, sectores que han recibido inversiones masivas”.

“China actúa como el mayor comprador del mundo en términos de almacenamiento, no le importa que el precio al contado sea más caro que a futuro“, explica Francisco Blanch, responsable de materias primas de Bank of America.

China necesita comprar el petróleo que consume, pero a una factura relativamente asumible si se compara con su enorme superávit comercial. ”El pasado año se gastó unos 12.000 millones de dólares en petróleo, el 1% de su superávit comercial para proteger su talón de Aquiles”, añade Blanch. A favor de su estrategia energética también juega el hecho de que, según apunta el experto, “China trabaja como China Sociedad Anónima. Nosotros no podemos, esto es una economía de mercado en la cual cada participante toma sus decisiones. En China las decisiones están centralizadas”.

El almacenamiento de petróleo es una parte crucial de la estrategia energética china, como también el impulso del coche eléctrico y el uso del carbón, del que obtiene más de la mitad de sus necesidades energéticas. Según estimaciones del Centro de Investigación sobre Energía y Aire Limpio, la cantidad de petróleo que dejó de usarse por el avance de los vehículos eléctricos en 2025 fue aproximadamente equivalente a lo que China importó de Arabia Saudí. El país contaba ya el año pasado con casi 44 millones de vehículos de nuevas energías (categoría que incluye híbridos y otras fuentes alternativas), lo que reduce su dependencia de los combustibles fósiles.

Aunque resulte paradójico, China apuesta por el desarrollo de energías limpias y sucias a la vez, una estrategia ante posibles shocks como el de Ormuz. “Nuestro desarrollo pionero de la energía eólica y solar ha demostrado ser una apuesta de futuro”, aseguraba en abril el presidente chino, Xi Jinping, durante los primeros compases tras el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán. “Al mismo tiempo”, agregó el líder chino, “la energía a base de carbón sigue siendo la base de nuestro sistema energético y debe continuar desempeñando un papel de apoyo”.

Además, Pekín está reduciendo el uso del avión y favoreciendo el del ferrocarril, una tendencia que se ha intensificado en los últimos meses. “El número total de vuelos en China ha descendido de forma constante desde marzo y, a principios de junio, se había reducido en más de un 10% interanual. Esta caída se debió principalmente a la disminución de los vuelos nacionales, mientras que el crecimiento de los kilómetros-pasajero por ferrocarril fue espectacular”, confirma la AIE.

About The Author

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

BUGA.COM.CO

Tu sitio

Buga

An elegant and minimalistic theme, which is predominantly designed for a web news portal and magazine with an immense research on contemporary online newspapers. With the help of available customizer options and widgets, you can implement layouts as a trending news journals, modern fashion magazine, travel blogging & magazine, clean and minimal news sites, blogging site and even more. The theme is SEO friendly with optimized codes and awesome supports.

M7 Social

M7 Social Subtitle