Así son las nuevas oficinas para trabajadores quemados por la IA | Negocios
El uso intensivo de la inteligencia artificial (IA) y el estrés digital que genera en las plantillas está obligando a las empresas a reinventar sus oficinas. Una vez más. Pues muchas ya hicieron su reconversión tras la pandemia y la incorporación masiva del teletrabajo. Así lo asegura la firma de diseño de espacios de trabajo Steelcase, consciente de que el 75% de los trabajadores utiliza esta herramienta en su día a día y, como consecuencia de ello, su fatiga mental va en aumento. De hecho, un 45% de los usuarios de la IA sufre el síndrome del quemado o burnout como se conoce en inglés. “El impacto principal de la inteligencia artificial que estamos percibiendo en todas las encuestas es un exceso de estrés creciente”, sostiene Alejandro Pociña, presidente de Steelcase Iberia.
Gestionar la sobrecarga cognitiva de las plantillas se ha convertido en un nuevo desafío para las organizaciones. Para atenuarla, resulta necesario crear entornos de trabajo que equilibren concentración, interacción y recuperación mental, explica el ejecutivo. De ahí que la empresa haya desarrollado los denominados AI-Ready Spaces, oficinas que incorporan zonas libres de pantallas para reducir la estimulación constante y favorecer la recuperación mental.
Son una parte relevante en el diseño de la reciente configuración de las sedes de las empresas, cuyas principales novedades tienen que ver con la variedad de áreas de trabajo “que permitan alternar de forma natural concentración, colaboración y pausa” y su capacidad de adaptación a los distintos usos que requiere la interacción de los trabajadores. “La oficina tiene que integrar bien la tecnología y permitir que una persona pueda pasar con naturalidad del trabajo individual a una reunión híbrida, una conversación informal o una sesión creativa”, apoya Emma Casas, directora de Recursos Humanos de Legálitas (1.100 empleados).
Se ha cambiado la máxima de la productividad a toda costa por la del bienestar del personal, asegura Covadonga G. Quintana, fundadora de la empresa de arquitectura Plug&Go: “La sede se ha convertido en un lugar de encuentro para facilitar el sentido de pertenencia de los empleados”. Y el ruido, por ejemplo, actúa en contra de ese bienestar, es de los elementos que más estrés provoca, añade, por lo que se busca garantizar el silencio con áreas específicas para ello y con zonas de concentración. “Ahora mismo lo más valorado por las empresas son las terrazas que favorecen la desconexión de las pantallas. También los espacios flexibles que tan pronto pueden convertirse en salas de formación como en una zona de meditación. O las cantinas donde la gente se relaja”, prosigue.

La empresaria pone como ejemplo el hub europeo de la firma suiza Straumann en Madrid. En más de 10.000 metros cuadrados al final de la calle Alcalá, la empresa sanitaria cuenta con una azotea donde los equipos de diferentes nacionalidades realizan team buildings para conectar entre ellos de forma desenfadada y la mayoría de su sede está diseñada de manera flexible y elástica. La tecnología incorporada consigue que el 60% de los espacios sean inmersivos, de manera que sirvan, por ejemplo, para presentar sus productos a clientes sin necesidad de tenerlos delante físicamente, mediante el 3D. Algo que también se aprecia en Ricoh, pero en este caso para que los equipos presenciales y en remoto puedan interactuar como si estuviesen juntos gracias a cámaras y audios gestionados mediante inteligencia artificial, explica José Luis Gión, director de grandes cuentas de la compañía.
La intención de las empresas es que sus empleados se sientan a gusto en las oficinas. Quieren impulsar el compromiso de las plantillas, algo que ha quedado muy tocado tras la pandemia. También que se diferencie entre las labores que se realizan en remoto de las propias de los centros de trabajo. Y están invirtiendo más dinero que antes en conseguirlo. “Antes solo era Google quien gastaba en su sede social, ahora ya son todas las empresas. Se cuida más el diseño porque la sede se ha convertido en una herramienta de marketing y comunicación”, agrega Covadonga G. Quintana. Al igual que el presidente de Steelcase, asegura que el presupuesto para la reconversión de las oficinas ha aumentado. Según la responsable de Plug&Go, se mueve entre 650 y 850 euros por metro cuadrado, “porque se va cada vez a espacios más silenciosos: con soluciones acústicas en los forjados o revestimientos dobles que encarecen, y también a espacios y mobiliario versátiles como los paneles móviles o las sillas que suben y bajan para no estar siempre sentados”, explica. Para Pociña, el coste medio de las obras se mueve entre 800 y 2.000 euros por metro cuadrado.
Vuelta al centro
Y la carestía continúa. Porque las sedes de las empresas están volviendo al centro de las ciudades. Los jóvenes empleados reclaman desplazarse en transporte público, no quieren saber nada del coche. Y las organizaciones que pretenden atraerlos buscan localizaciones en el cogollo de las capitales, donde apenas quedan metros cuadrados disponibles y los precios se han disparado.
Es el caso de Aranzadi La Ley, que ha unificado en una sola sede a los trabajadores que tenía distribuidos en dos edificios en Madrid, en “una ubicación más céntrica que Las Rozas”, según su director de Recursos Humanos, Pablo Galán. “Queremos hacer atractiva la oficina para que la gente quiera venir y se refuerce la interacción de los equipos y para ello hemos creado espacios de conexión, de reuniones, cabinas de concentración, una cantina… Y para cuidar la salud mental contamos con mucha luz natural y plantas que alivian la carga que provocan las pantallas”.
En las oficinas se prima que la gente se relacione de manera más informal y que haya espacios privados tanto de relajación como de concentración, resume Alejandro Pociña, para quien la diversidad de áreas con que cuentan favorece la libertad de que cada cual los use como quiera y así se mitigue la sobrecarga de la IA y las pantallas. “Lo que está claro es que se huye de los caminos tradicionales y que la cantina se ha vuelto el elemento clave de relación entre las personas”, dice. Al final, “las empresas debemos acompañar la transformación tecnológica con nuevas formas de organizar el tiempo, las reuniones y los espacios, protegiendo también los momentos de concentración y desconexión”, concluye Emma Casas.
