Aprender no empieza con las letras

La escena es tan cotidiana que puede corresponder a casi cualquier escuela del planeta: un niño de dos años intenta ponerse el abrigo, tira de una manga, pierde el equilibrio y vuelve a empezar. Tarda bastante más de lo que tardaría cualquier adulto, que además probablemente tendría la tentación de intervenir, colocar la prenda en un instante y seguir con la rutina del día. Sin embargo, en ese tiempo que parece perdido está ocurriendo algo que no siempre vemos.
Seguir leyendo

