Ahorro para la jubilación: cuatro errores a evitar (además de comenzar tarde)
Llegar a la jubilación con bienestar económico es una preocupación común entre los españoles, máxime cuando el sistema de pensiones está mostrando debilidades que pueden hacernos pensar en que la pensión pública no será suficiente para mantener nuestro nivel de vida. Ante esa perspectiva, la única solución es ahorrar de manera privada, pero no siempre se hace de la manera correcta.
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Radiografía del ahorrador español
Conservadores. El 57% de los ahorradores españoles mantiene un perfil de inversión conservador, mientras que la cifra de inversores con un perfil dinámico alcanza el 11%, recoge los datos del IX Barómetro del Ahorro del Observatorio Inverco publicado a finales de 2025. Este estudio refleja también que el porcentaje de ahorradores que invierte con un horizonte superior a tres años se sitúa en el 51%, 16 puntos más que hace seis años, consolidando la tendencia hacia la planificación financiera y la inversión a largo plazo que comenzó en 2021, y los que lo hacen con un horizonte superior a cinco años se sitúa en el 33%, 11 puntos más que hace seis años.
Comparativa. El 49% de los españoles no ahorra para la jubilación, nueve puntos porcentuales por encima de la media europea, revela la IV Encuesta Paneuropea de Pensiones de Insurance Europe. Entre aquellos que no lo hacen, un 56% manifiesta su intención de hacerlo en algún momento, aunque solo un 8% planea materializar este deseo en un futuro cercano. Por otra parte, este informe concluye que el 25% de los encuestados españoles cuenta con un plan de pensiones individual, seis puntos por debajo de la media europea. La brecha más pronunciada respecto a los europeos la presentan aquellos que ahorran a través de un plan de empresa: solo el 15% de los participantes españoles, frente al 28% de los europeos.
Preocupación. La V edición del estudio Hábitos y percepción de los españoles respecto al sector bancario 2026, elaborado por el neobanco Nickel, desvela que para el 61% de los encuestados la dificultad para ahorrar o planificar el futuro es uno de los aspectos de su situación financiera que más influye en su bienestar emocional. A esta preocupación se suma la incertidumbre por el coste de la vida, señalado por el 64,6% de los españoles, así como la dificultad para afrontar gastos imprevistos, mencionada por el 50,9%.
Los costes de no preparar a tiempo ni bien la hucha para el retiro
Empezar a ahorrar a una edad u otra supone asumir un coste enorme. Íñigo Peña, presidente del Registro de Economistas Asesores Financieros del Consejo General de Economistas (EAF-CGE), lo explica poniendo como ejemplo una aportación de 5.000 euros al año, logrando una rentabilidad media del 5% anual hasta los 65 años.
Si se empieza cuando se tiene 25 años (es decir, el periodo de aportación se extiende durante 40 años), el capital final ronda los 639.000 euros. Si se inicia al cumplir los 35 (el periodo pasa a ser de 30 años), baja a 354.000 euros; a los 45 (20 años), a 179.000 euros y a los 55 (solo 10 años), a 71.000 euros. La diferencia es notable. “Lo más relevante no es solo que el capital final se reduzca al retrasar el inicio, sino cómo se reduce: cada salto de diez años no resta una cantidad fija, sino que exige multiplicar la aportación anual por un factor cada vez mayor para llegar al mismo objetivo”, subraya. En concreto, pasar de comenzar a los 25 años a hacerlo a los 35 ya obliga a multiplicar el ahorro anual por 1,8 si se quiere llegar al mismo capital; pasar de los 35 a los 45 obliga a multiplicarlo por 2, y pasar de los 45 a los 55, por más de 2,5.
El nivel de riesgo al que se expone el dinero a diferente plazo también tiene consecuencias relevantes. “El coste es mucho mayor de lo que sugiere la intuición, precisamente porque el efecto se acumula año tras año”, recalca el presidente de EAF-CGE. Y lo ilustra con otro ejemplo. El de alguien que aporta 300 euros al mes y que, en lugar de mantener una cartera con una rentabilidad media del 7% anual, opta por una cartera muy conservadora, en torno al 2% anual, es decir, con cinco puntos de diferencia de rentabilidad al año.
Con un horizonte de 30 años, el total aportado sería de 108.000 euros, sin embargo, “con la cartera más dinámica, el capital final rondaría los 351.000 euros, mientras que con la conservadora, serían unos 147.000 euros”. Hay una diferencia de 203.000 euros. Si fijamos el horizonte en 25 años, el total aportado sería de 90.000 euros: la cartera dinámica llegaría a unos 235.000 euros, frente a 116.000 euros de la conservadora, una diferencia de casi 119.000 euros. “Ser demasiado conservador durante toda la etapa de acumulación tiene un coste de oportunidad que, como se ha visto, se mide en decenas de miles de euros. La clave no es elegir entre un extremo u otro, sino ajustar el nivel de riesgo al horizonte temporal real: más peso en activos de crecimiento cuando quedan muchos años, y una transición progresiva hacia posiciones más conservadoras a medida que se acerca la jubilación”, insiste.
