El viejo mundo no acaba de morir

La última vez que Mourinho pisó el Camp Nou, Mariano Rajoy era presidente y España pagaba la cuenta de la burbuja inmobiliaria y la crisis financiera, que despertó una revuelta en todo el mundo tan colorida como inútil. La primera acampada en Sol, los nuevos partidos, la explosión de las redes sociales que iban a cambiarlo todo. Benedicto XVI anunciaba su renuncia y Obama iniciaba su segundo mandato. La vida era de los Milennials, esa generación a la que le tomaron el pelo con promesas de consumo y algoritmos. Pero, sobre todo, Lamine Yamal Nasraoui Ebana, el chico que encarna ahora la revuelta, tenía solo 5 años, 7 meses y 13 días.
