¿Debe pagar impuestos la IA? El debate sobre su tributación se abre paso en Estados Unidos | Economía

Mientras arrecia la polémica sobre la seguridad de la inteligencia artificial, otro debate se abre paso. Bill Gates, el fundador de Microsoft, ha asegurado que la inteligencia artificial debería pagar impuestos para compensar la destrucción de los puestos de trabajo que traerá consigo la implantación de esta tecnología.
“Supongamos que los trabajadores cotizan, mediante un sistema de reparto, al fondo de pensiones de la Seguridad Social. De este modo, los trabajadores en activo mantienen a los jubilados. Si has despedido a un trabajador y has contratado a un robot para hacer ese trabajo, ¿por qué incentivas tanto la sustitución de la mano de obra humana que no le pides al robot que también cotice al fondo de pensiones?“, dijo el gurú tecnológico la semana pasada en una entrevista en The New York Times.
“¿Es que el sindicato pro-robots ha conseguido que las leyes fiscales digan: ‘No, si no eres de carne y hueso, entonces deja que las pensiones quiebren’? Algo que, de todos modos, están a punto de hacer incluso sin la sustitución por robots”, agregó junto con otras advertencias sobre los riesgos del desarrollo descontrolado de los nuevos modelos de IA.
El debate al que Gates se refiere, la tributación de las actividades relacionadas con la IA, lleva tiempo sobre la mesa, pero se está avivando en Estados Unidos. En los últimos meses legisladores progresistas han presentado media docena de propuestas para reducir los beneficios fiscales a los laboratorios de IA o para crear directamente un impuesto que grave su actividad. Las propuestas tienen, de momento, poco recorrido, porque los demócratas no controlan ninguna de las dos cámaras del Capitolio, pero con las elecciones de medio mandato a la vuelta de la esquina, el equilibrio de fuerzas podría cambiar.
Las declaraciones de Gates se producen la misma semana en que Donald Trump, presidente de Estados Unidos, escenificó su cercanía con el sector. El martes pasado reunió en la Casa Blanca a los principales ejecutivos de empresas de IA para proponerles cambiar el nombre por el de “superinteligencia” y asegurar que no pondrá límites al desarrollo de las nuevas tecnologías. El mandatario republicano apostó por la autorregulación en un sector de competencia feroz.
Mientras tanto, se amontonan las iniciativas para hacer tributar a la IA. Van desde gravar a los centros de datos, su consumo de agua o electricidad, las horas de computación, los robots (automatización que sustituye al trabajo); sobre los tokens o uso de la IA (imágenes creadas o cantidad de palabras empleadas); sobre los beneficios extraordinarios de estas empresas o sobre su capital.
Hace unas semanas, tres congresistas demócratas, Greg Casar (Texas), Valerie Foushee (Carolina del Norte) y Sara Jacobs (California), presentaron una propuesta para hacer tributar a las empresas de inteligencia artificial y utilizar los recursos obtenidos para financiar un programa de empleo destinado a compensar el impacto de la IA en el mercado laboral. El plan llegó en medio de una creciente presión en Washington para elevar la fiscalidad sobre la actividad.
El senador demócrata Bernie Sanders, una de las figuras referenciales de la izquierda estadounidense, también ha planteado la creación de un impuesto único para las compañías de IA, que pagarían en acciones en lugar de efectivo, hasta que el Estado acumulara el 50% del capital de estas empresas en un fondo soberano de creación de la riqueza generada. El tributo se aplicaría a cualquier empresa con al menos 200 millones de dólares en ingresos brutos anuales provenientes de actividades relacionadas con la IA.
Sanders explicó que de esta forma el Gobierno podría controlar las decisiones de los laboratorios tecnológicos. “El pueblo estadounidense tendría la capacidad de impedir desarrollos de IA que afecten negativamente a sus vidas”, precisó. “Las decisiones que tomen deberán rendir cuentas al público, algo de lo que carecemos ahora mismo”, apostilló.
La senadora demócrata por Massachusetts Elizabeth Warren, otra de las voces más prominentes entre los progresistas, reclama reformar la legislación tributaria para gravar a las empresas de inteligencia artificial bajo el argumento de que deberían “beneficiar a todos los estadounidenses”.
Warren plantea un tributo directo sobre las empresas de IA, incluidos los centros de datos, y plantea hacer tributar a las empresas por las externalidades negativas, como el consumo de agua y energía. “Un impuesto bien diseñado se centraría en las empresas que pueden permitírselo y escalar al ritmo del impacto de la IA: cuanto más grande sea el centro de datos, más pagarán”, apuntó.
Warren envió la semana pasada varias cartas a los directivos de Meta, Amazon, Alphabet y Microsoft, propietarios de algunos de los laboratorios más potentes de IA, exigiendo transparencia sobre los incentivos fiscales concedidos por el Gobierno de Donald Trump para el desarrollo de la nueva tecnología y la construcción de centros de datos.
“Los estadounidenses de todo el país están preocupados por el impacto de la inteligencia artificial en sus vidas, desde el aumento de las facturas de servicios públicos hasta las amenazas de pérdida de empleos y ciberataques”, escribió Warren, quien firmaba junto a otra media docena de cargos demócratas. “En lugar de regular la IA para proteger a las familias estadounidenses o abordar la crisis de asequibilidad del país, la Administración de Trump y sus aliados republicanos en el Congreso han priorizado la concesión de enormes exenciones fiscales a las grandes corporaciones”.
El senador demócrata por Arizona, Mark Kelly, también ha publicado recientemente otra propuesta legislativa para paliar el golpe de la IA sobre el mercado laboral. Su planteamiento consta de tres nuevos impuestos: uno sobre los ingresos por publicidad digital, otro sobre el uso de IA en datos generados y otro sobre las ganancias extraordinarias de las empresas de IA. La recaudación obtenida se destinaría a un fondo para paliar el golpe de la tecnología sobre el mercado laboral.
También desde el ámbito educativo
Y junto con las iniciativas políticas, también abundan las propuestas desde la academia. “Tanto si el objetivo es proteger a los trabajadores como mejorar las perspectivas fiscales, reforzar la tributación de las rentas del capital, donde es probable que se acumulen gran parte de las ganancias de la IA, probablemente sería más eficaz que un nuevo impuesto que se centre específicamente en la IA”, explican Tracy Gordon y Elena Spatoulas en un reciente artículo publicado en el Tax Policy Center, un think tank bipartidista.
Anton Korinek, investigador del centro de pensamiento Brookings Institute, publicó este mismo año un estudio en el que analiza las opciones para hacer tributar a los nuevos modelos creadores de los chatbots. “Las propuestas más comunes van desde gravar los robots y la capacidad de procesamiento informático hasta aplicar tasas a los tokens y servicios digitales generados por IA”, escribió. “Sin embargo, sin un marco coherente para evaluar estas opciones, corremos el riesgo de implementar políticas que podrían obstaculizar la innovación y socavar la competitividad, sin abordar los desafíos fiscales fundamentales que se avecinan”, advirtió.
Korinek explica que dos terceras partes de la recaudación de impuestos procede de las rentas del trabajo, y se espera que la IA erosione esta fuente de ingresos porque reducirá la mano de obra en muchas ocupaciones. Propone desplazar la carga tributaria hacia el consumo con impuestos sobre los servicios digitales que la IA presta a los consumidores, tributos simbólicos sobre el contenido generado por IA, o sobre servicios robóticos, como la entrega robótica o la atención al cliente.
“La IA domina cada vez más los debates políticos en Washington y tiene el potencial de ser el cambio tecnológico y económico más disruptivo en décadas”, explican Aaron Till y Shai Akabas, investigadores del Centro de Políticas Bipartidistas, un centro de análisis situado en Washington, que analizan algunas propuestas.
Creen que no hay una única opción para hacer tributar al sector. “Las opciones podrían incluir impuestos específicos para empresas, impuestos sobre el uso o la adopción de la IA, impuestos sobre los insumos de IA o reformas más amplias del código tributario estadounidense que no hagan referencia alguna a la IA”, explican. Recuerdan que los gobiernos estatales y locales ya están aprobando medidas, desde el impuesto de Chicago sobre los servicios de computación en la nube hasta el gravamen de Virginia sobre el consumo de electricidad de los centros de datos, pasando por los subsidios que docenas de estados otorgan para atraer centros de datos.
Pero Till y Akabas reclaman una reflexión sosegada a las autoridades antes de actuar, porque aún se desconocen muchos de los efectos que tendrá la IA sobre el mercado laboral, y sobre la equidad o la eficiencia. Por eso, piden definir bien los conceptos tributarios, como la definición de empresa de IA, o qué es un producto de la IA. “Los futuros legisladores y administraciones deberían sopesar cuidadosamente las ventajas y desventajas y comenzar a sentar las bases para estas decisiones”, advierten.
