El colapso de una trama financiera sacude Turquía y revela las costuras de su mercado: “Es un casino” | Economía

La crisis es ya uno de los mayores escándalos financieros de la historia reciente de Turquía: 131 fondos de inversión de siete sociedades intervenidos, 455.758 inversores afectados y 850.000 millones de liras (unos 15.000 millones de euros) que nadie sabe si van a poder recuperarse. Y una pregunta: ¿Por qué las autoridades no intervinieron en una trama que, con rendimientos del 1.500% anual, olía a chamusquina?

A primera hora de este miércoles, un juez envió a prisión de forma preventiva a los directores ejecutivos de los grupos empresariales Pusula y Tera (Serdar Turhan y Emre Tezmen, respectivamente) y a otros tres consejeros de Tera. Con ello, se eleva a nueve el número de directivos entre rejas en espera de juicio desde que, la semana pasada, se desatara la crisis con la suspensión de pagos de Pusula ante la salida masiva de inversores, su fallida adquisición por parte de Tera y la extensión del pánico a los mercados.

El ministro de Justicia, Akin Gürlek, que acusó a los detenidos de actuar con “métodos similares al esquema Ponzi”, informó de que se han iniciado procedimientos legales contra 60 sospechosos y de que se han congelado los activos de los dirigentes de Pusula y Tera, así como de otras cinco sociedades (Bulls, Hedef, Atlas, A1 y Pardus), ya que, cuando empezaban a aparecer las grietas, algunos de estos gestores pusieron a buen recaudo su propio dinero: el 4 de septiembre, Turhan envió 14,5 millones de dólares a una cuenta en Suiza y el director ejecutivo de la gestora de inversión de Pusula, Muhammed Yariz, hizo una transferencia de 25 millones de euros.

“Hemos puesto en cuarentena la zona problemática. No hay riesgo sistémico”, ha tratado de calmar a los ciudadanos el ministro de Finanzas, Mehmet Simsek. El Gobierno ha encargado la liquidación de los 131 fondos a dos grandes bancos (el público Ziraat y el semiprivado Is Bankasi), dándoles de plazo seis meses para tratar de recuperar el mayor dinero posible para compensar a los afectados. “Las turbulencias en el mercado turco no han sido muy severas porque el Gobierno ha intervenido movilizando a varias instituciones. Tampoco ha habido grandes movimientos en la cotización de la lira”, explica a este diario el economista Mustafa Sönmez. Sin embargo, la credibilidad del mercado de inversión de riesgo y, sobre todo, de las instituciones reguladoras, sí ha quedado en entredicho. “Por desgracia, lo que esta crisis subraya es que el mercado de valores en Turquía es actualmente un casino, y eso hace daño a la credibilidad de Turquía”, lamenta el analista financiero Timothy Ash, en declaraciones a El País.

Si bien el detonante de esta crisis ha sido Pusula, todos los ojos están puestos en Tera, la gestora de carteras de inversión convertida en un conglomerado empresarial, cuyas acciones se revalorizaron un 50.000% desde su salida a bolsa hace cuatro años y que ofrecía rentabilidades de hasta un 1.500% en sus fondos de inversión. En primavera, su capitalización bursátil rondaba los 4.000 millones de euros, a la par que las grandes acerías turcas, las principales empresas de telecomunicaciones del país o conglomerados con un siglo de historia como Sabanci. Y su CEO y fundador, Emre Tezmen, se convertía en uno de los hombres más ricos de Turquía. Su objetivo era, según dijo en una entrevista con Bloomberg, “convertirse en el Goldman Sachs de Turquía”, el banco de inversión estadounidense fundado en 1869 y uno de los mayores del mundo. En su lugar, va camino de convertirse en un discípulo de Bernie Madoff (el autor de la mayor estafa financiera en la historia de EEUU).

Vorágine especuladora

El modus operandi –compartido con otros fondos de inversión turcos– era el siguiente: el principal producto ofrecido por la gestora de Tera, el fondo TLY, concentraba sus compras en las acciones de empresas con poca negociación bursátil, varias de ellas de su propio grupo empresarial, haciendo que su cotización subiese con fuerza. Con esta carta de presentación, el fondo era ofrecido a pequeños inversores –previa promoción en redes sociales y canales de televisión, gracias a los contactos de sus directivos– que se lanzaban a por los jugosos rendimientos ofrecidos. Tera también recurría a cuantiosos préstamos para seguir inflando el precio de las acciones y, así, atraer a más inversores. La empresa Destek Finans Faktoring multiplicó su valor de mercado por ocho en la primera mitad del año, pasando a formar parte del principal índice de la Bolsa de Estambul, BIST-30. “Todo está en línea con las regulaciones. No hemos hecho nada que no se haga en los mercados globales”, se defendió Tezmen en la entrevista con Bloomberg.

El castillo de naipes se desintegró con la misma facilidad que se había levantado: a raíz de un informe de la policía financiera, la Comisión del Mercado de Capitales (similar a la CNMV española) endureció a finales de agosto la normativa de exposición de los fondos a acciones de empresas vinculadas a fin de limitar la concentración de las inversiones. El círculo de retroalimentación se invirtió: los inversores comenzaron a deshacer sus posiciones y los fondos se vieron incapaces de hacer frente a los pagos de unos valores con poca liquidez y básicamente conformados por humo: solo los compraban los fondos del propio entramado.

El contexto es importante: desde finales de 2021, Turquía se halla inmersa en una crisis inflacionaria profunda y enquistada –parte debido a la situación global, parte a las “heterodoxas” políticas monetarias del Gobierno de Recep Tayyip Erdogan–. El TÜFE, el IPC oficial turco, ha llegado a superar el 100% y, pese al programa antiinflacionario del actual Ministerio de Finanzas, no termina de bajar del 30%. Cálculos independientes sitúan la tasa actual en torno al 50 % anual. Los intereses de los depósitos bancarios –también las actualizaciones de salarios y pensiones– se calculan teniendo en cuenta el índice oficial, no la inflación real, así que quien tiene dinero, como explica un analista que prefiere no ser citado por su nombre, “invierte para tratar de compensar la pérdida de poder adquisitivo y seguir el ritmo a la subida de los alquileres, la comida…”.

En un contexto en el que las diferencias sociales se están agrandando a pasos agigantados, se ha extendido una fiebre especuladora en busca de pelotazos que protejan los ahorros de uno o, con un poco de suerte, lo conviertan en millonario. En marquesinas de las paradas de autobús, en las camisetas de los equipos de fútbol, en los anuncios pop-up de las redes sociales se anuncian cada día nuevas plataformas de inversión en fondos de riesgo o en criptomonedas, sin que parezca haber mucha regulación sobre ello.

Jet privado a La Meca

“Ha sido un fallo regulatorio”, criticó el exvicepresidente de la policía financiera turca, Ramazan Basak. En un post de la red social X, aseguró haber sido detenido en dos ocasiones durante el último año a instancias de Tera tras presentar varias denuncias a las autoridades regulatorias sobre el posible comportamiento ilegal. Desde luego, los principales interrogantes son por qué la Comisión del Mercado de Capitales tardó tanto ante una empresa que estaba bajo su ámbito de supervisión y cuando hacía tiempo que se habían encendido las alarmas. En junio, la referencia mundial en índices bursátiles, MSCI había amenazado con excluir a Turquía de su índice de mercados emergentes si las autoridades no actuaban contra las actividades “inusuales” en el mercado.

“Esto debe ser una llamada de atención. La crisis ha expuesto el entorno regulatorio muy débil que existe en Turquía y las lagunas que permiten que estas empresas operen. Si Turquía quiere levantar su Istanbul Financial Center debe hacer una limpieza a fondo, porque no se puede tener un centro financiero internacional cuando fallan las regulaciones básicas del mercado de valores”, sostiene Ash.

Para la oposición parlamentaria hay más. No se trata solo de fallos regulatorios, sino de conflictos de intereses. “¿Quiénes son los políticos y burócratas involucrados?”, ha inquirido el diputado izquierdista Ahmet Sik en una pregunta parlamentaria al Ministerio de Finanzas. Desde luego, un vistazo al currículum de los consejeros de los fondos afectados es revelador: entre los directivos de Tera hay exconsejeros del Banco Central, exmiembros de la junta del Fondo Soberano de Riqueza de Turquía (que preside Erdogan) y antiguos asesores del presidente. El propio Tezmen presumía de tener línea directa con Simsek y de poder conseguir reuniones con el ministro debido a su gran amistad. Una consejera de Bulls es la esposa del viceministro de Turismo (recién cesado debido a la crisis), y el consejero delegado de gestora de inversión de Pusula, Muhammed Yariz, de 28 años, había ejercido como dirigente local de las juventudes del partido de Erdogan y, últimamente, se ha promocionado llevando a La Meca en su jet privado a líderes religiosos islámicos cercanos al Gobierno.

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