La tormenta emocional de Jon Rahm tras la bancarrota de LIV | Deportes
Detrás de ese +11 hay mucho más que un mal resultado. Jon Rahm firmó este pasado viernes su peor torneo desde que hace más de 10 años saltó a profesional. Dos rondas de 78 y 77 golpes le dejaron fuera del corte en el BMW PGA Championship, la cita más prestigiosa del circuito europeo, en el campo inglés de Wentworth, y en el último lugar de la clasificación, puesto 138, entre los golfistas que completaron las dos primeras rondas. Ninguna parte del juego estuvo en su sitio en un jugador español irreconocible y frustrado. Rahm no fue Rahm. Pero debajo de esa superficie late algo más profundo que un swing desajustado o unos putts que no entran. El golf es un deporte tan descarnadamente psicológico que la parte mental pesa tanto o más que la técnica. Y el jugador vasco tiene en estos momentos la cabeza lejos del green por su presente familiar y su futuro profesional.
Rahm será padre por cuarta vez, su segunda niña, en las próximas semanas, una feliz circunstancia para el golfista español de 31 años que vive pendiente del estado de su mujer, Kelley, y de sus tres hijos. La familia reside en Estados Unidos y Rahm ha competido en las últimas fechas en Europa, a miles de kilómetros y a la espera de un nacimiento que condiciona su calendario deportivo. El campeón de dos grandes (US Open 2021 y Masters 2023) tiene apuntados en la agenda el Alfred Dunhill Championship, del 1 al 4 de octubre, y el Open de España la semana siguiente, del 8 al 11, antes de jugar en noviembre las dos últimas paradas del DP World Tour, en Abu Dabi y Dubai. Todo dependerá, especialmente su concurso en el campeonato nacional en Madrid, de la fecha final del parto. Rahm no viajará a España hasta que su esposa dé a luz y tanto la madre como la niña estén bien.
Esa incertidumbre personal se mezcla con la gran nube que flota sobre su porvenir profesional. ¿Dónde jugará Jon Rahm la próxima temporada? La liga saudí, LIV, el millonario circuito por el que fichó en diciembre de 2023 a cambio de abandonar el PGA Tour, se ha declarado en bancarrota, incapaz de sobrevivir y de afrontar los pagos pendientes y próximos sin la financiación del Fondo Soberano de Arabia, PIF, que ha cerrado el grifo tras invertir más de 5.000 millones de dólares y harto de la falta de rentabilidad económica y repercusión deportiva de la competición. LIV ha solicitado a un tribunal estadounidense la posibilidad de romper los contratos que ya tiene firmados y ha presentado una lista de acreedores que encabeza precisamente Jon Rahm. El jugador español tiene pendientes de cobrar 7,4 millones de dólares por los servicios ya prestados, según lo firmado en el acuerdo de hace tres años, además de la parte del contrato que todavía debería percibir por los dos próximos cursos. Según New York Post, esta cantidad asciende a unos 150 millones.
🚨🗣️⛳️ #NEW — Speaking from the BMW PGA Championship, LIV Golf star Jon Rahm was pressed about his future at the league: “There’s a long legal process they have to go through before a lot of things fall into place.”
(🎥: @TheTodaysGolfer) pic.twitter.com/Jp9eBz3KaG
— NUCLR GOLF (@NUCLRGOLF) September 15, 2026
La liga saudí pretende transformarse en un LIV 2.0 afeitado y de bajo perfil: menos premios, menos torneos y que los jugadores se conviertan en una especie de propietarios de los equipos y de la competición. Esa parte del negocio es la que Rahm no ve con buenos ojos por el hecho de invertir en un circuito que ha sido deficitario desde su nacimiento pese a contar con el gran mecenazgo del PIF. Tampoco el descenso de nivel competitivo seduce al español, envuelto ahora en un partido en los despachos para desenredar su vínculo con LIV. “Hay un largo proceso legal antes de que muchas cosas puedan concretarse”, explicó Rahm hace unos días, anticipando la complejidad de su situación contractual y rechazando esa conversión en accionista que la liga saudí ofrece a sus estrellas para sobrevivir: “Si algo he aprendido en los últimos cinco o seis años es que no sé si estoy hecho para estar involucrado en la política de este deporte. No creo que esté preparado para ese tipo de trabajo. Por suerte soy bueno golpeando una bola de golf y eso es a lo que debo dedicarme”.
El laberinto no tiene fácil salida. Primero, Rahm debería romper su matrimonio con LIV. Luego, regresar con una antigua pareja. La puerta del circuito europea está abierta después del acuerdo del español con el DP World Tour para mantener la membresía y ser elegible para la Ryder (la próxima edición es en Irlanda en 2027) a cambio de pagar las multas pendientes y comprometerse a jugar cinco torneos por curso. Pero competir la mayor parte de la temporada en citas del tour europeo supone un enredo para alguien asentado con su numerosa familia en Estados Unidos.

El camino más cómodo personalmente y que devolvería a Jon Rahm a la élite mundial es el regreso al PGA Tour. Pero esa puerta está cerrada al menos durante un año mientras no cambien las normas. Ese es el tiempo de sanción que el vasco debería cumplir desde su última participación en LIV, el pasado 23 de agosto. La única vía de saltarse ese periodo de penalización sería un acuerdo con el circuito americano como el que firmó Brooks Koepka para dejar la liga saudí y volver al origen. El golfista estadounidense cargó con una sanción económica y con unos derechos de juego restringidos, y esa misma oferta la tuvo sobre la mesa Jon Rahm. La rechazó. Y ahora, con LIV en bancarrota, está pendiente de varias llamadas. De sus abogados por su contrato, del PGA Tour por una reconciliación que beneficiaría a las dos partes, y de su mujer por el nacimiento de su cuarto hijo. Demasiadas cosas dando vueltas en la cabeza como para poder centrarse en golpear una pequeña bola de golf, por muy bueno que sea.
