Los gigantes de las criptomonedas inundan de dinero al Partido Republicano pese al fracaso de la ley cripto | Economía

En julio de 2024, durante una conferencia cripto celebrada en Nashville, Donald Trump juró que si regresaba a la Casa Blanca iba a convertir a EE UU en la capital cripto del planeta. Dos años después, el mayor mercado de activos digitales sigue sin tener una norma que regule la industria, mientras Europa cuenta con la suya desde diciembre de 2024. El martes, el Senado bloqueó por enésima vez el avance de la Clarity Act, ante las escasas garantías para evitar que cargos públicos, incluido el propio presidente, puedan beneficiarse de sus negocios cripto. Pese al revés legislativo de una norma que recoge muchas de las propuestas del sector, la industria no pierde la fe: firmas del sector y empresarios siguen inundando de dinero a los republicanos y a candidatos procripto, en vista de los comicios de noviembre.
La ley, atascada en el Capitolio, aspira a aclarar ese negocio y repartir su control entre dos agencias federales: la Comisión de Bolsa y Valores (SEC) y la Comisión de Negociación de Futuros de Productos Básicos (CFTC). La norma también promete brindar seguridad a los inversores y concretar las obligaciones de las compañías.
Tras superar el trámite en la Cámara de Representantes el verano pasado, solo faltaba el Senado para que se aprobara la Clarity Act. Justo cuando el camino de la normativa parecía allanado, la publicación de la declaración financiera de Trump, que reveló ingresos de 1.400 millones de dólares procedentes de sus negocios cripto durante el primer año de su segundo mandato, encendió las alarmas de la oposición. Los demócratas consideran insuficientes las cláusulas éticas incluidas en el proyecto, pues podrían no afectar a Trump, que puso en marcha sus negocios antes de su reelección. Tras meses de negociaciones, este martes la votación se saldó con un fracaso para los republicanos, con 49 votos favorables al avance de la normativa y 50 en contra. Ningún demócrata apoyó el avance de la ley y a ellos se sumaron cuatro republicanos, frustrando el objetivo de alcanzar los 60 votos necesarios para superar el trámite parlamentario.
Este nuevo fracaso supone un revés para una industria que recibió a Trump como a un mesías tras años de aspiraciones frustradas por una administración y unos reguladores escépticos. El presidente ha acabado convirtiéndose en uno de los mayores obstáculos para regular el sector, pero la industria ha doblado su apuesta. En la actual campaña, el sector ha destinado 206 millones de dólares a apoyar candidatos de ambos partidos, tanto mediante la financiación directa de candidatos como a través de comités de acción política (PAC, por sus siglas en inglés) específicos como Fairshake, Stand with Crypto Alliance 501 o Digital Freedom Fund. Ningún otro sector económico, incluida la industria de la inteligencia artificial, gasta tanto dinero en donativos electorales, según un análisis de Public Citizen basado en datos de OpenSecrets y la Comisión Federal de Elecciones.
La principal Super PAC cripto es Fairshake, fundada en 2023 con financiación de Coinbase y Ripple. En 2024 gastó 133 millones, según OpenSecrets. En este ciclo electoral, que llevará a los votantes a las urnas el 3 de noviembre, ha estado regando de millones contiendas por todo el país. En Alabama, dedicó 9,8 millones para apoyar al candidato republicano Barry Moore, según datos de AdImpact, web que ejerce de centinela de cuánto y cómo se gasta el “dinero oscuro” en anuncios electorales. En Iowa, el beneficiado fue Zach Nut, también republicano y también favorable a las divisas digitales, al que le pagaron la difusión de un mensaje creado con inteligencia artificial en defensa de los valores de la familia.
Pero no fueron los únicos. Un reciente artículo del diario Financial Times reveló que un puñado de multimillonarios estadounidenses se han movilizado para financiar el impulso electoral de los republicanos. Más allá de Coinbase y Ripple, también figuran empresas como Crypto.com, la firma de capital riesgo Andreessen Horowitz (a16z) y los gemelos Winklevoss, fundadores del exchange cripto Gemini.
De Elon Musk, también feroz defensor de las divisas digitales y que en las presidenciales de hace dos años batió récords al aportar unos 290 millones a la campaña de Trump, se espera que esta vez gaste unos 100 millones. La empresa pantalla del hombre más rico del mundo se llama America PAC, e inyectó fondos en contiendas clave para el Senado en agosto, incluyendo las de Ohio, Míchigan, Iowa, Maine, New Hampshire, Texas y Alaska, así como a pugnas decisivas para el control de la Cámara de Representantes, según un informe presentado el 2 de septiembre ante la Comisión Federal de Elecciones.
De fondo está la polémica sentencia del Tribunal Supremo Citizens United, que en 2013 permitió a las empresas pagar a políticos para que después estos representen convenientemente sus intereses en el Capitolio de Washington. Las industrias emergentes, como los activos digitales y la inteligencia artificial, están en los últimos años ocupando un espacio tradicionalmente dominado por Wall Street.
Los ‘criptobros’ exhiben su influencia
El camino de la Clarity Act ya había puesto de manifiesto el creciente peso político de la industria de las criptomonedas. A comienzos de año, estalló una guerra entre la gran banca y la industria cripto: el punto de fricción era la posibilidad de que las stablecoins (criptomonedas con un valor equivalente al dólar) ofrecieran rendimientos a sus usuarios. Mientras la banca veía competencia desleal a su negocio tradicional de depósitos bancarios y riesgos de fuga de capitales, para parte de la industria cripto era una cuestión de vida o muerte. En una inusual demostración de fuerza, Coinbase abandonó las negociaciones y el partido republicano respondió replanteando la propuesta.
Ahora es el propio Trump quien complica de nuevo el avance de la normativa, cuyo futuro vuelve a estar en duda y la posibilidad de lograr su aprobación antes de las elecciones de noviembre, en las que los republicanos pueden perder control en el Senado, parece cada vez más lejana. “La Clarity Act habría blindado a la industria frente a los vaivenes políticos y los cambios de administración”, señalan los analistas de Bernstein.
Así, la industria está ya buscando atajos: “No podemos seguir esperando al Congreso. La SEC y la CFTC tienen las herramientas necesarias para establecer normas claras dentro de las competencias que ya poseen, y espero que empiecen a trabajar en ello”, dijo Brian Armstrong, primer ejecutivo de Coinbase en X. Desde la vuelta de Trump a la Casa Blanca, ambas agencias han desestimado o archivado decenas de demandas contra las empresas cripto por violar las leyes del mercado.
