US Open 2026: Para qué andarse con tonterías, la mejor final posible: Sabalenka y Rybakina, por todo lo alto | Tenis | Deportes
Suele decirse que menos es más, pero en esta ocasión el más es más equivale a mucho. Lo mejor. Sin duda. Entonces, ¿por qué conformarse con algo bueno si este sábado (22.00, Movistar+) se puede disfrutar del duelo de los duelos en el cierre femenino? A pesar de todos los pesares, una y otra cumplieron y se citan otra vez. Aryna Sabalenka (7-5 y 6-2 a Jessica Pegula) y Elena Rybakina (3-6, 6-4 y 6-4 a Coco Gauff) resolvieron sus respectivos pulsos de semifinales y volverán a encontrarse por tercera ocasión en una gran final, la segunda esta temporada. De extremo a extremo. A comienzos de año prevaleció la segunda en Melbourne y ahora reta de nuevo a la número uno, que el lunes perderá el trono y de ahí la necesidad de un desquite: Aryna, en toda su expresión.
Después de varios meses renqueante y, en Nueva York, de varios partidos comprometidos, la de Minsk (28 años) sacó a relucir este viernes su versión más arrolladora y desembarcó por cuarta vez sucesiva en el epílogo de Flushing Meadows, donde su presencia plantea una excepcionalidad que no se da desde hace más de una década; en concreto son 12 años, los que han transcurrido desde que Serena Williams, reina todopoderosa de la época, encadenó su tercera victoria consecutiva (2012-2014) en un certamen que, a partir de ahí, se convirtió en un auténtico carrusel. Sin dueña. O así lo expresa el palmarés. Hasta la irrupción triunfal de hace dos años por parte de Sabalenka, se registraron ocho campeonas diferentes. En 2024, sin embargo, llegó ella con el mazo.
Una vez dejada la primera huella, una victoria tras otra —enlaza ya 20— y ahora un cruce de campanillas con la jugadora que la destronará el lunes, Rybakina. La kazaja, de 27 años, pudo con ella el 31 de enero, aunque tres cursos antes salió victoriosa del primer encuentro en la remota pista de Australia. Entre medias, también, un episodio en la final maestra de hace diez meses.

Se han enfrentado 17 veces, con un 10-7 favorable a Sabalenka, pero una desventaja de 2-4 en los episodios definitivos. Este US Open brinda ahora la mejor final posible, entre la una y la dos, o la dos y la una, según se vea. Pero antes de entregar el bastón de mando, la bielorrusa ofreció una exhibición rotunda y a la vez necesaria. “Sí, estaba así desesperada por lograr un triunfo así”, admitía después de resolver (en 1h 20m) el careo con la regular Pegula, tercera del mundo y también aspirante al número uno; sin embargo, el acceso de Rybakina a las semifinales hizo trizas toda cuenta. Efecto fulminante. Nada de nada. A partir del lunes estará en la cima la kazaja, a la que sin hacer demasiado ruido se le está poniendo rostro de gran tenista.
Se ilusionó la grada con el primer set de Gauff, pero su fría ley puso las cosas en su sitio (2h 09m) y ya nadie se acuerda de que llegó a Nueva York entre interrogantes, dolorida de un talón. A estas alturas ya no duele nada. En su línea, demostró una vez más ser fuerte con las fuertes. Y la norteamericana, cuarta del listado, trató de levantar el muro que la ha sostenido durante estos días, pero el golpe demoledor de Rybakina —22 ganadores, frente a los 29 descerrajados por Sabalenka en el turno previo— volvió a ser demasiado y a buen seguro que el público lo disfrutará el sábado; ahora bien, lamenta la pérdida de la doble baza local. No estarán Pegula ni Coco, pero, a cambio, la mejor rivalidad del momento. Sabalenka-Rybakina, o Rybakina-Sabalenka. No está mal.
