Agosto: el riesgo oculto de liquidez en divisas que las empresas suelen pasar por alto | Opinión

En Europa y España especialmente, agosto es casi sagrado. Las empresas operan a medio gas, la toma de decisiones se ralentiza y hasta los ministerios y los bancos centrales funcionan con equipos reducidos. Sin embargo, esta calma estacional puede resultar engañosa. La historia nos recuerda que agosto ha sido repetidamente un período de alto riesgo tanto para las empresas como para los mercados financieros.
La crisis financiera global empezó a intensificarse en agosto de 2007. En agosto de 2015, China se vio obligada a devaluar el renminbi tres veces en cuestión de días, tensionando los mercados globales. En agosto de 2018, la lira turca se desplomó casi un 20% frente al dólar en apenas una semana. Más recientemente, la inesperada subida de tipos del Banco de Japón sacudió los mercados de divisas antes de propagarse a la deuda soberana y a las acciones tecnológicas. Casualidad o no, muchas de las perturbaciones financieras más significativas de agosto han tenido un fuerte componente cambiario.
A pocos días de terminar el mes, el riesgo geopolítico en torno al estrecho de Ormuz permanece en el trasfondo. El creciente endeudamiento de los grandes operadores tecnológicos alimenta dudas sobre el boom de inversión en IA, los rendimientos soberanos siguen subiendo y el capital privado sigue enfrentándose a importantes vientos en contra. Bastaría un catalizador para desestabilizar los mercados. Y cuando eso ocurre, las consecuencias se propagan rápidamente a las operaciones de tesorería corporativa, especialmente para las empresas que realizan pagos internacionales en verano.
La ilusión de la liquidez
Los mercados de divisas se perciben habitualmente como inmunes al riesgo de liquidez. Al fin y al cabo, es el mercado financiero más grande del mundo, con un volumen medio diario de 7,5 billones de dólares. Pero como cualquier mercado financiero, el forex está sujeto a fluctuaciones estacionales que pueden reducir significativamente la liquidez.
Según CLS, que liquida más de la mitad de todas las instrucciones de pago en divisas a nivel mundial, el volumen medio diario cayó a 2,37 billones de dólares el pasado agosto, mientras que el volumen al contado disminuyó aproximadamente un 6% respecto a julio. La liquidez no recuperó niveles normales hasta septiembre. Este patrón se repite casi cada año.
Una liquidez reducida puede desencadenar repuntes bruscos de volatilidad. El mercado pierde profundidad. Los operadores se vuelven más selectivos respecto al riesgo que están dispuestos a asumir y cotizan volúmenes menores a los mejores precios. Como resultado, transacciones relativamente modestas pueden mover los tipos de cambio mucho más de lo habitual.
Otro factor no debe pasarse por alto: los hedge funds. Su influencia en la formación de precios sigue creciendo, especialmente cuando la liquidez estructural es débil. Los activos bajo gestión aumentaron 400.000 millones de dólares en el primer semestre del año, alcanzando un récord de 5,6 billones. Los principales beneficiarios han sido los fondos macro globales, especialmente activos en renta variable, materias primas y divisas.
¿Qué significa esto para las empresas?
Para los equipos de finanzas, una menor liquidez se traduce en diferenciales más amplios, mayor coste oculto de ejecución y menor volumen disponible en el mercado.
Consideremos el ejemplo de un fabricante europeo que necesita comprar 50 millones de dólares para pagar a un proveedor americano. En condiciones normales, el EUR/USD se negocia con un diferencial de alrededor de un pip y hay suficiente liquidez para ejecutar la operación casi de forma instantánea.
En una tranquila tarde de agosto, los proveedores de liquidez se vuelven más cautelosos y amplían sus cotizaciones a alrededor de dos pips. Parte de la orden se ejecuta de inmediato, el resto a precios menos favorables, generando un coste oculto adicional de tres pips. El coste total de ejecución asciende a aproximadamente cinco pips — unos 25.000 dólares adicionales para ese pago. Para una empresa que ejecuta varias transacciones de este tamaño cada mes, el coste acumulado anual puede alcanzar fácilmente cientos de miles de dólares, sin que el tipo de cambio haya variado prácticamente nada.
Nada de esto requiere una crisis geopolítica ni un gran shock financiero. Son simplemente los costes del funcionamiento estacional normal del mercado de divisas en agosto.
¿Cómo pueden responder los directores financieros?
No existe una solución milagrosa. Gestionar el riesgo de divisa requiere entender cómo funciona el mercado, más allá de las reuniones de los bancos centrales y las previsiones de tipos de cambio. Los grandes pagos internacionales pueden beneficiarse de ser planificados con antelación, divididos en varias ejecuciones más pequeñas o cubiertos antes de que la liquidez empiece a deteriorarse — algo que también ocurre en diciembre.
Los equipos de finanzas deben trabajar estrechamente con sus socios de divisas para optimizar las estrategias de ejecución. Agosto puede parecer tranquilo. Pero en los mercados de divisas, las apariencias engañan. Para los directores financieros, comprender la liquidez estacional ya no es solo una consideración de trading, se ha convertido en una parte integral de la gestión eficaz del flujo de caja y el riesgo.
