Las claves: los bajistas ven su momento mientras el mercado sigue buscando joyas ocultas | Opinión

En apenas unos meses, el criterio con el que los inversores eligen dónde poner el dinero ha cambiado, al menos, en tres ocasiones. Primero fue el FOMO, el miedo a quedarse fuera del despegue de las grandes tecnológicas. Después llegó la época de los resultados, y con ellos la exigencia de rentabilidad, y el miedo a los costes disparados de la IA. En las tres últimas semanas el foco parece haberse desplazado al retorno sobre el capital invertido: cuánto gana la empresa por cada euro que emplea en el negocio.
Se trata siempre de encontrar, en pleno récord de debuts bursátiles y vaivenes geopolíticos, la empresa que cotiza por debajo de su valor. La joya escondida. Los métodos funcionan a menudo, y hay analistas que hacen de ellos una ciencia, pero ninguno elimina del todo el margen de incertidumbre: son conjeturas, cada vez más afinadas y cada vez más rápidas. La siguiente ya asoma. Con la Bolsa acumulando fuertes ganancias, crecen las voces que advierten de una corrección y los bajistas creen que ha llegado su momento. Si aciertan, será el triunfo de su teoría; si fallan, la culpa será del azar del mercado.
Ortega diversifica su imperio hacia el negocio de infraestructuras
Amancio Ortega ha comprado el 15% de Qube Holdings, el principal operador logístico de Australia, por unos 1.070 millones de euros. Trenes, camiones, barcos y la mitad de Patrick Terminals, la principal operadora de terminales de contenedores del país. Ortega está diversificando parte de su capital concentrado en el ladrillo –donde tiene la mayor cartera inmobiliaria del mundo–, hacia las infraestructuras. Son activos estratégicos, con ingresos relativamente previsibles y difíciles de replicar por las barreras de entrada. Una forma de diversificar patrimonio, pero también de llevar capital español a negocios que sostienen la economía real.
Alemania e Irlanda ponen la nota disonante en una Europa que acelera
La eurozona creció un 0,4% en el segundo trimestre y la UE, en su conjunto, un 0,5%, con España y Polonia entre los países que más empujaron. Llaman la atención dos países. Por un lado, Alemania, una cuarta parte del PIB comunitario, que se quedó en la mitad que en el trimestre anterior y sigue cediendo terreno exportador ante China. Por otro, la volatilidad de Irlanda: cayó un 7% en el primer trimestre y creció un 3,9% en el segundo. Once puntos en seis meses. La explicación está en Dublín, donde tienen su sede europea Meta, Alphabet o Apple, y sus cuentas pesan tanto que el instituto estadístico irlandés ha tenido que inventarse un índice alternativo para saber cómo va el país. Una economía declina; la otra se dispara y se hunde en función de quienes solo pasan por allí.
La frase del día
No se me ocurre un solo indicador por el que se pueda decir que Estados Unidos está por delante de China en la carrera por la energía
Ernest Moniz, exsecretario de Energía de Estados Unidos
¿Quién puede gritar a un niño?
Llama la atención que de manera casi simultánea hayan aparecido dos libros, Tontocracia, del escritor y economista Santiago Ávila, y ¿Dónde están los adultos?, de la autora noruega Nina Lykke, en los que se denuncia el excesivo empoderamiento de los niños, que hace que ya sea imposible, entre otras cosas, impartir clases, porque se han convertido, de alguna manera, en intocables.
Quizá haya que revisar en qué medida los niños, que hoy en día van siendo cada vez menos por la escasez de nacimientos, se han vuelto excesivamente consentidos. Sin embargo, todo aquel que ha ido a clase sabe que los profesores que de verdad se ganaban el respeto no eran aquellos que imponían su criterio y su autoridad a gritos, sino los que lo hacían con inteligencia e ingenio.
