Vigilantes ante el IPC | Opinión

La revisión al alza del IPC de julio es un recordatorio de que la guerra de Irán sigue ejerciendo una enorme presión sobre los precios. El INE ha fijado la inflación en el 3,6%, una décima por encima de lo anticipado inicialmente, y destaca la aportación determinante de los componentes energéticos a la evolución del indicador. Al punto de que la fuerte subida interanual que experimenta el gasóleo en julio, más de un 15%, obliga a subir de nuevo la ayuda sobre este tipo de combustible hasta los 20 céntimos por litro. Es una posibilidad que contemplaba el decreto de ayudas para paliar los efectos del conflicto en Oriente Próximo. En condiciones normales, el descuento de 15 céntimos por litro que se aplicó en julio a gasolina y gasóleo en el impuesto sobre hidrocarburos debía dar paso a un descuento de 10 céntimos en agosto (como sucedió) y de cinco céntimos en septiembre. Pero eso no pasará con el diésel, de la misma manera que otros combustibles de uso intensivo por parte de determinados sectores profesionales también se beneficiarán de ayudas superiores a las inicialmente anticipadas.
A esto hay que añadir la letra pequeña de esas ayudas: el actual escudo anticrisis solo llega hasta finales de septiembre, y la intensidad con la que están subiendo los precios de los carburantes hace pensar que ese marco temporal quedará rebasado.
En ese contexto, la mejor noticia para las familias es que de momento las tensiones sobre los precios de la energía no están teniendo un reflejo en los alimentos. El IPC de estos últimos bajó en julio hasta mínimos desde 2021. Pero no son pocos los expertos que avisan de que podría ser un espejismo. Lo más preocupante de que la energía salga cara es la capacidad de contagio que tiene sobre el conjunto de la economía. Eso obliga al Gobierno, que desde los primeros bombardeos estadounidenses e israelíes en Irán abogó por un sistema de ayudas acotado en el tiempo pero ampliable, a permanecer vigilante. Pero también a las empresas, que deben extremar las precauciones ante un conflicto que se anunció como corto y se está eternizando.
Las compañías tienen la obligación de identificar potenciales riesgos para el negocio y aplicar medidas paliativas. Y todo ello sin caer en la complacencia, pero tampoco en un excesivo pesimismo. Al fin y al cabo, España muestra de momento un dinamismo económico muy por encima de sus pares europeos. Y va en el interés de todos proteger esa tendencia.
