Los diamantes ven esfumarse en tres años la mitad de su valor ante el auge de las copias sintéticas

Una veinteañera entra con sus padres en la joyería de José Luis Sánchez, en A Coruña, y no saldrá de allí sin un diamante, por pequeño que sea. Lo llevará en una gargantilla durante la ceremonia de graduación en la universidad. El presupuesto es ajustado, unos 1.200 euros, y las aspiraciones son modestas. Buscan una pieza minúscula, de apenas 0,25 quilates. Entonces, Sánchez les explica la máxima que en los últimos años ha puesto patas arriba el mercado de la joyería: no todo lo que reluce es diamante. “Tengo una alternativa mucho más barata”, les comenta.
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