Puertas abiertas para las pequeñas empresas | Opinión

En los pasillos de la sede de la Comisión Europea, en el edificio Berlaymont, en Bruselas, es un secreto a voces que lograr una mayor integración europea pasa por una unión de los mercados financieros. Tanto, que en los últimos años se han acelerado los reglamentos y los debates entre los estados miembros para impulsar esa integración. Las necesidades de financiar el crecimiento de Europa y de responder a un entorno geopolítico en transformación están cifradas en 800.000 millones de euros por Mario Draghi, expresidente del BCE, y facilitar el acceso de las empresas y de los inversores a los mercados es cuando menos urgente.
El tejido productivo europeo, y aquí se incluye el español, está formado fundamentalmente por una masa poco homogénea de pequeñas y medianas empresas que, a diferencia de sus pares estadounidenses, recurren casi en exclusiva a la ventanilla bancaria para financiar sus planes. En esencia, tienen pereza de acudir al mercado por motivos regulatorios y de costes. Para resolver estos problemas, las nuevas directrices europeas tratan de limitar la burocracia y rebajar los costes de los emisores que buscan colocar en el parqué tanto acciones como bonos.
Mercados como BME Growth o su comparable de Euronext ejercen de trampolines para las pequeñas y medianas empresas hacia las ligas de los mayores, donde nombres como el Santander o Inditex compiten por liderar los ascensos del Ibex, que supera ya los 20.100 puntos en su conquista de nuevos máximos. El papel de estos mercados de crecimiento debe ser el de favorecer la financiación de estas empresas, muchas de ellas de sectores como el tecnológico o las biotech que resultan tan difíciles de ver en la Bolsa clásica, y atraer a su capital a nuevos inversores.
Tras un arranque de año en el que estos mercados, al igual que las grandes plazas europeas, han visto pocos estrenos de nuevas compañías, que haya empresas trabajando para lograr en la recta final de año dar el toque de campana es una señal que apunta al optimismo. Lo será también que empresas de mayor tamaño y visibilidad ante los inversores internacionales den un acelerón a sus planes para acudir al mercado y esquiven los recelos para dar el salto a la Bolsa española. Europa precisa de campeones que compitan de tú a tú con los gigantes estadounidenses, aunque no sea algo fácilmente alcanzable en un futuro próximo. Todos los gigantes comienzan siendo pequeños y necesitan de cuidados y atenciones para que puedan crecer.
