Ya nos asfixia el calentamiento. Y, sin embargo, nos importa menos
Es paradójico: ahora que el calentamiento global es observado, y sufrido, por cualquier ciudadano del hemisferio norte que se está cociendo de calor en el principio del verano, la lucha global contra el cambio climático ha perdido empuje. Al fenómeno lo llaman fatiga climática, una especie de resignación: si esto no tiene remedio, adaptémonos en vez de tratar de revertirlo. Mientras algunos tratan de reabrir debates resueltos hace tiempo, como si la crisis del clima es real o si contaminar el aire no es tan dañino, España ha registrado más de un millar de defunciones atribuidas al calor en junio, de las que dos tercios se concentraron en la semana más asfixiante. La temperatura media en el país ha superado el mes pasado en 3,2 grados lo habitual. Francia ha contabilizado otro millar de fallecidos por la misma causa solo en un puñado de días a final de junio. Y en Leipzig, Alemania, han tenido que parar el servicio de tranvías porque las juntas de los raíles ¡se han derretido! No está preparada la Europa central como la sureña para esta nueva forma de vivir el verano, porque hasta en Francia es raro tener aire acondicionado. Pero en realidad nadie está preparado para lo que viene. Los expertos señalan que las olas de calor en Europa, que ya eran largas si llegaban a 10 días, pueden irse a partir de ahora a los 40 días. ¿Imagina cómo puede ser el verano dentro de 10, 20, 30 años? ¿El que vivan sus nietos y bisnietos?
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