mié. Abr 15th, 2026

El cambio climático no solo calienta el planeta: la economía podría derretirse | Negocios

A mediados de enero, el organismo que aglutina a las aseguradoras del Reino Unido se atrevió a contradecir a un Nobel. Si se superan los dos grados de calentamiento, el cambio climático podría llevarse por delante hasta un 20% del PIB global antes de 2050, concluía el Institute and Faculty of Actuaries en su informe Parasol Lost, publicado junto a la Universidad de Exeter. Un escenario mucho más dramático que el pintado por William Nordhaus, cuyos cálculos limitaban las pérdidas a un 2,1% del PIB ante un aumento de tres grados; o un 8,5% del PIB ante un terrorífico aumento de seis grados.

Entre Nordhaus, que en 2018 fue galardonado con el Premio de Ciencias Económicas del Banco de Suecia (popularmente conocido como el Nobel de Economía), y las aseguradoras hay una diferencia evidente: si para ellas equivocarse puede significar millones de pérdidas por riesgos que no supieron calibrar; para el economista estadounidense fallar en un pronóstico no tiene prácticamente ninguna consecuencia, y hasta habrá quien diga que es consustancial a la profesión.

Según Sir David King, que en el Reino Unido dirige la prestigiosa asociación científica Climate Crisis Advisory Group, el conocimiento en gestión de riesgos que acumulan los actuarios hace que sean los profesionales idóneos para anticipar lo que viene. “Y no solo por lo que ven del futuro, sino por las pérdidas y daños que ya están registrando hoy las aseguradoras debido al cambio climático”, dice. “Para hacerle frente han tenido que subir las primas, y eso significa que cada vez hay más gente que no se puede permitir una cobertura suficiente”.

En mayo de 2023, el periódico The New York Times ya alertaba por el encarecimiento de los seguros del hogar debido a la creciente probabilidad de fenómenos meteorológicos adversos. Desde las inundaciones y los huracanes en Florida y en Texas (donde las primas se dispararon un 57% y un 40%, respectivamente), hasta los incendios de California. “Las primas para todo el país se han encarecido un 21% desde 2015, y prácticamente el 67% de los hogares está infraasegurado”, decía el artículo.

El Institute and Faculty of Actuaries (IFoA) también tiene en cuenta la acumulación de riesgos sistémicos en el ecosistema global, así como los muy posibles puntos de inflexión. Un aprendizaje que según Sandy Trust, el responsable del informe dentro del IFoA, la industria aseguradora incorporó tras la crisis financiera de 2008. “Lo que hicimos fue aplicar las mismas herramientas y metodologías que a partir de 2008 empezamos a emplear para estudiar la solvencia de las instituciones financieras teniendo en cuenta todos los riesgos del sistema”, explica.

El informe gira en torno a lo que los actuarios llaman la solvencia del ecosistema, donde la naturaleza es considerada como un activo que, en vez de pagarnos con rendimientos financieros, nos retribuye con el aire, los alimentos, el agua, las materias primas y el clima estable que necesitamos para la vida. Haciendo las pruebas de resistencia a las que está acostumbrado el sector (“los actuarios somos como los astilleros, que diseñan las embarcaciones para aguantar tormentas, y no solo días soleados y sin olas”), y asesorados por los científicos climáticos de la Universidad de Exeter, han concluido que cualquier calentamiento por encima de los 1,5 grados podría activar puntos de inflexión que dispararían las pérdidas. Desde el carbono y el metano que podrían liberarse a la atmósfera por el descongelamiento del permafrost [capa del subsuelo], hasta un cambio en la corriente del Golfo de graves repercusiones en el norte de Europa.

La publicación del informe coincide con dos malas noticias para el clima, dice Trust. La primera es que la reducción en emisiones de sulfatos lograda por la industria marítima eliminó una capa de polución que venía ralentizando el calentamiento global hasta en 0,5 grados sin que nos diéramos cuenta. “Era somo si estuviéramos haciendo una especie de geoingeniería involuntaria con la contaminación atmosférica de los barcos”, explica. La segunda, los hallazgos recientes de la comunidad científica que apuntan a una mayor sensibilidad de las temperaturas a los gases de efecto invernadero de lo que se creía hasta ahora.

¿Pero por qué se ha infravalorado tanto hasta ahora el coste del cambio climático? En su opinión, el optimismo exagerado que ha caracterizado a los análisis se explica por la endogamia de la profesión, con economistas que solo hablaban entre sí y no consultaban a los científicos del clima. “En los datos históricos muchos economistas vieron que, cuando hacía más calor, la gente trabajaba un poco menos; por lo que concluyeron que a las personas que trabajaban en oficinas con aire acondicionado no les afectaría tanto”, dice sin ocultar su sorpresa. “En algunos informes incluso ponían por escrito, negro sobre blanco, que sus modelos no consideraban el efecto de puntos de inflexión, el impacto en la salud de las personas, la acidificación de los océanos, la subida del nivel del mar, la pérdida de biodiversidad, etcétera”.

Lucha por el ahorro

Pero si el coste del cambio climático se ha infravalorado, el de la lucha contra él se ha sobreestimado. De hecho, y según el suizo Bertrand Piccard, una gran parte de esa lucha hasta puede representar un ahorro. La Fundación Solar Impulse, creada por Piccard, que en julio de 2016 completó la vuelta al mundo en un avión alimentado exclusivamente por energía solar, se dedica a seleccionar y certificar proyectos de eficiencia energética y protección medioambiental (tienen más de 1.500 en el catálogo). “Casi un 70% de la energía que se produce en el mundo es un derroche en el que incurrimos por culpa de infraestructuras viejas, malos hábitos o procesos anticuados; eso significa un coste anual que se estima en 4,6 billones de dólares”, dice.

Desde una start-up que generó su propia tecnología para reciclar placas fotovoltaicas sin usar químicos (Flaxthor), hasta otra que desarrolla un dispositivo capaz de generar agua potable a partir de la humedad del ambiente (Serenity). “Las soluciones certificadas por el equipo de Piccard demuestran que es posible reducir el consumo de recursos de una manera económicamente viable si se cuenta con el equipamiento. Claro que, para muchas pymes, ese equipamiento no siempre es asequible.

Para atajar ese problema, y asesorado por Solar Impulse, el Banco Europeo de Inversiones (BEI) se ha asociado con varios fondos de inversión que financian el coste inicial del equipamiento. El objetivo del BEI es aportar 17.500 millones de euros entre 2025 y 2027 para que 350.000 pymes europeas puedan reducir su huella de carbono y costes energéticos. Como dice Piccard, “la eficiencia energética como servicio cambia el modelo de propiedad por el de uso, las empresas ya no tienen que elegir entre sostenibilidad y competitividad porque las soluciones pueden instalarse sin coste inicial y amortizarse con el ahorro que generan”.

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