El Bora moldea al nuevo Remco Evenepoel: más arropado, con entrenamientos en altura y de alta intensidad | Ciclismo | Deportes

Hubo llamadas al ejército español por si era necesario un rescate y hasta se solicitaron helicópteros a Red Bull, la marca que patrocina al Bora, por si debían evacuarlos a tiempo. Por suerte, no fue necesario, pero el susto del equipo ciclista, que estaba en el Teide acabando la concentración en altura, fue morrocotudo por la borrasca Thereshe, que traía consigo precipitaciones abundantes y nieve en las cumbres, al punto que por dos días nadie pudo subir ni bajar al volcán tinerfeño. “¿Qué podemos hacer? ¿Alguien sabe como llegar al aeropuerto?”, escribió en las redes sociales Oumaïma Rayane, influencer y mujer de Remco Evenepoel (Aalst, Bélgica; 26 años), fichaje estelar del Bora en este curso. Urgía el traslado para llegar a tiempo a la Volta a Catalunya, siguiente parada del calendario del belga. “Fue un poco estresante, pero sobre todo para el personal del equipo, que tenían que meter todo el material en las camionetas en un par de horas, que era el margen que teníamos para salir del hotel. Yo me mantuve en calma y por suerte ya estoy aquí y no me he perdido entrenamientos, que era lo más importante”, reflexiona Remco Evenepoel un día antes del certamen alrededor de unos pocos periodistas entre los que se encontraba EL PAÍS. Y, precisamente, los entrenamientos, dice, es lo que le han dado alas. Como Red Bull.
Después de seis años en Quick-Step, Evenepoel, múltiple campeón olímpico y mundial, ganador también de una Vuelta a España, entendió que no podría exprimir más esa naranja, que con lo que le envolvían no llegaría a la cumbre. “Recuerdo que en la última etapa de la pasada Dauphiné, un día con mucha montaña, miré a mi alrededor y había tres o cuatro corredores de Red Bull en nuestro grupo. Ahí pensé: ‘Tío, voy aquí completamente solo y ellos andan con cuatro corredores”, señala. Y eso, cuenta, además del plan específico y la filosofía de los entrenamientos que le plantearon desde Bora, le motivó para forzar su adiós con el equipo que le había catapultado, por más que le quedara un año de contrato.
“Estoy fuerte porque este año he cambiado bastante la rutina de los entrenamientos”, reflexiona Evenepoel; “empecé con algunos de alta intensidad, después hice muchos en altura, más de lo que hacía en el pasado, y, sobre todo, ahora hago sesiones más cortas, como máximo de tres o cuatro horas. Aunque de vez en cuando también ampliamos a seis o siete y no hay semana en la que no haga series de sprints. Creo que hay un buen equilibrio entre la resistencia y la explosividad”. Así lo confirma Patxi Vila, director deportivo del equipo que también está en la Volta: “El entrenamiento del equipo es bastante estructurado, aplicando siempre mucha ciencia, y vemos que está muy contento con esta nueva manera de entrenar. Son cortos, intensos, y tratamos de potenciarle todo porque el ciclismo de hoy en día va tan deprisa por todos los terrenos que no puedes tener un punto débil”. Aunque a Remco no se lo encuentran en el Bora y tampoco en el pelotón. Ni siquiera la mentalidad.
De su gazuza, de su ambición, se dio cuenta Vila nada más conocerle. Pero él se quedó con otra virtud después de esa charla de bienvenida en Austria, en la primera concentración del equipo. “Fue una conversación de esas que son informales pero importantes. Me di cuenta de que estaba equivocado con mis prejuicios, que se alejaba de esa imagen que transmitía, como de lejanía y como pasa a veces con esos grandes ciclistas que van con escudo. Me encontré una persona muy cercana y de fácil acceso”, resuelve. Una virtud que le ha hecho limar las posibles reticencias que tuvo Roglic con los cambios -el jefe de filas hasta entonces- y que, cuentan, podría elevar el nivel del equipo. “Es abierto y contagia su ambición. Es un ganador y necesita ganar. Es un poco como Peter Sagan, que cuando vino al equipo en su momento, hizo que los buenos corredores fueran mejores; un líder con este carácter generalmente tira del equipo entero. Y Remco es así”, le elogia Vila. Pero él solo piensa en la carretera. “Quería llegar fuerte a Cataluña y también el mes que viene en las Ardenas. Pero para mí y para el equipo lo más importante es el Tour”, sentencia. Aunque maquilla: “pero luego quedan los campeonatos del mundo, Lombardía, Lieja… siempre tengo muchos objetivos y en cada carrera que empiezo, quiero intentar sacar el máximo partido. Siempre que tenga la oportunidad, intentaré jugármela. Creo que será así durante el resto de mi carrera. Esta es mi mentalidad”. Una que, por el momento, no le ha hecho pasar por el diván de los dos psicólogos deportivos del equipo. “No me ha hecho falta todavía, todo va bien”, resuelve con una sonrisa.
Queda por ver cómo se le da la Volta, segundo en la etapa inaugural tras perder por milímetros el sprint con Dorian Godon (Ineos). “Aquí es un poco de ensayo para nosotros para ver cómo funciona junto con Lipowitz, que fue tercero en el pasado Tour”, constata Vila; “creo mucho en el aspecto humano y en generar vínculos porque ahí nace la fuerza del equipo, así que vamos a utilizar esta carrera, además de los entrenamientos que han compartido, para eso, independientemente del resultado que obtengamos, que obviamente queremos ganar”. Remco coge el testigo: “Esta semana nos irá bien para coger confianza de cara al Tour, para trabajar juntos y conocernos. Creo que en las etapas más explosivas, seré yo quien lidere, pero en las etapas de montaña, estaremos los dos juntos. Y si uno de los dos está un poco peor, hay que decirlo, hay que comunicarse bien”. Pero él confía que los nuevos entrenamientos con Bora, como Red Bull y su generoso talonario, le den alas.
