sáb. Mar 14th, 2026

La lección de China sobre su estrategia de seguridad energética tras el ataque a Irán | Opinión

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¿Cómo va a responder China al ataque de Irán? Esta es la incógnita dos semanas después de que Estados Unidos e Israel comenzaran la guerra, provocando de facto el cierre del estrecho de Ormuz por el que pasa el 50% del crudo que compra Pekín. En línea con su filosofía, el gigante asiático no ha dejado que esta crisis altere su estrategia a largo plazo y continúa imperturbable. La siguiente pregunta es: ¿Cómo se lo puede permitir?

Qué hay detrás

Estados Unidos trabaja en la erosión de la red de soporte internacional que China ha ido tejiendo en los últimos 20 años, y en que Washington sea el campeón mundial de los combustibles sucios. La energía ha sido históricamente el talón de Aquiles del régimen, que importa más de dos tercios de su consumo. Solo Irán y Venezuela suponen alrededor de una quinta parte del crudo que llegaba a China, con precios muy baratos por el intercambio de favores entre las dos dictaduras. La factura de la guerra es mucho más alta ya que casi la mitad del petróleo que importa China procede de países del Golfo.

Pero las provocaciones de Washington no han encontrado a ninguna némesis asiática. “Es una constante, China es contenida. Es un tema cultural, sopesan que tienen que ganar si se movilizan y ven que EEUU da una cara de extrema agresividad, a la vez que el escenario central es que puedan empantanarse en muchos de estos conflictos”, dice Miguel Otero, investigador principal del Real Instituto Elcano y uno de los mayores expertos de China en España. “Así que emplean su paciencia estratégica y ven cómo se desarrollan las cosas”, añade.

Esta postura desconcierta a los países occidentales que esperaban algún tipo de respuesta por parte de un dragón herido. Pero en su capacidad para hacer los deberes y prepararse para escenarios extremos como el actual, radica la capacidad de China de aguantar el tirón. Desde hace años, las políticas verdes de Pekín le han llevado a consumir menos combustibles fósiles (especialmente gasolina por el furor de los coches eléctricos), pero el país ha seguido comprando crudo al mismo ritmo. La publicación Foreign Policy calcula que tienen al menos seis meses de reservas acumuladas.

Pero además de estar sentados sobre una balsa enorme de crudo, el sistema chino de energía bebe de una cantidad tan variada de fuentes, que su resiliencia es muy superior a la de otros países asiáticos o europeos.

El suministro más descontrolado de este conflicto, el Gas Natural Licuado (GNL), tiene un papel menos determinante en China a la hora de crear una espiral inflacionaria ya que no es la fuente para la generación de electricidad. El gas supone un 4% de la generación eléctrica, concentrado en provincias costeras y utilizado principalmente para reducir los picos de demanda y como apoyo en casos de emergencia. “Esto hace que la electricidad sea un amortiguador flexible, ya que se puede reducir su distribución en favor del carbón y la energía hidroeléctrica”, dice un informe reciente de The Oxford Institute for Energy Studies. La dependencia del gas para producir electricidad alcanza casi un 40% en el caso de Japón y un 25% en en el caso de Corea del Sur. Para Bangladesh o Singapur, la dependencia es total.

El think tank no minimiza el coste que la disrupción puede tener en algunas provincias y sectores, pero apunta, como otras casas de análisis, que si el conflicto es contenido en el tiempo, Pekín lo puede manejar. Aunque el precio será más alto, China puede comprar más crudo del actual a Malasia o Brasil además de por supuesto Rusia.

Qué va a pasar

El principal problema lo tienen las refinerías lowcost, conocidas como teapot, que convierten el crudo barato comprado a los países bajo sanciones en combustibles como el gasóleo. Un modelo de negocio muy particular que ha permitido producir refinados baratísimos con unos márgenes muy estrechos. Estas refinerías, concentradas en la provincia de Shandong, aún pueden proveerse de los petroleros que vagan por los océanos cargados de crudo bajo sanción. Pero si el conflicto se alarga entrarán en apuros porque no son rentables con petróleo a precios de mercado.

China ha reaccionado rápidamente prohibiendo la exportación de combustibles refinados para garantizar el abastecimiento nacional (lo que ha disparado el precio internacional del gasóleo). La demanda interna china está deprimida y en los últimos tiempos tiene incluso un problema de sobrecapacidad. Los expertos creen que la medida puede ser incluso positiva para la gestión macroeconómica del país, al reducir tanto exceso de oferta y subir un poco la inflación. (Que es como el colesterol, en exceso es malo pero sin él no se puede vivir).

Además, aunque una parte de la industria, como la química, sí usa gas, la más intensiva, como la acerera, sigue quemando carbón. El 55% de la energía que utiliza China sigue procediendo del mineral negro. Puede sorprender porque la apuesta por las energías renovables en el país es determinante, pero igual que su forma de gobierno es el oxímoron socialismo de mercado, la fórmula para descarbonizar el país incluye un uso desprejuiciado del carbón.

El principal objetivo de China, muy por encima del ecológico e incluso el lucrativo, es garantizar la seguridad energética en el país. Y su pragmatismo le impide renunciar a ninguna fuente de energía que le garantice la independencia. “En general, la estrategia de China consiste en garantizar la seguridad energética a corto plazo, con un impulso a largo plazo para reducir la dependencia de los combustibles fósiles importados y proseguir su transición ecológica. Tal y como se establece en el 15.º Plan Quinquenal, China seguirá reduciendo las emisiones de carbono y aumentando la cuota de combustibles no fósiles en el consumo total para 2030”, dice Betty Wang, Jefa de Investigación macroeconómica para el Noroeste de Asia de Oxford Economics (aunque comparte topónimo con el otro think tank son entidades independientes).

En este sentido, los analistas dudan de cómo se adaptará el GNL al mix energético chino para seguir sosteniendo el principio de soberanía, en un país poco dado a pagar más caro. El gas se ha demostrado como el eslabón más débil de la cadena, con las plantas de Qatar cerradas por al menos un mes (o más) y el precio por las nubes. El principal proveedor de gas de China es Australia, y de hecho hay acuerdos en marcha para intensificar la relación comercial pero que se desarrollarán en todo su potencial para 2027.

Mientras tanto, el GNL estadounidense podría ser una alternativa rentable, ya que pese a que China tiene que pagar un arancel del 25 %, el precio está referenciado al índice Henry Hub, aislado de los vaivenes internacionales, lo que le hace competitivo frente a la oferta con referencias a precios asiáticos. Esto también crearía un ambiente positivo para la reunión prevista entre los presidentes Trump y Xi a finales de marzo o principios de abril, asegura el think tank con base en Reino Unido. Contra todo pronóstico, el Financial Times asegura que Pekín sigue igual de interesado en que el magnate estadounidense realice su visita.

Desde el Center on Global Energy Policy de la Universidad de Columbia, creen que la otra respuesta podría ser la reducción paulatina del uso del GNL para reducir su exposición. “Una interrupción prolongada de las importaciones de GNL de Qatar a China podría llevar a este país a reconsiderar el papel del GNL en su cartera de importaciones de gas natural. La interrupción podría hacer más atractivo el proyecto del gasoducto Power of Siberia 2 desde Rusia, especialmente si China puede conseguir un precio más bajo que el que paga por el gas suministrado a través del gasoducto Power of Siberia”, vaticinan desde el think tank estadounidense. Los expertos recuerdan que una característica distintiva del enfoque de China en materia de seguridad del suministro es evitar depender en exceso de un único proveedor, y el 30 % de las importaciones de gas natural de China (GNL y gas por gasoducto combinados) procedían de Rusia el año pasado. El criterio que prevalecerá es el que garantice la seguridad de suministro, y parece que en este caso el gas ruso sería el ganador.

Quién gana

⛽Petroleras

Conoco, Exxon o Chevron han subido en bolsa estos días en paralelo con el precio del petróleo. Las intermediarias de GNL lo tienen algo más complicado. Total Energies o Shell, dos compañías no estadounidenses pero que son las principales comercializadoras de GNL comercian al alza con los precios pero han tenido que interrumpir la venta de gas de Qatar. Hace apenas dos semanas, una ejecutiva de una gran petrolera reconocía en petit comité que la guerra siempre les venía bien.

🇨🇳 China

Además de por la resiliencia geopolítica, The Economist aseguraba en un artículo esta semana que las constructoras chinas tienen mucho que ganar en la reconstrucción de infraestructuras una vez que termine la guerra. Irán por supuesto, pero también el resto de países del Golfo recurren mucho a las eficaces empresas china para la construcción de puertos y plantas licuadoras.

🪰Drones

Parece increíble que EEUU haya incurrido en el mismo error de cálculo que Rusia con Ucrania, al no considerar que los drones podrían ser un enemigo a batir más difícil que sus Tomahawk. La guerra moderna será una combinación de armamento barato y caro, pero después de cuatro años de resistencia de Kiev, los estadounidenses no parecen haber metido en la ecuación los afamados drones Shahed (mártir). Las start-ups con dominio de la tecnología antidrones serán las que más coticen al alza a partir de ahora.

💚Inversión en energía verde

Economistas, analistas, muchos políticos y expertos en seguridad han escrito estas dos semanas sobre lo indispensable que es la apuesta por las renovables para garantizar la soberanía de Europa. Eso sí, si en China sale más caro construir los espejos, cristales y un largo etcétera, se puede esperar un incremento en los precios. Se redoblará la apuesta por las baterías de almacenamiento.

Quién pierde

🇰🇼 Kuwait

Ha quedado retratado ante otros países del Golfo como Arabia Saudí o Emiratos Árabes que hicieron una costosa inversión en oleoductos para poder sacar su producción, como están haciendo, sorteando Ormuz. Los Kuwaitíes y sus clientes se han quedado colgados de la brocha por la imposibilidad de sacar el crudo del país.

🇹🇼 Taiwán

Importa más del 96 % de su energía y obtiene alrededor del 60 % de su petróleo a través del estrecho, según cálculos del New York Times. Aproximadamente una cuarta parte de su gas natural proviene de Qatar. Una ruptura de suministro podría poner en peligro la producción de chips de la isla, y de ahí volver al escenario de cuellos de botella en todo el sector tecnológico que vimos poco después de la pandemia. Pero el Gobierno asegura que para cubrir el déficit hasta abril, Taiwán necesita asegurar el envío de gas natural en 22 buques y ya ha contratado 20 de ellos.

❤️‍🩹Los países vulnerables

La ley del más fuerte o, en este caso, del que más pueda pagar hará que los países con menos recursos se queden sin el preciado GNL. Reuters reporta que ya son varios los metaneros que han cambiado de rumbo cuando estaban cruzando el Atlántico desde EEUU y de Nigeria camino a Europa para virar hacia Asia. Cuanto más sube el precio, más rentable es hacer un trayecto así de largo y en el mercado al contado no se hacen prisioneros: si se recibe una orden de compra más cara el barco no duda en dar media vuelta.

🍅Alimentos en países pobres

Al menos un 13% de los fertilizantes que se utilizan en el mundo pasa por el estrecho de Ormuz, según cálculos de UNCTAD, la agencia de las Naciones Unidas para el Comercio. Su encarecimiento, sumado al de los precios de la energía, volverá a presionar los precios de la comida al alza. El 54% de los fertilizantes que usa Sudán tienen que pasar por Ormuz, así como el 36% de los que usa Sri Lanka y un tercio de los utilizados en Somalia y Tanzania.

👑Inversiones de los fondos soberanos

Los fondos soberanos de los países del Golfo han invertido históricamente cifras multimillonarias fuera de sus fronteras, pero también dentro, con la construcción de plantas desalinizadoras, trenes rápidos (como el ave a la Meca), puertos, aeropuertos… Los expertos apuntan a que los fondos soberanos pueden tener que cambiar sus planes estratégicos para derivar parte de las inversiones a la reconstrucción de las infraestructuras dañadas durante la guerra, o la construcción de nuevas instalaciones que mejoren la seguridad (visto lo visto).

España tiene muchos intereses dependientes de estos fondos. Acciona ha participado en el desarrollo de infraestructuras como la ampliación del metro de Dubái o la construcción de la desaladora de Jebel Ali (EAU) y opera diversos proyectos de agua (desaladoras, depuradoras, potabilizadoras, etc.) en Arabia Saudí y Qatar donde también gestiona empresas multiservicios. FCC está inmersa en el desarrollo del metro de Riyadh, Indra proporciona los sistemas de control del tráfico aéreo para la mayor parte del espacio aéreo de Arabia Saudí, Omán y Kuwait, así como los sistemas para los aeropuertos de Sharjah y Dubái y así un largo etc.

Concepto: Windfall Profits

Los beneficios caídos del cielo son ganancias extraordinarias que reciben las empresas -normalmente energéticas- no por mejoras de eficiencia sino por circunstancias externas, como en este caso la subida de los precios por la guerra. El Gobierno intentó que tributarán pero en 2024 decayó la idea por falta de apoyo de PNV y Junts. Las empresas dicen que también el Gobierno tiene una recaudación caída del cielo al gravar con el IVA estos precios disparados.

La cifra: Un millón

Son los barriles que han salido de Venezuela hacia China según medios especializados. Se trata del primer cargamento con dirección a Pekín desde la captura de Nicolás Maduro.

La frase: “El excremento del diablo”, así calificó Juan Pablo Pérez Alfonzo, político venezolano fundador de la OPEP, al petróleo.

Les recomiendo la lectura de esta columna sobre cómo Estados Unidos va a manejar los ingresos del petróleo de Venezuela de ahora en adelante.

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