La crisis de Irán crea un problemático bucle presupuestario | Opinión
Nunca es un buen momento para que la guerra provoque subidas en los precios del petróleo y el gas, como demuestra la invasión de Ucrania por parte de Rusia en 2022. Pero el actual estallido de violencia en Oriente Próximo afecta a las economías occidentales en un momento más frágil. Los mercados laborales están más flácidos, los márgenes empresariales son más estrechos y los tipos de interés son mucho más altos que hace cuatro años. Tanto si los Gobiernos protegen a los hogares y las empresas del encarecimiento de la energía como si los dejan expuestos, el resultado probablemente será el mismo: los costes de financiación aumentarán.
Los mercados de bonos ya están tensos. Incluso después de que Donald Trump predijera el martes una rápida desescalada con Irán, los rendimientos a 10 años en Alemania, Francia, el Reino Unido y Japón siguen estando muy por encima de sus niveles previos a la crisis. A diferencia de Estados Unidos, todos ellos son grandes importadores netos de energía y, en particular, de gas natural, que desempeña un papel clave en la fijación de los precios de la electricidad.
Sin embargo, si persisten las perturbaciones en el estrecho de Ormuz, los Gobiernos podrían verse obligados a enfrentarse a los hostiles mercados de deuda y volver a financiar los límites máximos de los precios de la energía, las subvenciones y las reducciones fiscales. Corea del Sur ya ha dado pasos en esa dirección, y el primer ministro británico, Keir Starmer, señaló el lunes que el Reino Unido podría seguir su ejemplo.
Los datos de Bruegel sobre la última crisis energética en Europa muestran lo costosas que pueden ser estas medidas: entre septiembre de 2021 y enero de 2023, costaron a los países europeos, incluido el Reino Unido, el 3,7% del PIB. Esto se sumaría al déficit del 3,4% que las previsiones oficiales ya habían fijado para la Unión Europea para este año.
Pero la inacción conduciría a una situación similar. La experiencia pospandémica demostró que las empresas reaccionan a las crisis energéticas coordinando subidas de precios para proteger sus márgenes, por lo que incluso la inflación subyacente en Estados Unidos, la zona euro y Gran Bretaña –que excluye el precio del combustible y los alimentos– alcanzó un máximo de entre el 5,7% y el 7,1% en 2023. En teoría, los bancos centrales deberían ignorar las crisis energéticas puntuales; en la práctica, el llamado efecto de transmisión les obliga a responder. Los mercados ya han pasado de esperar recortes de tipos a finales de año por parte del Banco de Inglaterra y el Banco Central Europeo a descontar una subida por parte del primero y ningún cambio por parte del segundo, según los precios de los derivados recopilados por LSEG.
El impacto de la inflación debería de ser menor esta vez. El gas natural europeo se cotiza a unos 50 euros por megavatio hora, muy por debajo del máximo de 300 euros alcanzado en 2022. Sanjay Raja, de Deutsche Bank, estima que incluso un generoso paquete de ayudas del Reino Unido solo ascendería a 14.000 millones de libras (16.000 millones de euros), es decir, el 0,4% del PIB, frente a los 90.000 millones (104.000 millones) anteriores. Aun así, ese impacto presupuestario adicional llega en un momento en el que los ingresos fiscales del Gobierno ya se ven afectados por el bajo crecimiento. El peligro es que unos compromisos financieros más elevados y potencialmente ilimitados hagan subir los rendimientos de los bonos, lo que complicaría aún más las cuentas presupuestarias.
Los bancos centrales podrían ayudar a romper el círculo vicioso con un compromiso claro de respaldar los mercados de bonos soberanos, como hizo el Banco Central Europeo durante la pandemia. En el margen, las subvenciones a la energía podrían ayudar a aliviar los temores de una espiral de precios. Pero el nivel actual de inflación, que se sitúa en el objetivo o por encima de él en la Unión Europea y el Reino Unido, significa que los responsables de fijar los tipos probablemente no actuarán a menos que los mercados de bonos se vean sometidos a una presión extrema.
Si la guerra con Irán continúa, las arcas del Gobierno podrían convertirse en un punto débil.
Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías
