Retrato económico de España con crisis del Golfo al fondo | Opinión
Nada que ver con lo sufrido tras la invasión de Ucrania y las consiguientes sanciones europeas a Rusia. Pero los efectos, al parecer no previstos, de la disparatada y caótica guerra desatada por Netanyahu contra Irán, con Trump como acompañante, se están notando ya en España en forma de subida de precios de los carburantes y pérdida adicional del ya mermado poder adquisitivo de las familias. De prorrogarse el conflicto, escalar o dar lugar a efectos de segunda ronda, el daño será mayor y, seguramente, el Gobierno tendrá que aprobar otro paquete de ayudas, complementario al que ha sido convalidado por el Congreso la semana pasada.
La economía española se encuentra en una buena situación para absorber, de momento, los efectos negativos de esta crisis. Pero no minimicemos los riesgos porque, según la Agencia Internacional de la Energía, ha causado ya “la mayor amenaza para la seguridad energética mundial”, mientras el Fondo Monetario Internacional señala que está provocando “perturbaciones significativas” que pueden llevar a un frenazo mundial de la economía en un contexto dirigido por líderes desequilibrados, lo que nos obliga a “pensar en lo impensable y prepararnos para ello”.
El impacto negativo derivado del conflicto del Golfo se produce sobre una economía española que podemos definir por dos rasgos esenciales. Mantiene un crecimiento sólido (según el FMI), pero en ella se atisba ya una desaceleración gradual como consecuencia del freno paulatino de los factores que la han impulsado: los Fondos Next Generation, la inmigración y el consumo de las familias. En segundo lugar, una preocupante fractura social (Informe Cáritas) basada en precariedad laboral, pérdida de poder adquisitivo de los salarios, nivel elevado de pobreza estructural (26% de la población en riesgo de pobreza o exclusión social) y encarecimiento de la vivienda. Ambos factores definen lo que se llama crecimiento en forma de K, donde los ricos prosperan (como demuestran las elevadas rentas de capital o un Ibex 35 en máximos históricos), mientras el resto se estanca o declina, aumentando la desigualdad social.
Las medidas aprobadas no han tenido en cuenta esta situación y ni se han concentrado en los más perjudicados (salvo en los bonos sociales), ni han incorporado refuerzos de renta como solicitaba el PP y era lógico. Así, la actuación mediante bajadas compensatorias generalizadas de impuestos sobre unos precios que seguirán al alza no discriminan entre el 45% de los hogares que llegan a fin de mes con muchas dificultades o sin capacidad para afrontar gastos imprevistos como esta subida de precios (Encuesta de Condiciones de Vida) y aquellos que, a pesar de todo, tienen margen para ahorrar. Y aplica ayudas directas a sectores profesionales afectados, pero no eleva los ingresos de los más vulnerables, como parados, receptores del Ingreso Mínimo Vital o de las ayudas a la pobreza infantil.
Así, las medidas aprobadas han excluido compensar uno de los principales elementos causantes de la pérdida de renta real de las familias durante los últimos años: la no deflactación de la tarifa del IRPF. Introducir una deducción en la cuota del impuesto en declaraciones hasta 50.000 euros de ingresos anuales hubiera dado, junto a las mejoras en renta de aquellos ingresos que son tan bajos que no deben ni presentar declaración de la renta, un impacto claramente redistributivo a las medidas, ayudando a quien más afectado se ha sentido por la subida de precios derivada de la guerra del Golfo.
En el ámbito energético, vivimos en la ficción gubernamental de que el sol y el viento nos salvan de las dificultades que pasan otros países que no han hecho una apuesta tan fuerte en favor de las energías renovables. Siendo cierto, adelantemos algunas apreciaciones que ayudan a matizar esa euforia: en primer lugar, debería hacerse público, por transparencia, cuánto hemos gastado los españoles en subvencionar el despliegue de las renovables, la dependencia china que implican y los problemas crecientes que empiezan a plantear sus residuos. En segundo lugar, debería hacerse pública la cantidad de energía renovable que desperdiciamos al año por generarse por encima de la demanda, falta de capacidad de acumulación y de suficientes interconexiones con Francia para exportarla (este año, se calcula que el desperdicio ha crecido un 173%); en tercer lugar, recordemos que, a pesar del esfuerzo ejemplar realizado en el sector eléctrico, la electrificación ha avanzado muy poco en el resto de los sectores (transporte, movilidad, industria, construcción) y, como consecuencia, en el mix de energía primaria total que consume España todavía hoy petróleo y gas representan un 60%, las nucleares un 20%, y las renovables otro 20%. Ello explica que, por ejemplo, seguimos emitiendo más C02/kwh que Francia con sus nucleares. Y, con ello, conecto con otra grave carencia de las medidas: el motivo que ha forzado a aprobar el Plan justifica, perfectamente, haber incluido la moratoria de tres años en el cierre de nuestras nucleares, como han solicitado las empresas y es, ya, un clamor en toda Europa.
Unas palabras finales sobre el Decreto Ley de vivienda. Lo digo con rotundidad: el principal obstáculo hoy en España para resolver el problema de acceso a la vivienda lo representa esta extrema izquierda ignorante, pero arrogante, que se empeña en coger el rábano por las hojas, condicionando la acción/inacción del Gobierno. Lo repetiré: numerosos estudios han detectado de forma reiterada que nuestro problema de vivienda radica en que hay más demanda que oferta: que se crean al año más hogares que pisos. El más reciente, de CaixaBank Research, calcula el déficit en 740.000 viviendas. Si ese es el problema, no se resuelve con ingeniería intervencionista sobre los precios y el mercado, sino liberando suelo, agilizando trámites, modificando densidades y todo lo necesario para construir esos pisos que hacen falta, a la máxima velocidad, y cuya ausencia eleva el precio de los existentes. Y discutamos qué urbanismo: cuántos de ellos han de ser públicos, cuántos de alquiler tasado y cuántos libres. ¡Pero construyamos!
En resumen, unas medidas que saben a poco…socialdemócratas.
