Ormuz, juguete roto de Trump y agente desestabilizador global | Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos
Por cada día que prosigue la contienda la probabilidad de que la escalada de la inflación sea más duradera se agrava

Cinco semanas después del inicio de la guerra en Oriente Próximo, la contienda acumula frentes abiertos. Sin tener en cuenta el impacto humano para los países afectados por los ataques lanzados tanto por Estados Unidos e Israel como por Irán, el impacto del conflicto ya genera perturbaciones económicas en todo el planeta. El cierre del estrecho de Ormuz ha reducido la oferta mundial de petróleo y gas natural y está teniendo un impacto directo en el bolsillo de los consumidores: el barril de crudo Brent roza los 120 dólares y se sitúa en niveles no vistos en cuatro años tras escalar más de un 60% en el mes, la mayor subida mensual de la historia.
El cruce de amenazas y ultimátums entre Washington y Teherán no ayuda a vislumbrar una próxima reapertura del Estrecho, ni la recuperación del suministro de elementos clave para la economía mundial que van más allá de los combustibles, como los fertilizantes. Por cada día que prosigue la contienda la probabilidad de que la escalada de la inflación sea más duradera y frene el crecimiento global se agrava, como vaticinan ya los organismos económicos internacionales. Por el camino, el presidente estadounidense ha abierto la puerta a desentenderse de la reapertura de Ormuz, hasta ayer una de sus prerrogativas en las negociaciones con Teherán, pasando la pelota a los países más dependientes a los combustibles de la región, con Europa y Asia a la cabeza.
La fuerte escalada del petróleo ha pasado por encima del buen comportamiento que hasta finales de febrero registraban los mercados financieros. Las Bolsas europeas han sufrido en marzo caídas cercanas al 7%. Un castigo que también ha experimentado la deuda soberana ante la expectativa de que la inflación acelere un cambio en la política monetaria de los bancos centrales para contrarrestar el impacto de los precios. Por el camino el oro no ha cumplido su rol de activo refugio y ha caído un 2% en el mes, si bien venía de revalidar máximos históricos. Sí lo ha logrado el dólar, que tras meses en los que estuvo en peligro su estatus a golpe de bandazos geopolíticos y económicos de Donald Trump se está viendo favorecido por ser la moneda con la que se compra el petróleo. El mercado sigue interpretando que el conflicto no será duradero, aunque en estas cinco semanas las firmas de análisis han ido poco a poco suprimiendo sus escenarios más benignos y quirúrgicos y advirtiendo de un horizonte de precios del petróleo elevados por más tiempo que viene a trastocar cualquier hoja de ruta anterior.
