mié. Mar 11th, 2026

Mercosur: no es proteccionismo gratuito, es seguridad alimentaria | Opinión

La narrativa oficial de Bruselas presenta el acuerdo con Mercosur como una “oportunidad histórica” de apertura comercial. Sin embargo, tras los apretones de manos, se esconde una realidad que explica por qué el sector ganadero europeo está en pie de guerra. No es proteccionismo gratuito; es una cuestión de supervivencia, lealtad competitiva y seguridad alimentaria en siete puntos clave:

El mercado europeo ya está inundado de carne de Mercosur: se nos intenta convencer de que los nuevos contingentes arancelarios son necesarios para dinamizar el comercio y reducir la inflación, pero los datos cuentan otra historia. Solo en 2025, a fecha de octubre, el volumen de carne de vacuno exportado por Mercosur a la UE ya iguala al de todo el año 2024. Este interés masivo demuestra que estos países ya dominan el mercado europeo incluso sin las ventajas preferenciales que el nuevo acuerdo pretende concederles. ¿Qué quedará de nuestra soberanía cuando se les abran las puertas de par en par?

El tipo de carne que se beneficiará de este acuerdo generará un daño importante a la cadena de valor europea: El daño no vendrá por el volumen total de carne, sino por su tipología. El acuerdo se centra especialmente en las piezas nobles (lomos y solomillos). La cantidad que se ha concedido con este acuerdo equivale, aproximadamente, a la producción total de estos cortes de toda la Unión Europea. Al inundar el mercado con las piezas que generan el mayor margen de beneficio, se impacta de lleno en la rentabilidad de toda la canal europea, haciendo inviable la continuidad de nuestras ganaderías, sobre todo las más pequeñas.

El mito de la reciprocidad, el “Palomares” del ministro Planas: la promesa estrella de la Comisión ha sido el respeto a los estándares europeos. Sin embargo, hace apenas cuatro días, una auditoría de la propia Comisión a Brasil reveló que el plan para evitar la exportación de carne con estradiol 17 (hormona prohibida en la UE) ha sido incumplido flagrantemente. Esta realidad deja en una posición muy delicada al ministro Planas, quien hace solo unas semanas salía a desmentir la entrada de carne con hormonas en la UE con una seguridad que recordaba a Fraga bañándose en Palomares: una puesta en escena para calmar a la opinión pública mientras el informe técnico decía lo contrario. Si no son capaces de cumplir con una hormona específica, ¿cómo creer que respetarán el resto? La lista de diferencias es sangrante: antibióticos promotores del crecimiento, OGM, plaguicidas prohibidos, falta de trazabilidad, ausencia de normas de bienestar animal o de respeto de los compromisos ambientales europeos. La Comisión ha demostrado una total incapacidad para hacer cumplir sus normas fuera de nuestras fronteras y lo que es peor, para poder detectarlo eficazmente en aduanas.

Ponemos en peligro nuestra soberanía alimentaria: El vacuno es solo la punta del iceberg. Este acuerdo abre la puerta a otras carnes que sufrirán el mismo proceso: una diferencia de costes de producción insalvable que irá minando la producción europea. Estamos entregando nuestra capacidad de abastecimiento alimentario a terceros países, aceptando las condiciones y normas que ellos quieran imponernos en el futuro.

La indefensión del consumidor europeo: el consumidor europeo ni siquiera tiene capacidad de elección. Esta carne no suele llegar al lineal del supermercado con su etiqueta de origen, sino que se diluye en la restauración colectiva (hospitales, colegios). Es un doble juego perverso en el que están entrando también las empresas: mientras asfixian a la industria europea con certificaciones infinitas, facilitan la entrada de productos de terceros países a sabiendas de que no juegan con las mismas reglas.

La rueda del hámster en la que está metido el ganadero europeo: la respuesta de la Comisión ante el estallido del campo ha sido la de siempre: paquetes de dinero público para estudiar por qué disminuye la producción, por qué no hay relevo generacional o por qué desaparecen las ganaderías pequeñas de nuestro medio rural. Es cínico tratar de sacar al ganadero de la rueda del hámster mientras es la propia administración la que ha diseñado la rueda mediante la burocratización y la competencia desleal.

El procedimiento utilizado por la Comisión podría ser ilegal: Por último, la forma en que se está tramitando este acuerdo es, cuanto menos, cuestionable. Al obviar el poder de decisión del Parlamento Europeo, la Comisión camina sobre una cuerda floja legal. Un amplio número de eurodiputados ya ha solicitado al Tribunal de Justicia de la UE (TJUE) que se pronuncie sobre la legalidad del procedimiento.

Los ganaderos europeos están agotados. Hartos de inspecciones que buscan el fallo administrativo y de una montaña de papeles que solo sirve para que en Bruselas se sientan bien consigo mismos. Si el Tribunal de Justicia acaba dictaminando que este proceso fue ilegal, alguien deberá asumir responsabilidades políticas por este atropello. No se puede jugar así con la salud pública ni con el modo de vida de miles de familias. Es evidente que no jugamos en la misma liga; ni siquiera jugamos al mismo deporte.

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