Meloni renacionaliza su telefónica: ¿será tendencia en Europa? | Opinión

Los Gobiernos conservadores suelen ser los que apuestan por reducir la presencia del Estado al mínimo posible y dejar en manos de los mercados la mayor parte de las actividades. Ese sería el comportamiento de un ejecutivo liberal clásico. Sin embargo, es muy frecuente que las tentaciones intervencionistas atribuidas a la extrema izquierda se reproduzcan en la extrema derecha, pero con otros argumentos. Esta utiliza la defensa de la patria para justificar la estatalización de un servicio, y los otros, con entregárselo al proletariado. El resultado suele ser el mismo: un desastre.
Quizás en este contexto haya que encajar la decisión del Gobierno de Giorgia Meloni de renacionalizar totalmente Telecom Italia (TIM), la gemela transalpina de Telefónica. Esta compañía ya está controlada de facto por el Gobierno, puesto que el primer accionista es la empresa pública Poste Italiane, con una participación del 27,3%, y el siguiente inversor (BlackRock) apenas supera el 5%. Sin embargo, ese control les parece insuficiente y hace dos semanas la empresa pública de correos de Italia lanzó una opa, valorada en 10.800 millones de euros, sobre el 73% del capital de TIM que no posee, con el fin de excluirla de cotización y fusionarla. Si la operación culmina con éxito, que es lo previsible aunque tenga que pagar más, el Estado italiano, que posee el 65% del capital de Poste Italiane, controlaría el 50,01% de la nueva compañía surgida de la fusión.
Con esta operación, el Gobierno de Meloni persigue espantar de manera definitiva los intentos de empresarios foráneos de hacerse con el control de su telefónica de cabecera. TIM lleva décadas en la diana de los inversores extranjeros. En la primera década de este siglo, la Telefónica de César Alierta montó un consorcio con empresas italianas que llegó a acumular un 24% de TIM. Poco después, Telefónica optó por la retirada y vendió con pérdidas su participación a la francesa Vivendi, empresa que en 2017 alcanzó el 24% del capital y dos tercios del consejo; hasta logró que las autoridades europeas antimonopolio le autorizaran la toma de control de la compañía. No lo consiguió.
En 2021, el fondo oportunista KKR lanzó una opa sobre TIM que fue frenada con el veto del Gobierno italiano y los votos de Vivendi. Pero TIM seguía con sus problemas de exceso de endeudamiento y, en 2023, aceptó la oferta de KKR sobre su filial propietaria de la red de telefonía fija, que la valoró en alrededor de 20.000 millones. Crearon Netco, sociedad tenedora de esta red, cuya propiedad compartía KKR (80%) y el Estado (20%). La operación fue autorizada por el Gobierno porque se reservó el derecho de veto sobre cualquier decisión estratégica. Tras este pacto, Vivendi decidió abandonar la operadora italiana vendiendo poco a poco en Bolsa, hasta que hace un año acordó con Poste Italiane el traspaso del 15%.
Aun así no parecía que se hubiera conjurado la amenaza francesa. El CEO de TIM admitió hace menos de un año su disposición a negociar su integración con Illiad, compañía francesa con intereses en Italia, propiedad de del empresario francés Xavier Niel. Esta vez no se trataba de un inversor financiero, Niel es dueño de Illiad, con actividades en varios países de Europa, y accionista principal de Millicom, que opera en Latinoamérica y ha sido el principal comprador de las filiales que Telefónica ha vendido en ese continente.
Por tanto, con la oferta de Poste Italiane, el Gobierno de Meloni reintegra definitivamente TIM bajo el paraguas del Estado. Eso sí, para ello van a dar a luz un conglomerado llamativo, que integra empresas con los viejos legados del correo y los telégrafos, que hoy tienen intereses en sectores muy diferentes. La integración de Postale y TIM dará una compañía con presencia en distribución (13.000 oficinas postales), banca (36 millones de clientes de Banco Posta) y telecomunicaciones (30 millones de clientes), que cubren al 95% de la población italiana con una plataforma de venta física y digital.
Quien sabe; quizás Meloni ha alumbrado una nueva fórmula europea para preservar el control de sus telefónicas, integrándolas con las beneméritas empresas de correos. Este modelo podría aplicarse sin pestañear en Francia, donde La Poste Groupe (Correos), que es el propietario de la Banque Postale, podría integrarse con la antigua France Telecom, hoy Orange, de la que el Estado conserva un 23%.
Sin embargo, en España o Alemania debería buscarse otra fórmula, ya que ambos países vendieron el banco postal y lo separaron de la actividad de correos. La actividad financiera es, precisamente, el pulmón clave para que Poste Italiane compre TIM. En España, la Caja Postal fue integrada en Argentaria y desde 1999 forma parte de la estructura del BBVA. En Alemania, Deutsche Post vendió en 2008 Postbank a Deutsche Bank, que actualmente la opera como marca independiente, que le sirve para competir con las pequeñas cajas de ahorros en el segmento más popular. El Estado español tiene el 10% de Telefónica y el alemán el 30% de Deutsche Telekom, pero si quieren renacionalizarlas tendrán que buscar vías alternativas a las empresas de correos.
En España, la empresa pública SEPI es la propietaria de la totalidad del capital de Correos y del 10% de Telefónica, y su integración supondría sumar problemas. Correos ganó el año pasado 14,4 millones de euros después de perder más de 1.230 millones en los cinco precedentes (2020-2024). La única empresa pública española con pulmón para renacionalizar Telefónica sería Aeropuertos Nacionales (Aena). La gestora de aeropuertos está participada en un 51% por el Estado, tiene una capitalización bursátil de 40.400 millones, casi el doble que Telefónica (21.800 millones), y el año pasado ganó 2.137 millones.
Eso sí, las sinergias de integración entre Telefónica y Aena no son nada intuitivas. Bueno, como las de Poste Italiane y TIM, que únicamente comparten una filial de telefonía móvil irrelevante de la compañía de correos. Sin embargo, han construido una presentación donde aseguran que tienen un “encaje perfecto” para construir “la plataforma de la conexión”. El papel lo aguanta todo y más si lo envuelve un italiano. El encaje es perfecto para el Gobierno del país, que con esta operación pretende construir un “campeón nacional sistémico indiscutible”. Aquí aparece la realidad de la operación: Italia quiere un jugador en las fusiones futuras del sector de telecomunicaciones. Recuerden el nombre de los dos informes estratégicos que ha parido Europa: Mario Draghi y Enrico Letta. Tenemos mucho que aprender.
