Masters de Indian Wells 2026: Alcaraz vence a Ruud y accede a los cuartos de final de Indian Wells | Tenis | Deportes

Sin tapujos: lo contrario hubiera sido toda una sorpresa. No parecía ser Casper Ruud, más bien de capa caída, quien pudiera interrumpir el paso triunfal de Carlos Alcaraz, que deleita como siempre y compite como nunca. Cada vez más redondo. En hora y media despacha al noruego en un pulso partido en dos: monólogo al principio, miga en la continuación. Desenlace lógico: 6-1 y 7-6(2). El español, pues, alcanza por quinta vez seguida los cuartos de final de Indian Wells, continúa invicto y enlaza 15 victorias en este 2026 que, llegados a marzo, pinta de maravilla para él, ahora a la altura de Andre Agassi —también 15 triunfos en su mejor inicio— y día tras día resplandeciente.
“Puedo divertirme y estar concentrado a la vez”, señala con el pase en el bolsillo, sabiendo que este jueves (en horario todavía por definir) jugará contra Cameron Norrie (6-4 y 6-2 a Rinky Hijikata) y que tendrá, por tanto, la oportunidad de ajustar cuentas con el británico, de 30 años y 29º del mundo: le domina por 5-3, pero en el último careo —París, octubre, bajo la cubierta de La Defénse— salió escaldado. En todo caso, en California no hay cubierta ni oscuridad, sino que brilla la luz natural, sopla la brisa y él continúa agrandándose. En este contexto, al aire libre y sobre pista rápida, iguala los 33 triunfos que encadenaron en su día Rod Laver y Novak Djokovic. Sencillamente magnífico.
No han transcurrido ni tres juegos y el enredo constante propuesto por Alcaraz ya ha conseguido desconcertar a Ruud. Por otra parte, nada nuevo en realidad. No es ningún secreto: el noruego (27 años y 13º del mundo) no quiere verlo ni en pintura, conocedor del estado de gracia de un tenista que hoy día compite entre la ingravidez. Él no juega, él flota. Para entonces, el murciano ya ha clavado un globo en la línea y le ha lanzado al rival una declaración de intenciones: ponla donde quieras, que ahí llegaré yo. Además de los golpes, la potencia y la precisión, un recital de piernas. No deja rendija alguna. Pese a que el nórdico haya evolucionado y sea menos conservador, sufre sobremanera.
De ningún modo ayuda su pobre porcentaje de primeros y la cifra creciente de errores no forzados, así que en menos de 25 minutos, Alcaraz ya ha arañado dos roturas (4-0) y sigue apretándole. Avasallando. Exquisito como acostumbra, el murciano va abriéndose paso en el partido con esa seriedad que ha adquirido, como si en vez de estar empezando, como quien dice, fuera un treintañero bregado que se las sabe todas y que va en línea recta. Nada de remolonear. Competir, competir y competir, grabado a fuego. De algún modo, a la par que Jannik Sinner está intentando impregnarse de esa variabilidad suya, rica como ninguna en registros, él ha ido sinnerizándose.
Esto es, Alcaraz desfila por los torneos de la misma forma que el italiano golpea desde la línea de fondo: pam-pam-pam. A piñón fijo. Si antes tenía alguna que otra distracción, hoy su disposición es diferente. De repente, deportivamente se ha hecho mayor. Su concentración se ha disparado —recuérdese, ya es prácticamente un año entero sin patinazos— y se desempeña como un jugador opresivo, asfixiante y cada vez más definitivo. Adornos, sí; eficiencia, también. Tiene ese don de hacer fácil lo difícil y de cambiar de traje sobre la marcha, mientras que el resto no logra dar con la solución: da igual por dónde intenten revolver o escaparse, que la réplica será desproporcionada.
El tercer break sella el primer parcial, y hasta el inicio del segundo el juego no Ruud no ha terminado de atemperarse. Durante media hora, un noruego errático y desdibujado. Luego es otro jugador. Ahora sí hay debate. De la misma forma que fue despojándose de ese corsé tan estrictamente académico que limitaba su proyección, en los últimos tiempos el nórdico ha perdido fuelle y se ha caído del top-10, atrapado tal vez por esa espiral de resignación de la mayoría que se sabe inferior, demasiado lejos de los dos referentes. Hoy por hoy, cuesta un mundo imaginar que alguien pueda hacerles siquiera cosquillas.
No obstante, Ruud consigue rebatir con calidad hasta que el duelo entra en el terreno de lo delicado. Resiste hasta el desempate, pero la tensión continuada y el sobreesfuerzo físico y mental hacen que sus costuras salten finalmente por los aires. “¡Arreándole a la que puedas!”, grita Samuel López. Y prosigue Alcaraz, quien para entonces ya ha soltado un proyectil en estático que alcanza los 179 km/h. Sacar fuerza de la nada, otra marca de la casa. Ya sea con el flequillo ladeado, rapado como en Nueva York, con el pelo oxigenado o este corte mullet de California, el número uno no se cansa de ganar y mantiene la marcha. “¿Se imaginan que…?”, se decía. Y así es: he aquí una verdadera máquina.
