Las apuestas ultrarrápidas de Polymarket disparan la especulación: “Es como fentanilo para criptobros” | Criptoactivos

“La regla fundamental es tener un límite”, dice José, un venezolano de 35 años residente en Madrid. A principios de diciembre, descubrió Polymarket, un mercado de predicciones que permite apostar con criptomonedas sobre cualquier tema: desde la vuelta de Jesucristo hasta cuándo volverá a la normalidad el tráfico en el estrecho de Ormuz. Realizó apuestas sobre temas muy variados: sobre cuántos centímetros de nieve caerían en Nueva York o quién ganaría el Óscar a mejor actor. Pero hace pocas semanas se sumó a una nueva tendencia: cuánto valdrá bitcoin en los próximos cinco minutos. “Entré en un estado de euforia por estar ganando dinero tan rápidamente. Pero tuve que parar porque era demasiado adictivo”, reconoce.
Estas plataformas permiten apuestas binarias sobre los resultados de sucesos futuros. Por ejemplo, antes de la última reunión de la Reserva Federal, se apostaba sobre si iba a bajar los tipos, o si Jerome Powell diría “buenas tardes” en su discurso. Pero las apuestas ultrarrápidas se han convertido en unas de las más activas de la plataforma, con hasta 70 millones de dólares moviéndose cada día. Estos contratos representan más de la mitad de todas las operaciones con criptomonedas en mercados como Polymarket y Kalshi, según el periódico Financial Times.
Las reglas son sencillas: el usuario tiene que escoger si bitcoin habrá subido o bajado cuando acabe el tiempo. Luego el mercado se reinicia y todo vuelve a empezar. “Es como una ruleta, un efecto casino. Me impuse apostar solo una cierta cifra al mes, pero he llegado a gastármela en una noche”, confiesa. Polymarket y su competidor Kalshi se popularizaron en EE UU con las apuestas deportivas, pero durante las elecciones presidenciales de 2024 se generalizaron: en aquel momento, las apuestas daban a Trump como claro ganador mientras las encuestas apuntaban a un posible empate. Desde entonces, apostar dinero sobre los temas más dispares se ha convertido en una tendencia.
Sobre el papel, los mercados de predicciones prometen acceso democratizado. Y la idea de que cualquiera pueda participar ha atraído a inversores que nunca habían realizado apuestas ni tenían experiencia con las criptomonedas, como José. En un principio, este usuario lo hizo para entretenerse. Pero las apuestas de cinco minutos despertaron su ilusión. “Uno tiene esa fantasía de que mete el dinero y se va a multiplicar de alguna manera y rápidamente”, dice. La inmediatez, de hecho, cambió las reglas del juego. Mientras la mayoría de las apuestas pueden tardar meses en resolverse, como las que intentan adivinar quién será el candidato republicano a las presidenciales de 2028, las de 15 o 5 minutos ofrecen una recompensa instantánea. Y por eso son más adictivas.
Para Daniel Urdaneta, que tiene 35 años y vive en Santiago de Chile, son como una droga: “Es muy adictivo, como fentanilo para criptobros”. Este joven nunca ha operado en Polymarket pero conoce bien su funcionamiento. “Es como lanzar una moneda. Es 100% especulación, no hay generación de valor. En las criptos, al menos en las más grandes, existe cierto valor intrínseco, que explica su revalorización en el tiempo. Pero las apuestas de Polymarket son suma cero. Unos usuarios ganan a expensas de otros”, reconoce.
Ramón Adell Argilés, profesor de sociología en la UNED, explica que el juego es una condición humana, pero el entorno digital lo ha cambiado todo: “Se apuesta con un clic, se compra con un clic. El propio sistema tienta y lleva a la adicción”, dice. También ha contribuido a cambiar la concepción del tiempo. “Si en siglos anteriores se conocía el pasado, se vivía el presente y se proyectaba el futuro, el sistema actual hace que estemos en el hiperpresente, donde todo es más instantáneo”, reflexiona Adell Argilés.
Otros creen que este fenómeno refleja algo aún más profundo. Marco Mallameci, filósofo, sociólogo y autor de Poder y dinero en la era bitcoin, habla de capitalismo de casino. “El sistema actual exige formas de inversión cada vez más especulativas, porque son más rentables y atractivas que las productivas a largo plazo. Y hay un esfuerzo por lograr resultados con menos recursos y menos tiempo”, sostiene.
Una válvula de escape
La inmediatez y la especulación hacen que todo se transforme en un juego y en una apuesta constante. “Hay un exceso de ludificación de los fenómenos sociales: cualquier app de pedidos, billeteras cripto, el homebanking te hacen jugar, te dan premios“, insiste Mallameci. Pero los ritmos frenéticos de la sociedad, el auge tecnológico y la búsqueda de lo lúdico no explican por sí solas este fenómeno. Hay otro factor: las apuestas se convierten en una válvula de escape para lograr un cambio en la vida: “En el siglo XIX, XX, teníamos unas clases sociales, la burguesía, el proletariado. Pero la sociedad contemporánea no tiene nada que ver con esto. El burgués corre el riesgo de caer a clases bajas, mientras que los ultrarricos son rentistas y accionistas. Hay una presión constante para llegar a lo máximo. Y las apuestas se convierten en una válvula de escape para cambiar tu vida de la noche a la mañana”, señala Adell Argilés.
Pero la expectativa de hacerse millonarios es solo una ilusión. Estos mercados han atraído a muchos especuladores, traders más sofisticados, aquellos que hasta hace poco optaban por invertir directamente en bitcoin o derivados. A la vez, la inmediatez de las apuestas ha impulsado el acceso de oleadas de bots de negociación automatizada capaces de explotar pequeñas discrepancias de precio en milisegundos, con los que un inversor cualquiera no puede competir. Y las probabilidades de lograr amplias ganancias se reducen aún más ante un mercado amañado. A todo ello se suma la duda sobre inversores que operan con información privilegiada: en pocos meses, las apuestas para predecir la fecha de inicio de la ofensiva en territorio iraní amasaron unos 447 millones de euros en Polymarket. Después de los primeros bombardeos, solo un puñado de cuentas lograron ganancias de cientos de miles de dólares.
“La información privilegiada puede generar grandes descompensaciones y dejar a los operadores totalmente al descubierto. Esto genera incentivos perversos y el inversor minorista tiene las de perder. Es muy peligroso jugar en una partida que está trucada, porque lo más probable es que pierdas”, reconoce Javier Cabrera, analista de mercados. Daniel Urdaneta coincide con esta visión y cree que el usuario tiene todas las de perder. “Entiendo que para nuestra generación está complejo el panorama. Es muy poco esperanzador invertir en fondos mutuos o acciones que a duras penas le ganen a la inflación. Pero la solución no pasa por meter nuestros ahorros en un casino”, concluye.
