La tormenta en el crédito privado hunde en Bolsa a las gestoras de capital riesgo | Mercados Financieros

Los problemas crecen para el capital riesgo. En los últimos meses, se han alineado las dudas sobre la futura rentabilidad de las empresas de software, uno de sus sectores predilectos, la avalancha de salidas de los fondos de crédito con liquidez parcial y la guerra en Irán. Y a estos factores se unen las dificultades que arrastra desde el año pasado para vender los activos en tiempo y forma. En este contexto, las caídas en Bolsa de las gestoras de capital riesgo en 2026 oscilan entre el 16% de la suiza Partners y el 34% de la estadounidense Ares Management. Entretanto, el S&P 500 pierde un 7%, mientras que el Ibex se deja algo más del 2%.

Siete de cada diez euros prestados por los vehículos de crédito privado, que conceden préstamos al margen de los circuitos bancarios tradicionales, son para compañías participadas por fondos de private equity, según los últimos datos del Fondo Monetario Internacional (FMI). La simbiosis ha sido ventajosa para ambas partes. Los primeros lograban rentabilidades del 5% con la deuda más segura, del 7% con la subordinada y hasta del 14% en la que casi equivale a capital (preferred equity, en el argot), de acuerdo con fuentes de la gestora española especializada en crédito privado Incus Capital. Los segundos obtenían el dinero con más facilidad que en las entidades financieras.

Las gestoras de inversiones alternativas suelen contar también con tentáculos centrados en estrategias de crédito a través de fondos específicos y de participaciones en las conocidas como BDC (compañías de desarrollo de negocios, por sus siglas en inglés), que también han sufrido desplomes en Bolsa. El caso más extremo es el de Blue Owl, el origen del seísmo en los fondos de crédito abiertos a particulares, con una caída del 41% en lo que va de año.

Desde un punto de vista global, la exposición al crédito de los grandes private equity que se negocian en Bolsa es muy elevada. Bridgepoint, Partners, CVC, EQT, Blackstone, Apollo, The Carlyle Group y Ares Management revelan que su cartera de créditos suma en conjunto unos 3,6 billones de euros. Es prácticamente la mitad de todos sus activos, según los datos reportados a cierre del ejercicio. “Son los mismos actores en diferentes partes del tablero de juego; es lógico que hayan sufrido en Bolsa”, sentencia un directivo que conoce en profundidad el mercado de crédito privado.

El private equity atraviesa un cuello de botella a nivel mundial que se refleja en la captación de capital del año pasado, la más baja en nueve años. Esta contracción es el efecto directo de las dificultades de los fondos para vender los activos a precios atractivos y estos problemas, a su vez, han disparado el periodo de duración de las carteras ―con una media de 5,6 años en España―, lo que impide a los fondos desinvertir y devolver el dinero a sus clientes en los plazos estipulados. En consecuencia, al tener su capital inmovilizado en vehículos ya vencidos, los inversores carecen de la liquidez y la disposición necesarias para financiar fondos de nueva creación. Por lo tanto, se interrumpe el ciclo natural de actividad del sector.

Para solucionar el círculo vicioso se han puesto en marcha diversas fórmulas. Entre ellas, los fondos de continuación, mediante los que las gestoras traspasan los activos de un vehículo a otro en una compra que requiere de capital y financiación adicionales, y el pago de dividendos de las empresas a los fondos propietarios a base de solicitar más deuda (dividend recap, en la jerga). Este último formato amenaza la viabilidad de aquellas compañías si el escenario de tipos a la baja se tuerce, como ha ocurrido con la guerra de Irán, que ha exacerbado las tensiones inflacionistas, disparando las rentabilidades de la deuda.

Tony Yoseloff, socio director del hedge fund Davidson Kempner, fue el primero en abrir la caja de Pandora en público y sin ambages. El ejecutivo ha advertido que una parte sustancial de la industria del private equity ya está “estresada o en situación de dificultad”. “No estás mirando un problema de aquí a cinco años, estás mirando un problema que existe hoy”, ha señalado. Esto retroalimenta las dudas sobre el crédito privado, ya que el deterioro de las empresas controladas por los fondos implica rebajar la calidad de los avales de los préstamos.

Davidson Kempner avisa en un documento de que la situación es compleja. “Los altos precios de compra en la era de tipos de interés cero y la normalización de los tipos han derivado en un apalancamiento elevado y en restricciones de liquidez para muchas empresas, que tendrán que abordar sus estructuras de capital de manera más integral”, explica.

El ojo del huracán está en las empresas ligadas a la IA, debido a que es imposible que todas sobrevivan, y también en aquellas con modelos de negocio que pueden ser devorados por ella, como las firmas de software. Los préstamos a las tecnológicas representan entre el 19% y el 25% de los vehículos de préstamos privados, de acuerdo con los últimos datos de Goldman Sachs y de la agencia de rating Standard & Poor’s. El banco de inversión reconoce que estas empresas están más apalancadas que otras y avisa de que los préstamos al sector del software están expuestos a sufrir tasas de recuperación de préstamos impagados más bajas, ya que cuentan con “menos activos tangibles que puedan ser utilizados como garantía”.

UBS alerta de que, en el escenario más adverso —aquel provocado por una “disrupción rápida y severa” debido a la IA—, las tasas de impago alcanzarán el 15% en el crédito privado. Las empresas compradas a precios desorbitados en la era de los tipos cero son las que más riesgos corren. Standard & Poor’s afirma en su último informe que “las operaciones originadas en 2021 —un periodo de estímulo monetario y fiscal sin precedentes, capital barato y valoraciones elevadas— representan un volumen desproporcionado de las calificaciones CCC [que suponen situarse a pocos escalones del impago] y parecen particularmente susceptibles a condiciones adversas”.

Al factor del estado de salud de los créditos se añade la oleada de reembolsos que sufren los fondos semilíquidos, que dan acceso a los minoristas. El seísmo comenzó con la firma Blue Owl. Tras una avalancha de solicitudes de liquidez a finales de febrero en uno de sus fondos, cerró el vehículo con 1.400 millones de dólares en créditos y comenzó su liquidación ordenada. Esto provocó un efecto dominó. El siguiente afectado fue BlackRock, con un producto con 26.000 millones de dólares en el que se solicitaron reembolsos por casi el 10% —y limitó la distribución al 5%—, y más tarde han ido desfilando vehículos de Morgan Stanley, Cliffwater, Apollo y Ares.

El tamaño del crédito privado se ha disparado en los últimos años, con una cuantía que se ha multiplicado por 12, al pasar de los apenas 150.000 millones de dólares que atesoraba hace 20 años hasta el entorno de los 1,8 billones de dólares, de acuerdo con los datos de la consultora especializada en mercados privados Preqin. La mayor parte de esos activos está concentrada en Estados Unidos, pero el importe continúa siendo muy significativo en Europa, con alrededor de medio billón de euros.

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