La terrible adicción al suspense | Deportes

El penalti es una cosa del demonio. Es la analogía más certera que hay de la norma periodística que indica que siempre hay que escuchar a todas las partes de una historia. Por un lado está el lanzador, que ve cómo durante unos instantes que parecen eternos el guardameta se va agrandando y la portería empequeñeciendo. En el otro, el portero piensa en la repentina enormidad de su arco. La portería, sin embargo, se mantiene siempre en sus 7,32 metros de largo y sus 2,44 metros de alto.
Hay estadísticas que dicen que se fallan el 33% de los penaltis lanzados en el mundo —esa cifra bajaría hasta el 15% en las principales ligas europeas— pero los datos no son capaces de recoger todo lo que rodea al lanzamiento de una pena máxima. Por no hablar de la tensión que se genera en las tandas de penaltis que pueden decidir un campeonato del mundo, una copa de Europa o un torneo de barrio. Ese silencio que se crea evoca a una frase de Oscar Wilde: “El suspense es terrible. Espero que dure”. Los penaltis son una cosa del demonio, sí, pero también muy divertidos. Sobre todo cuando tu equipo no está en medio.
En sus inicios, el fútbol era bastante básico y muy violento. De ahí que se fueran añadiendo elementos y normas para acotar la fogosidad de la chavalería. El saque de esquina, por ejemplo, llegó en 1873. El larguero en 1875. En 1991 llegó el penalti. Lo hizo con gran polémica —muchos consideraban que coartaba la libertad de los jugadores—. Su creador fue un portero irlandés. Se llamaba William McCrum y pensó que la nueva norma amansaría a las fieras. Hoy, un mojón de granito indica “el sitio en el que nació el penalti” en la localidad irlandesa de Milford. El penalti (Libros del K.O) es el libro en el que Robert McCrum, bisnieto del inventor, cuenta la historia de la regla, combinándola con la del fútbol, la de su familia o la relación entre Inglaterra e Irlanda del Norte. Lo hace de una forma original, divertida, irónica y didáctica. Igual que un penalti, combina con maestría las dos caras del juego: la defensa y el ataque.
