La reinvención del Real Madrid | Fútbol | Deportes

Cuando Federico Santiago Valverde Dipetta se benefició de un rechace que le dejó el balón franco en el área del Atlético, se puede ver en la repetición a Vinicius, a su lado, dando pasitos atrás tratando de desaparecer, haciendo un gesto de “tú, tú”. Pudiendo ofrecerse para rematar a puerta vacía, Vinicius vio tal alucinación en la potencia y determinación de Valverde que entendió que la mejor decisión era sacarse de en medio. Es probable que hasta le diese miedo. En este momento de la temporada, si el uruguayo arranca como un tren de mercancías, es mejor que se escondan hasta los compañeros. Buscó él solo el secundo gol y se quedó un balón perralleiro que machacó a la red. Y en esas estaba, jugando un partidazo, cuando en el 76 el árbitro lo mandó a la ducha con una de esas rojas que se sacan cuando uno no sabe lo que lleva en el bolsillo. Si le llega a sacar el recibo de la luz, le obliga a pagársela.
El Atleti se había adelantado con un golazo que tuvo de protagonista a Giuliano Simeone. Siempre hay un jugador hosco, resistente, de tremendos pulmones y lucha y cancherismo, no hecho para jugadas dulces, que de repente en medio de un partido se destapa con una sutileza fuera de lo común. Como ese amigo avaro que de golpe, una tarde, se pone espléndido y después de pagar la cuenta, compra el restaurante. Así el taconazo acolchado de Simeone, que prolongó un balón de espaldas en medio del área para que Lookman matase a Lunin. Fue un gesto casi de coquetería de Simeone, un jugador al que no esperabas verlo con el violín. Y le partió el violín al Madrid en el marcador.
La remontada blanca la empezó un viejo conocido del Atlético, Brahim Díaz. Otra vez su cintura pinturera, un jugador desclasificado, una de esas rarezas que todo club grande necesita si no como titular, sí como luz ultravioleta. Empezó a desmayarse en el área Brahim como cuando se desmontó un momento el tobillo en Champions en el derby hace dos años, y le hicieron un penalti que metió Vinicius.
El golazo de la noche lo hizo Nahuel Molina: da hasta gusto ver cómo controla la pelota adelantándola para disparar, y la cara que pone cuando golpea. Millones de niños crecen soñando marcar un gol así.
No fue titular Trent Alexander-Arnold por una impuntualidad en un entrenamiento. Está cuajando esta servidumbre al populismo que al parecer ya funciona con éxito en el Barcelona con Flick. Allí se ha quedado sin jugar en algún momento de esta temporada Koundé (nunca Lamal o Pedri, por puntuales y por lo que sea también) y en Madrid, de la mano de Arbeloa, ha jugado Carvajal por saber Dios qué impuntualidad de Arnold, igual era hora punta en el metro. Se supone que cuantos menos minutos haya tardado, más imagen de severidad y exigencia da el entrenador que toma la medida. Severidad y exigencia con cuestiones personales que acarrea que no haya tanta con cuestiones de táctica y juego, sometidas a un atasco, un despiste o cualquier tontería que puede provocar un retraso.
Salió Trent Alexander Arnold en la segunda parte y abrió el tercer gol con una pequeña cabalgada rompelíneas que encendió a los dos delanteros. Mbappé arrastró a la defensa (por fin) y se abrió hueco para Vinicius, que bailó la pelota hasta la portería. Seguro que pudo hacer más el defensa y el portero; seguro que, haciendo más, Vinicius hubiera hecho lo mismo y conseguido el gol. Está dotado el brasileño de la punta de velocidad que descomprime la imaginación. Da igual que sepas lo que va a hacer: no puedes evitarlo.
Por cierto: el novato Arbeloa, tan sospechoso para los que lo están esperando con la guadaña, ya se ha levantado, y no quedándose quieto precisamente sino innovando y metiendo mano, a Mourinho, Guardiola y Simeone. Ha reinventado al Madrid en un momento delicado y finísimo que, a falta de saber cómo acaba, al menos ha puesto a la afición inquieta, agitada, expectante.
