La reina Mikaela Shiffrin se redime en el eslalon y conquista el oro en Milán-Cortina | Deportes
Brilla el sol tras la ventisca en las Tofane, montañas de los Dolomitas en las que Lindsey Vonn, aún adolescente, subió a su primer podio internacional allá por 2004, y Mikaela Shiffrin, la otra gran leyenda estadounidense del esquí alpino, disciplina en la que ostenta 108 victorias en la Copa del Mundo, más que ningún otro deportista, hombre o mujer, sonríe al fin tras conquistar otro oro olímpico, el tercero de su carrera. A punto de cumplir los 31, la de Colorado se sabía favorita en el eslalon individual, su última oportunidad de medalla en unos Juegos Olímpicos en los que ya había desperdiciado dos balas: primero, con Breezy Johnson en el eslalon por equipos, donde terminó a seis centésimas del bronce; y solo unos días después, en el gigante, donde concluyó undécima, lejos del oro de Federica Brignone que también fue suyo en Pieonchang 2018.
“No quiero poner excusas. Estaba preparada y no me ha salido el día, así que si quiero mejorar tendré que aprender de mis errores”, dijo Shiffrin, tan respetuosa siempre como preocupada por dejar un poso que trascienda a los simples resultados. “Estar aquí ya es un privilegio”, explicó desde lo más alto de los Alpes; “pero lo que de verdad me interesa es competir representando mis valores, es decir, ser amable y tratar de fomentar siempre la inclusión, la diversidad y la igualdad de género en este deporte”.
En 2023, quien ya era considerada la mejor esquiadora de todos los tiempos rompió lazos con Mike Day, el entrenador que la había acompañado durante los últimos siete años. En su lugar contrató a una mujer, Karin Harjo. “Conozco de sobra sus capacidades, pero no solo quiero que lidere mi staff por eso, sino por su condición de mujer. Quiero que el foco vuelva a caer en las mujeres entrenadoras. Que se sepa que existen”, advirtió Shiffrin. Tres años después, Harjo no solo continúa a su vera como entrenadora jefa, sino que se acaba de convertir en la primera mujer que diseña un recorrido de esquí alpino en la historia de los Juegos Olímpicos, pues trazó los sinuosos virajes del gigante que coronó el pasado domingo a la italiana Brignone.

“Las mujeres merecen ser valoradas de idéntica manera que los hombres”, resume Shiffrin, que dos años antes de fichar a Harjo, en 2021, se había negado a asistir a la ceremonia de entrega de medallas del Mundial en el que había conquistado el oro en la prueba combinada, precisamente en Cortina d’Ampezzo. La prensa norteamericana habló entonces de un “capricho de princesa”, atizando a la de Vail (Colorado) por su desdén hacia la organización. Poco después se supo que el de Shiffrin había sido un gesto de rebelión, pues el acto se había retrasado varias horas para no interferir en el desarrollo del super-G masculino.
En el eslalon de Tofane, la reivindicativa Shiffrin cerró esta mañana la primera manga con el mejor tiempo (47s13), ocho décimas más rápida que la alemana Lena Dürr y un segundo mejor que la sueca Cornelia Öhlund, de tan solo 20 años. No pudo concluir entre las 30 primeras y garantizar su presencia en la segunda y definitiva tanda la donostiarra y vigente campeona de España Arrieta Rodríguez, que, con un tiempo de 51s19, se estrenó este miércoles en unos Juegos Olímpicos —26 años después de la plata de Blanca Fernández Ochoa en Albertville— con una notable 39ª posición, por delante de otras 45 competidoras y a apenas un segundo de avanzar a la lucha por las medallas.
En la segunda manga, no obstante, ahí donde se suman los tiempos de la primera para computar el resultado final de una prueba vertiginosa, técnica como pocas y en la que no hay cabida para el error en ninguna de las 64 puertas, Shiffrin, última en salir, más tensión si cabe, no falló y detuvo el crono en 51s97, solo superada por la también estadounidense Paula Moltzan (51s39), 28ª en la primera sesión y octava en la tabla final tras una excelsa remontada.

Regular como nadie en las laderas de las Tofane, algo que no pudo obrar en Pekín 2022, donde solo terminó la mitad de sus pruebas y se marchó sin medallas al cuello, víctima de la presión, Shiffrin ha reconquistado este miércoles el terreno perdido. Con un cómputo total de 1m39s10, y tras terminar primera y segunda en las dos mangas, la de Colorado se ha colgado su tercer oro olímpico tras los conseguidos en el eslalon de Sochi 2014 y en el eslalon gigante de Pieonchang 2018, un hito, el de los tres títulos, inédito para cualquier esquiadora estadounidense.
Tras los errores de Dürr y Öhlund, candidatas al podio tras el eslalon matinal, la suiza Camille Rast ha sido plata (cuarta en la primera sesión y quinta en la segunda para un total de 1m40s60, a segundo y medio de Shiffrin, la mayor ventaja en cualquier prueba olímpica de esquí alpino desde 1998) y la sueca Anna Swenn Larsson se ha colgado la medalla de bronce (quinta y novena, con una marca final de 1m40s81). Sin opciones de luchar por los puestos de privilegio, la donostiarra Arrieta Rodríguez ha dejado un buen sabor de boca en la segunda tanda (55s64) y ha escalado hasta la 33ª posición final (1m46s83), a algo más de siete segundos de la inalcanzable Shiffrin.
