La guerra en Irán impacta ya en la producción de alimentos por el encarecimiento de los fertilizantes | Economía
La guerra en Irán ya está impactando en la producción de un bien mucho más esencial que la gasolina: la comida. Aunque aún no se aprecia en las estanterías de los supermercados, en el campo la sacudida ya es evidente. Con poco más de una semana de hostilidades, los productores en todo el mundo ya pagan un 20% más por los fertilizantes, en concreto por la urea, el abono más utilizado del mundo. Tras la mayor subida semanal de su precio desde la invasión rusa de Ucrania, la tonelada de ese compuesto presente en la orina supera los 585 dólares (570 euros), según su cotización en el mercado de Egipto, la referencia mundial para las entregas en marzo.
“La situación ya es grave y podría empeorar respecto a lo vivido con la guerra de Ucrania”, advierte José María Castilla, director de la Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores en Bruselas. Esta vez, el suministro europeo ya llega tensionado: las importaciones rusas, el segundo proveedor de la Unión Europea, pagan aranceles del 6%, lo que encarece aún más el abono disponible. “Ya es preocupante”, añade Cristóbal Cano, secretario general de la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos. Castilla recuerda además que algunos productores europeos han llegado a pagar más de 600 euros por tonelada en los últimos días.
Los cultivos con mayor demanda de fertilizante, como los cereales o el girasol, serán los primeros en trasladar la subida del precio al consumidor final, encareciendo el pan, la pasta o el aceite de girasol. Nadie se atreve a precisar el impacto, pero las asociaciones agrarias consultadas por El PAÍS insisten en que podría ser esporádico si el conflicto se resuelve en pocas semanas. Por ahora, parte del suministro procede de compras realizadas meses atrás; esas reservas han limitado un alza mayor.
¿Por qué el abono se encarece?
La apreciación del abono responde al fuerte aumento del precio del gas natural, cuya cotización se ha duplicado en Europa y resulta esencial para fabricar fertilizantes, que en la mayoría de los casos se obtienen a partir del nitrógeno del aire. En el caso de la urea, el combustible representa más del 70% de su coste, según estima la Agencia Internacional de la Energía.
“El alza del gas es el principal motivo para la subida de los precios”, afirma José María García, catedrático de Economía de la Universitat Politècnica de València. Una escalada que podría tardar en moderarse, dado que Qatar, el principal productor del mundo, paralizó el lunes la producción de la mayor planta de exportación de ese combustible tras ser objetivo de un ataque de drones iraní.

Como la mayor parte del suministro de gas está en el Golfo, también están allí gran parte de las fábricas de producción de fertilizantes. Casi un tercio de las exportaciones mundiales procede de esa región —sobre todo de Irán, Arabia Saudí y Qatar— y cruza el estrecho de Ormuz, una franja de mar de apenas 34 kilómetros en su punto más angosto entre Irán y la península Arábiga.
El bloqueo parcial impuesto por la Guardia Revolucionaria iraní ha estrangulado las rutas de transporte, con más de 3.000 barcos detenidos a ambos lados del estrecho. A la congestión marítima se suma la caída de la producción: la planta alcanzada por Irán abastecía de gas a otra empresa catarí responsable de cerca del 10% de las exportaciones mundiales de urea, ahora también parada.
Los fertilizantes que atraviesan el principal cuello de botella del conflicto se dirigen en su mayoría a Oriente y acaban en la India y Turquía, entre otros mercados asiáticos, y en menor escala a Estados Unidos y Brasil, grandes productores agrícolas. Así lo apuntan datos del Centro Internacional del Comercio, una agencia dependiente de las Naciones Unidas y de la Organización Mundial del Comercio. Aquellos países son los primeros afectados por cualquier interrupción del flujo. La dinámica recuerda a la observada en el mercado del petróleo y del gas y, de la misma manera, la búsqueda de nuevos proveedores por parte de los asiáticos y los americanos acaba afectando indirectamente a todos, incluidos los europeos.
“Dado el desajuste entre oferta y demanda a nivel mundial, se ha producido un aumento del precio de los abonos, especialmente acusado en el caso de la urea, que está afectando a todos los mercados”, afirman desde la Asociación Española de Fabricantes de Fertilizantes.
España, entre los más afectados en Europa
Los países que más notarán la subida de los precios de los fertilizantes —y su posible impacto en los productos que acaban en las estanterías de los supermercados— son aquellos más dependientes de la producción agraria y de las importaciones de estos insumos. En Europa, además, el impacto tiende a propagarse entre los países porque buena parte del comercio agrícola y de fertilizantes se produce dentro del propio mercado comunitario. España, con un sector agrario relevante y elevada dependencia exterior, es uno de los más expuestos.
“La urea utilizada por los productores españoles se fabrica, en su mayoría, fuera del país”, señala Andrés Góngora, miembro de la comisión ejecutiva del sindicato agrario Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos. Dentro de la UE, solo Francia y Bélgica importan más abono que España, cuyo mercado nacional depende en un 60% de las importaciones, según las estimaciones de la Asociación Nacional de Fabricantes de Fertilizantes.


Tanto España como el resto de Europa dependen en gran medida del norte de África para abastecerse de fertilizantes: Marruecos, Egipto y Argelia aportan cerca del 36% de las importaciones comunitarias, según datos de la oficina de estadísticas de la UE (Eurostat). Tras ellos se sitúa Rusia, que mantiene una cuota de mercado del 22% pese a las sanciones graduales impuestas el año pasado. Así, estas dos regiones concentran ya la mayoría del abono que entra en la UE. Dentro del propio bloque, países como Bélgica también actúan como suministradores, aunque a su vez dependen de las importaciones africanas.
Nada está tan mal como para no poder empeorar. Andrés Góngora alerta de que, si la crisis se prolonga y llega a amenazar el suministro en otros grandes exportadores como Egipto, debido al encarecimiento del gas natural, estos podrían limitar sus ventas para proteger sus reservas. “Eso dispararía los precios de los fertilizantes en cuestión de días”, anticipa. La guerra también provoca hambre lejos de los campos de batalla.
