La guerra en Irán golpea la deuda europea y fuerza el repunte de las primas de riesgo | Mercados Financieros
La guerra en Irán ha irrumpido con fuerza en los mercados, devolviendo una volatilidad que parecía controlada. La incertidumbre crece al ritmo de las rectificaciones y cambios de tono del presidente estadounidense, Donald Trump, que alteran casi a cada hora el rumbo de los inversores. En ese clima de desconcierto, las ventas se extienden por las Bolsas, la deuda e incluso el oro, tradicional refugio en tiempos convulsos. Europa, que a comienzos de año se presentaba como una de las regiones más atractivas por valoración y perspectivas, queda ahora en el centro de la diana, lastrada por una dependencia energética que vuelve a situarla en primera línea de vulnerabilidad.
El deterioro del mercado de deuda ha devuelto a primer plano la prima de riesgo, un indicador que cobró protagonismo durante los momentos más duros de la crisis de la eurozona. La evolución del conflicto, la falta de señales claras de distensión y un brent en torno a los 100 dólares refuerzan las previsiones de una inflación más persistente y de tipos de interés más altos. Aunque el ascenso de las rentabilidades afecta a todos los plazos y emisores, son los bonos de la periferia —junto a la deuda francesa— los que concentran la mayor presión. La prima española, que a comienzos de año se situaba por debajo de los 40 puntos básicos, supera ya los 50, máximos de octubre. En Francia, el diferencial ha pasado de los 55 puntos registrados tras la aprobación de los presupuestos a los 71 actuales, mientras que el riesgo país italiano ronda los 90 puntos básicos y llegó a rebasar los 100 en los minutos previos al anuncio de Trump sobre unas “conversaciones productivas” con Irán.
Antonio Castelo, analista de iBroker, apunta que desde el estallido del conflicto el mercado de deuda ha dejado de fijarse únicamente en las perspectivas de crecimiento y ha vuelto a un criterio clásico: la solidez fiscal de cada país. “En las fases de calma, las primas de riesgo tienden a comprimirse porque el inversor premia la estabilidad del euro y la red de seguridad del BCE. Pero cuando irrumpe un shock como el actual —que empieza siendo energético y puede agravarse si se recalientan las expectativas de inflación y surgen dudas sobre el crecimiento—, el mercado vuelve a discriminar”, explica el experto. En ese proceso, las economías más endeudadas o con mayores déficits son las que salen perdiendo.
Los datos fiscales refuerzan esa lectura. Aunque el giro presupuestario de Alemania el año pasado generó críticas en los círculos financieros, sus cuentas públicas siguen siendo mucho más robustas. A cierre de 2025, el país registró un déficit del 2,4%, por debajo del umbral del 3% fijado por las reglas europeas y lejos del 5,4% de Francia o del 3,1% de Italia. También en deuda pública Alemania mantiene ventaja: su ratio deuda sobre PIB supera ligeramente el 60%, frente al 117% de Francia, el 137,1% de Italia o el 100,8% de España. “Si cuando las cosas van bien no aprovechas para hacer reformas y poner orden en las cuentas públicas, cuando el ciclo se tuerce, los inversores pierden la paciencia y los países tienen menos herramientas de política fiscal para apoyar a la economía y amortiguar el golpe”, recuerda David Ardura, director de inversiones de Finaccess Value.
Hasta hace unos meses, las buenas perspectivas de crecimiento ayudaban a que economías como la española o la italiana redujeran sus desequilibrios fiscales, un avance que tanto los inversores como las agencias de calificación venían destacando. Tras recuperar en septiembre la nota perdida durante la crisis de deuda, España volvió hace dos semanas a someterse al examen de Fitch, que mantuvo sin cambios su calificación y perspectiva. La agencia, sin embargo, lanzó una advertencia: la falta de una agenda fiscal clara dificulta la aplicación de reformas estructurales y aumenta la incertidumbre sobre la trayectoria de consolidación, así como sobre la capacidad del país para afrontar las presiones de gasto cuando el impulso de los ingresos empiece a moderarse.
Tras estas advertencias, otras gestoras añaden que la vulnerabilidad europea no procede solo de los desequilibrios fiscales. María Morales, directora de renta fija en Buy & Hold, recuerda que la región afronta dos factores estructurales adicionales: carece de producción propia de petróleo y deberá asumir un aumento sostenido del gasto en defensa en respuesta al nuevo contexto geopolítico. “Ambos factores han llevado a los mercados a descontar que estos países tendrán que incrementar su deuda y retrasar la reducción de los déficits fiscales ante una coyuntura de menor crecimiento y mayor inflación, algo que ya se refleja en sus tipos de interés”, explica.
A pesar del ruido de las últimas semanas, Castelo recuerda que el escenario actual dista mucho del vivido hace una década. “No estamos ante una crisis soberana como la de 2011-2012, pero sí ante un recordatorio serio de que la deuda barata no está garantizada cuando regresan la inflación importada, el riesgo geopolítico y la fragilidad fiscal. Y eso obliga a mirar las primas de riesgo con más respeto: cuando el mercado deja de premiar la complacencia, vuelve a premiar la credibilidad”, apunta.
La tensión en las primas de riesgo no apunta a una repetición de viejas crisis, pero sí a un cambio de viento que los mercados ya han empezado a descontar. En un entorno marcado por la incertidumbre geopolítica y la presión inflacionista, los inversores vuelven a mirar la deuda europea con un escrutinio más severo, conscientes de que el margen fiscal será el verdadero termómetro en los próximos meses.
