La guerra en Irán expone la seguridad alimentaria a una serie de riesgos en cadena | Opinión
La guerra de Irán tendrá un impacto mayor en la seguridad alimentaria que la de Ucrania, aunque los precios actuales no lo dejen ver. Un tercio del volumen mundial de urea transita por el estrecho. A poco menos de 700 dólares la tonelada, cuesta casi un 50% más que antes de los bombardeos, pero sigue un 20% más barato que el máximo de cuatro años. Se debe en gran medida a que el precio del gas natural licuado (GNL) usado para hacer urea a partir de amoníaco se disparó en 2021 por los temores sobre el suministro en Europa, y a que los altos precios del trigo tras una mala temporada de cultivo llevaron a los agricultores a plantar más. Ahora, casi el único ingrediente de los fertilizantes que cotiza por encima de 2022 es el azufre: Oriente Próximo aporta casi la mitad, y la demanda ha crecido tanto por parte de las mineras de níquel como de los fabricantes de semiconductores.
La repentina pérdida de suministro de químicos y de combustible agrava el problema. India depende en gran medida de la urea y el GNL importados por el estrecho. Australia tiene abundante GNL, pero recibe más de un tercio de sus fertilizantes del Golfo, así como gran parte del gasóleo necesario para transportarlos. A algunos agricultores del país ya se les cotiza la urea a 1.100 dólares la tonelada.
A corto plazo, estos problemas solo pueden afectar a la próxima cosecha en aquellos países donde la temporada de siembra ya ha acabado. Pero es probable que los Gobiernos, por precaución, limiten o prohíban algunas exportaciones de alimentos, como hizo India con el arroz en 2022. Cuanto más dure el conflicto o sigan altos los precios, más se intensificarán estas medidas. Y los agricultores tendrán que usar menos fertilizantes, o cambiar a cultivos que requieran menos químicos o ninguno, como las lentejas. Hay otros riesgos: el productor de fertilizantes Yara, por ejemplo, va a cerrar una planta en Australia dos meses para reparaciones. Y el cambio climático.
No hay un sustituto fácil para los fertilizantes. Prescindir de ellos puede tener efectos nefastos. Sri Lanka los prohibió junto con los pesticidas en 2021. Dio marcha atrás al desplomarse los rendimientos de las cosechas, pero sembró las semillas de un levantamiento popular. Por ahora, es poco probable un resultado tan extremo. Pero la lucha por obtener nutrientes vegetales hará subir los precios de los alimentos.
Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías
