La desigualdad de los hogares en España: cambio y causas | Economía nacional e internacional
No cabe duda de que en los últimos años la desigualdad ha debido estar en el centro de cualquier análisis sobre la prosperidad y el bienestar de las familias españolas. La crisis de 2008 tuvo un impacto difícil de despreciar, ya que dejó un mercado laboral fracturado, con tasas de precariedad récord y salarios estancados para las rentas más bajas. Los datos de las diversas encuestas que medían los principales parámetros, como los salarios o dicha precariedad, dibujaban una primera parte de la década pasada en colores muy oscuros, muy pesimistas dado el fuerte aumento del desempleo y la escasa evolución de los salarios nominales que se tradujeron en caídas generalizadas de los reales, en buena parte entre los trabajadores que menos ganaban.
Sin embargo, los datos más recientes de la Encuesta de Condiciones de Vida del INE revelan cambios en estas mediciones que parecen consolidarse a pesar del impacto creado a inicios de esta década por el covid. Así, con los datos recientes de la ECV, y comparando los años 2018 y 2024 (años correspondientes para las rentas en las ECVs de 2019 y 2025), la desigualdad en las rentas percibidas por los hogares ha caído de forma significativa.
El índice de Gini, que mide la desigualdad en una escala de cero (igualdad perfecta) a uno (desigualdad máxima), ha pasado del 0,33 a algo menos del 0,31 en la renta disponible de los hogares. Esta reducción del 6,5% en términos reales es significativa, pero lo más llamativo está en los salarios individuales al pasar el Gini salarial del 0,47 al 0,43. Estas cifras, aparentemente modestas, esconden cambios dignos de analizar. No es solo que la desigualdad haya bajado, sino que, además, dicha caída se ha producido por un aumento de las rentas más bajas mayor al de las altas.
Para entender qué ha provocado esta caída, he analizado los microdatos de la encuesta, descomponiendo los cambios en la distribución de la renta por fuentes de ingreso y características de los hogares. Hecho esto, la primera pregunta es inevitable: ¿se debe esta reducción a una mayor redistribución del Estado, a mejoras del SMI, a la reforma laboral o hay algo más?
Los datos son clarificadores. En primer lugar, se puede decir que la caída de la desigualdad de los hogares se explica mayoritariamente por la mejora en las rentas de mercado, es decir, los salarios, y bastante menos por un aumento de las transferencias sociales, incluidas las pensiones. De hecho, el peso de las transferencias no contributivas (desempleo, ayudas familiares, exclusión social) ha caído del 5,3% al 2,2% de la renta total de los hogares presentes en la encuesta, a pesar de la puesta a disposición de nuevos instrumentos durante este periodo. Esto no es un problema, sino un síntoma de éxito: menos hogares necesitan ayudas porque tienen mejores salarios. El cambio observado en el Gini de renta disponible se debe en un 77% a que las rentas son ahora más igualitarias, y solo en un 23% a cambios en la composición de los hogares. Esta es la primera pista importante: el mercado de trabajo, no el Estado del bienestar, parece dirigir buena parte de la reducción de la desigualdad. El desempleo, al caer, ha mejorado sensiblemente las rentas de los hogares españoles. Sin embargo, las políticas públicas no han sido, ni mucho menos, ajenas a este cambio.
Y esto se entiende bien mirando a los cambios en la distribución de los salarios. Los trabajadores situados en el percentil 15 de la distribución salarial, aquellos que ganan más que solo el 15% de los trabajadores, han visto aumentar su salario real en un 59% entre 2018 y 2024. Los del percentil 25 han crecido un 56%. Mientras tanto, quienes se sitúan en la parte alta de la distribución apenas han experimentado un crecimiento del 5%. Esta “compresión desde abajo” tiene un sospechoso: el Salario Mínimo Interprofesional. Su aumento ha podido actuar como un suelo que empuja hacia arriba los salarios más bajos, reduciendo la dispersión salarial de forma directa y también indirecta, al elevar los convenios colectivos y los salarios base.
Pero el SMI no explica todo, aunque según los datos sería la principal explicación. La reforma laboral de 2021 también ha podido dejar alguna huella. Y es que uno de los cambios más notables del mercado laboral español es la caída drástica de la temporalidad: los contratos indefinidos han pasado del 68% al 87% del total de asalariados. Este cambio podría tener implicaciones directas sobre la desigualdad, ya que los trabajadores temporales suelen cobrar menos, tienen menos poder de negociación y acumulan menos antigüedad. Al analizar este punto, se observa que el salario medio real de los trabajadores que aún mantienen contratos temporales ha crecido un 64% (posiblemente impulsado por el SMI), lo que ha hecho que la histórica brecha salarial se desplome. Mientras que en 2018 un trabajador indefinido ganaba, de media, un 163% más que un temporal, en 2024 esa brecha se ha reducido al 66%.
Pero al convertir contratos temporales en indefinidos, la reforma podría mejorar a medio y largo plazo las condiciones salariales de millones de trabajadores, especialmente en los tramos bajos de la distribución. Aunque entre 2021 y 2024 el efecto puede ser aún reciente, los datos muestran que el cambio de composición de la mano de obra de temporal a fijo eleva de forma mecánica los salarios de buena parte de los trabajadores con menores ingresos. No es solo que los salarios individuales suban, sino que el desplazamiento de trabajadores hacia la estabilidad del contrato indefinido podría actuar como un motor potente de mejora.
Así, aislando el efecto composición del estructural o precio, los resultados muestran que el 84% de la reducción de la desigualdad salarial se debe al efecto estructura, es decir, a la mejora de las retribuciones individuales. Lo que significaría que el SMI y la mejora de los salarios base podrían haber jugado un papel relevante en la reducción de la desigualdad salarial. El 16% restante se explica por cambios en las características de los trabajadores, lo cual nos debe llevar a pensar que aquí la reforma laboral ha tenido algún tipo de papel.
La otra cara de la moneda es que los hogares sin perceptores salariales no han visto mejoras equivalentes. Mientras tanto, las pensiones siguen siendo el principal muro contra la desigualdad en España, reduciendo el índice de Gini en casi 20 puntos, pero su papel en la mejora reciente ha sido pasivo: la caída de la desigualdad observada se debe íntegramente a que el mercado de trabajo genera hoy rentas mucho más equitativas que hace seis años, gracias a la caída del desempleo y la compresión salarial en la parte baja de la distribución.
*Análisis basado en los microdatos de la Encuesta de Condiciones de Vida (INE), oleadas 2019 y 2025. Las rentas se expresan en euros reales de 2018, descontando una inflación acumulada del 19,3%.*
