La desgracia de Musetti salva a Djokovic: “Ya estaba yéndome a casa, debería haber perdido”

Se oye el quejido de Novak Djokovic a media tarde, conforme el adhesivo va despejándose y descubriendo la carne viva en el pie: dedo y planta. Señoras ampollas. En ese instante, el serbio ya ha entregado el segundo set y, aparentemente, todo se encamina a su despedida del torneo y el avance de Lorenzo Musetti, un tenista superdotado desde el punto de vista físico y al que mente y cuerpo no dejan de traicionar. Poco después de la escena, se echa la mano al muslo derecho y se duele también él, obligada finalmente a levantar la bandera blanca. Maldice, Nole resopla y en la charla a pie de pista, admite: “Ya estaba yéndome a casa…”.
