sáb. Mar 21st, 2026

La crisis energética impondrá el modelo chino en todos los países | Opinión

El conflicto de Oriente Próximo modificará de forma permanente la forma en que los Gobiernos conciben las reservas energéticas. A medida que los países se inclinen por el modelo chino, que da prioridad a la resiliencia frente a la eficiencia, el acaparamiento a nivel nacional se hará más habitual. Esto debería mantener la demanda y los precios en niveles elevados durante más tiempo.

La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán ha puesto de manifiesto una divergencia extrema en cuanto a la capacidad de las economías dependientes de las importaciones para hacer frente a las interrupciones del suministro energético. Asia es la principal víctima del bloqueo efectivo del estrecho de Ormuz. Más del 84% del crudo y el condensado y el 83% del gas natural licuado que transitó por esta vía marítima en 2024 se destinó a los mercados asiáticos, incluidos China, India, Japón y Corea del Sur. Esto plantea la cuestión de cuánto tiempo podrá la región soportar una interrupción prolongada del suministro.

China cuenta, con diferencia, con el mayor colchón en términos absolutos. Los analistas estiman que sus reservas de emergencia oscilan entre los 900 millones y los 1.300 millones de barriles, suficientes para cubrir hasta 120 días. Esto contrasta con los 1.800 millones de barriles de reservas y reservas obligatorias por mandato gubernamental que poseen los 32 miembros de la Agencia Internacional de la Energía (AIE). Este grupo, formado en respuesta a la crisis del crudo de 1973, ha acordado ahora liberar 400 millones de barriles para bajar los precios.

En relación con el consumo interno, las reservas de Japón y Corea del Sur son elevadas, ya que cada uno de ellos cuenta con reservas de emergencia y del sector privado suficientes para cubrir más de 200 días de importaciones; sin embargo, dependen del estrecho de Ormuz para una mayor proporción de su suministro total de petróleo que China.

Las reservas mundiales de gas son minúsculas en comparación. Japón afirmó que disponía de reservas equivalentes a tres semanas del consumo total tras el cierre de la mayor planta de exportación de gas natural licuado del mundo, situada en Qatar. En la India, los precios de las bombonas se están disparando en el mercado negro, lo que ha desencadenado compras compulsivas de comida instantánea y placas de inducción.

Se perciben ecos de crisis recientes. Las cadenas de suministro mundiales han sufrido sacudidas repetidas desde 2020. El covid-19 provocó el cierre de fábricas y atascos en los puertos. La invasión rusa de Ucrania en 2022 afectó a los flujos de gas natural licuado, cereales y fertilizantes. Estas crisis impulsaron las ambiciones de autosuficiencia energética, pero los altos tipos de interés lastraron las inversiones en energías renovables. El mundo no había experimentado una crisis importante en el suministro de gas antes de la guerra de Ucrania. E, incluso en 2022, Qatar seguía siendo una fuente fiable.

Así que, aunque China es el mayor destinatario individual de petróleo procedente de Ormuz, sus grandes reservas, unidas a un suministro diversificado, la sitúan en una posición mejor que la de la mayoría de los países asiáticos. La potencia mundial tiene acceso a oleoductos terrestres procedentes de Rusia y Kazajistán. Insatisfecha con las condiciones de precios ofrecidas por Qatar en los últimos años, China también buscó suministros en otros lugares.

Sin embargo, la resiliencia de Pekín tiene un coste en términos de eficiencia. Hasta los ataques estadounidenses contra Irán, la principal pregunta para los observadores del mercado energético era por qué China seguía comprando petróleo que no necesitaba de forma inmediata. El oro negro estaba barato inmediatamente después de la crisis del covid, que frenó la demanda mundial. Era aún más barato para China, que estaba dispuesta y era capaz de conseguir suministros con descuento de productores sancionados por EE UU, como Rusia, Irán y Venezuela. Pekín intensificó el almacenamiento tras el regreso de Donald Trump, quizá anticipando las consecuencias del agravamiento de las tensiones entre China y Estados Unidos.

Entre los operadores petroleros, otra teoría popular es que China se está preparando para la guerra. En tal escenario, EE UU podría bloquear el estrecho de Malaca —cerca de Tailandia, Malasia e Indonesia—, por donde transita la mayor parte de las importaciones de petróleo de China. En otras palabras, las grandes reservas de China podrían explicarse en parte por el temor al coste de un conflicto y en parte por el acceso al crudo sancionado.

La falta de reservas estratégicas de gas se debe a razones más prácticas. Su almacenamiento requiere tanques criogénicos. Además, este combustible fósil se evapora gradualmente, y mantener grandes tanques presurizados en superficie no es muy seguro. Gran parte de la capacidad de almacenamiento de Europa consiste en acuíferos y yacimientos de gas agotados, y las reservas están diseñadas principalmente para gestionar los cambios estacionales en la demanda entre el verano y el invierno.

Japón y China abordan parcialmente este problema contratando gas en exceso y revendiendo el excedente. Pero eso también puede resultar costoso. Hasta la crisis del Golfo, los mercados esperaban que los precios del gas natural licuado cayeran drásticamente en los próximos tres o cuatro años debido a un exceso de oferta procedente de EE UU y Qatar.

El último conflicto en Oriente Próximo va a remodelar profundamente los mercados energéticos. Una analogía es la forma en que los países reaccionaron ante la congelación de 300.000 millones de dólares de las reservas de divisas rusas por parte del G7, la Unión Europea y sus aliados tras la invasión de Ucrania: intentar eludir el sistema del dólar estadounidense para liquidar el comercio se ha convertido en una práctica cada vez más habitual.

Del mismo modo, la guerra en Irán empujará a los Estados a anteponer la resiliencia a la eficiencia, mediante la creación de mayores reservas energéticas. Más países se unirán a China en el aumento de sus reservas. Para los Gobiernos más pobres, con unas finanzas externas débiles, será una decisión difícil entre mantener reservas de divisas o de materias primas. Las autoridades también podrían optar por utilizar más carbón nacional junto con las energías renovables, dadas las dificultades para mitigar las crisis de suministro de gas, advierte Mills.

Todo apunta a un aumento de los precios del petróleo en el futuro inmediato. El suministro interrumpido por la guerra tardará en recuperarse, mientras que los miembros de la AIE pronto competirán por los barriles para reconstruir sus reservas, tras la liberación. Las reservas son ineficientes y solo pueden amortiguar las crisis temporales, pero son mucho mejores que la alternativa de quedarse sin combustible.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Alejandro López de Asiaín García, es responsabilidad de CincoDías

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