mié. Feb 11th, 2026

Japón: así se convirtió el Estado en el mayor beneficiario de la subida del Nikkei | Fondos y Planes

La histórica victoria de Sanae Takaichi en las elecciones presidenciales del domingo, en Japón, provocó en las siguientes horas un subidón del 3,9% en la Bolsa de Tokio; el mercado espera que la dirigente promueva políticas de mayor gasto y estímulo económico, lo que animaría a las empresas cotizadas. Curiosamente, el agente económico que más se está beneficiando de los máximos de índices bursátiles como el Nikkei es el propio Estado japonés, que es el mayor inversor individual en acciones nacionales, con casi el 15% del total.

Una de las vías es a través del Goverment Pension Investment Fund (GPIF) de Japón, que maneja activos por valor de 1,5 billones de euros, una cifra ligeramente inferior al PIB de España. Desde su sede en el rascacielos Toranomon Hills —situado en el exclusivo barrio de Ginza, en Tokio— se gestionan las inversiones del mayor fondo de pensiones del mundo y uno de los mayores fondos soberanos del planeta. El vehículo destina un 25% de su capital a acciones de compañías locales.

La otra vía con la que el Estado interviene en la Bolsa nipona es con las inversiones de su banco central. Desde 2010, el Banco de Japón —ubicado muy cerca del tecnológico barrio de Akihabara— ha participado en el mercado bursátil a través de la inversión en fondos cotizados (ETF, por sus siglas en inglés) que replican la evolución de índices como el Nikkei. Algo insólito. Ni el BCE, ni la Reserva Federal, los mayores bancos centrales del planeta, invierten en acciones.

Entre los dos organismos públicos nipones —el fondo de las pensiones y el Banco de Japón— controlan algo más de 600.000 millones de euros en títulos bursátiles, lo que les convierte en los mayores tenedores de Bolsa del país, con casi el 15% del total.

En los últimos cuatro años, esta política pública de inversión en renta variable nacional ha sido un negocio redondo. La Bolsa del país ha vivido una fuerte expansión: con una revalorización del 96% entre enero de 2023 y diciembre de 2025, lo que ha beneficiado a ambos organismos. La otra cara se vive en momentos de correcciones bursátiles, como las de 2022. Entonces, los balances de estas instituciones sufrieron y acabaron apuntándose importantes pérdidas anuales.

Ken Shibusawa, consejero delegado de la firma de inversiones Shibusawa & Co, explica en una tribuna del diario Nikkei Asia que las inversiones del Banco de Japón en Bolsa vía ETF y en el sector inmobiliario a través de vehículos (vía reit) suponen un ejercicio de política monetaria muy poco convencional”.

El Banco de Japón empezó su andadura en los mercados financieros en 2002, cuando empezó a tomar participaciones en bancos privados para contener la profunda crisis financiera que vivía el país. En 2010 el enfoque cambió, y el banco central decidió intervenir en Bolsa comprando fondos indexados, para no beneficiar a ninguna entidad en concreto.

La inversión de los 100 años

Esta política se ha extendido hasta 2025 y fue justo hace unas semanas cuando empezó a revertirse, con las primeras ventas de ETF propiedad del banco. Para que las ventas de fondos no influyan negativamente en el mercado, el banquero central Kazuo Ueda, ha anunciado que “serán tan progresivas que tardaremos más de 100 años en vender todos los ETF”.

A pesar de las críticas que en su día recibió el Banco de Japón por destinar una parte de sus activos a la inversión bursátil, cada vez son más las voces que alaban lo osado y pertinente de esta política. El diario Financial Times, publicaba ayer en una de sus columnas más prestigiosas que “Japón ha generado ganancias importantes invirtiendo en activos financieros y en divisas, ha hecho un uso inteligente de su deuda“.

En el caso del fondo de las pensiones, sus gestores han ido evolucionando su cartera de inversiones hasta conseguir un equilibrio consistente en un 50% de bonos y un 50% en acciones, con cada una de esas partes divididas a su vez entre títulos nacionales y extranjeros.

El problema que enfrenta ahora el GPIF es de rentabilidad real. El fondo de las pensiones tenía hasta ahora un objetivo de retorno del 1,7% anual. Con una inflación prácticamente nula durante la última década, ese rendimiento había sido más que suficiente. Ahora, tras varios años de políticas monetarias y fiscales expansivas (la denominada Abenomics), los precios se han disparado y la inflación cerró 2025 en el 2,9%. Algo insólito, que ha obligado a los gestores del GPIF a tener que revisar al alza sus objetivos de rentabilidad y sus estrategias de inversión.

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