Heineken reconoce que el cierre de Ormuz afectará a sus costes y a la disponibilidad de materia prima | Empresas

El cierre del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz durante el último mes, a raíz del inicio de los bombardeos de Estados Unidos e Israel sobre territorio iraní, amenaza con generar importantes estragos durante meses a las empresas que, de una u otra manera, tienen en esta zona un punto clave para sus suministros.
Es el caso del gigante cervecero Heineken. La multinacional neerlandesa avisa de los efectos concretos ligados a este conflicto en un documento reciente ligado a una emisión de bonos, por un importe de 25 millones de euros. En él, y como es habitual en estos casos, la empresa pone en aviso a los inversores de los potenciales riesgos a los que se enfrenta su actividad, ya sea por causas inherentes a su negocio o por el contexto geopolítico global, así como de las consecuencias que estos pueden tener en sus resultados y la economía.
En el citado documento, la dueña de Cruzcampo y Amstel subraya el complejo contexto en el que se encuentran en la actualidad las cadenas de suministro mundiales, “que siguen enfrentándose a interrupciones y a un riesgo de una mayor escalada”. La cervecera describe que, en lo que va de año, algunos de sus proveedores han sufrido estas circunstancias, viéndose afectados y generando “volatilidad de precios y dificultades contractuales”.
Seguidamente, hacer referencia explícita a la situación en Irán. La cervecera dice que los acontecimientos en la zona “han contribuido a una mayor inestabilidad en las rutas de transporte y los mercados energéticos mundiales, lo que agrava aún más las presiones existentes sobre las cadenas de suministro internacionales”. Una volatilidad, añade, que “afecta a las rutas marítimas cercanas al estrecho de Ormuz y a los precios mundiales del petróleo”, y que puede “aumentar los costes o interrumpir la disponibilidad de ciertos insumos de los que depende el grupo”.
Empresas del sector del gran consumo como Heineken están expuestas a estos acontecimientos, no solo por el impacto que el súbito incremento del precio de los combustibles tiene sobre la cadena logística. El alza del petróleo y, en general, de la energía, también repercute, por ejemplo, en el precio de materias primas esenciales como los plásticos, el aluminio o el vidrio. Desde el inicio de los ataques, el 28 de febrero, la cotización de Heineken en Bolsa ha caído cerca de un 12%.
Pero no son los únicos puntos. El grupo cervecero, el segundo de mayor tamaño a nivel mundial por cifra de ventas, enfatiza que “la disponibilidad de ciertos recursos críticos se ha visto limitada, debido a factores como el cambio climático y la actual inestabilidad política mundial”. En este sentido, el documento ahonda en que la creciente escasez de agua “está empezando a tener repercusiones en la cantidad de cultivos que se pueden producir, la disponibilidad de recursos y los precios de los cereales”, como la cebada. Como dice Heineken, su negocio requiere un acceso a “importantes recursos hídricos”.
“Los mercados de las materias primas relevantes pueden seguir experimentando aumentos de precios o sufrir interrupciones en el suministro. Heineken utiliza, entre otros insumos, cebada, cereales, lúpulo, vidrio y aluminio para la producción y el envasado de sus productos”, menciona el documento.
Tensiones comerciales
Heineken también hace referencia a la inestabilidad en el comercio global por culpa de los aranceles. En concreto, menciona cómo la economía mundial puede afrontar una desaceleración por, además de la guerra en Ucrania o en Irán, “los bloqueos comerciales y los riesgos arancelarios derivados de la tensión entre EE UU y el resto del mundo”. En su caso concreto, Heineken ha venido relativizando el impacto de los aranceles sobre su negocio, dado que, como es habitual en el sector cervecero, buena parte de las ventas que genera en los países donde está se generan desde fábricas de cercanía.
A todo ello añade ingredientes como las elevadas tasas de inflación de los últimos años, la pérdida de poder adquisitivo o la crisis de confianza de los consumidores para alertar de una posible “recesión prolongada” de la economía, con un aumento del desempleo estructural “con repercusiones en la demanda del consumidor”.
Heineken publicará los resultados de su primer trimestre el próximo 23 de abril. En febrero, la compañía anunció plan de ajustes que conllevará entre 5.000 y 6.000 despidos en los próximos dos años.
