¿Fue el apagón eléctrico un fenómeno paranormal o pura física? | Empresas

A punto de que se cumpla un año del apagón histórico (esta vez, sí) que dejó sin suministro eléctrico a la Península Ibérica, se puede llegar a dos conclusiones: que todas las incógnitas siguen abiertas o que tampoco había tantas incógnitas que resolver. Al día siguiente del incidente, ocurrido a las 12.32 del 28 de abril de 2025, un analista dijo: “No hay fenómenos paranormales, sino pura física”, en alusión a que un hecho de tal magnitud, nunca ocurrido (ni siquiera durante a dana la Comunidad Valenciana sufrió un apagón total pese a que decenas de torres eléctricas cayeron al suelo materialmente dobladas), solo podía deberse a un error del operador del sistema, Red Eléctrica (REE).

De las actuaciones de las empresas generadoras, a las que el operador ha acusado (aún, a día de hoy, sin dar nombres) de provocar las sobretensiones que derivaron en el apagón al incumplir con los niveles de tensión que exige la regulación, tampoco es posible dudar. Los muchos informes elaborados desde entonces por distintos organismos han relatado de una manera profusa los hechos (aunque ninguno atribuye responsabilidades) y han llegado a la conclusión de que lo ocurrido ese día en la península se debió, en resumen, “a deficiencias en el control de tensión”.

Una y otra vez se ha insistido en que el blackout se originó en dos plantas fotovoltaicas del suroeste del país (es un secreto a voces que una de ellas fue la de Núñez de Balboa, propiedad de Iberdrola, ubicada en el municipio pacense de Usagre) en las que comenzaron unas oscilaciones. Sin restar credibilidad a este hecho, la pregunta es: ¿pueden depender 36 millones de consumidores -los 30 puntos de suministro de España y los seis millones de Portugal- de una fotovoltaica del sur de Badajoz? Una explicación tan simple implicaría atribuir a una instalación solar (un grano de arena en el sistema) un poder descomunal. Máxime cuando, como vino a decir la propia presidenta de Redeia (matriz de REE), Beatriz Corredor, en su reciente comparecencia en el Senado, fueron dos oscilaciones misteriosas: una “de naturaleza forzada” y otra “inter-aérea”, posiblemente provocada por la primera, que el operador “resolvió de una manera exitosa”. Técnicos consultados aseguran desconocer el significado de estos términos.

Se podría hacer creer, en contra de lo que afirmó hace un año el analista antes citado, que lo ocurrido el pasado 28 de abril no fue pura física, sino un fenómeno paranormal. Ante lo cual, “los ciudadanos de la península deberían marcharse a otro país”, ironizan distintas fuentes.

El primer informe publicado sobre el apagón, en junio del año pasado, fue el de la propia REE, obligada por su propia normativa de operación. En julio, llegó el del Ministerio para la Transición Ecológica (en este caso se apuntaba por primera vez a una deficiencia en la programación de centrales síncronas, las que cumplen la función dinámica de tensión, por parte de REE en el día de autos). Y ya el pasado 19 de marzo, a casi un mes del primer aniversario del apagón, la CNMC publicó un informe sumario y “por compromiso”, según los críticos, en el que se limitó a reiterar los hechos y a dar recomendaciones para que el incidente no se vuelva a repetir o, en su caso, para sobrellevarlo lo mejor posible. El organismo supervisor había eludido elaborar un dictamen inculpatorio argumentando que ya mantenía abierta una investigación, que terminará con toda probabilidad en un procedimiento sancionador, ese sí, “garantista”, pues puede ser recurrido ante los tribunales. Las grandes eléctricas quisieron ver en este documento una afirmación que las exculpaba: que REE contaba el día del incidente con todos los instrumentos para haberlo evitado.

En justicia hay que decir que el apagón, según todos los técnicos que lo han estudiado, no fue producto únicamente de las dos enigmáticas oscilaciones, sino de una combinación de factores, “que interactuaron entre sí” y desencadenaron el cero eléctrico, Así lo asegura también el último de los informes publicados, el de la red de operadores europeos, Entso-e, en la que está integrada la propia REE (curiosamente, el único que no apunta a un fallo en la programación de centrales).

Entre las causas multifactoriales (un término afortunado en el que coinciden todas las investigaciones y que ha permitido a sus autores no mojarse las manos), se incluyen, además de las oscilaciones iniciales, deficiencias en el control de tensión y de la potencia reactiva (la energía que ocupa red y no produce y debe ser absorbida por plantas con capacidad para ello, como los ciclos combinados de gas); diferencias en las prácticas de regulación de la tensión; desconexiones rápidas y capacidades desiguales de estabilización.

Llegados a este punto al fenómeno paranormal se sumaría el de la confabulación del sistema. Según REE, los desacoplamientos de plantas de generación se produjeron antes de que estas superaran los límites de tensión de 435 kV que tienen que aguantar por normativa (uno de los puntos de desacuerdo entre el operador y las eléctricas está en dichos topes y por qué en España son distintos a los europeos). Las acusadas sostienen que carece de sentido que multitud de plantas empezasen a disparar “a la vez” si no se hubiesen alcanzado los 435 kV que obliga a parar y evitar un daño irreparable a la instalación.

El papel del Senado

Tampoco la comisión que ha investigado el suceso en el Senado ha arrojado luz alguna sobre el mismo. El escaso esfuerzo realizado por sus señorías para entender una cuestión técnicamente complicada y la politización solo han servido para enredar aún más la madeja. Así lo demostró el Grupo Popular al filtrar de una manera sesgada, incompleta y fuera de contexto, la transcripción de algunos diálogos grabados entre los técnicos del centro de control de REE y los de compañías eléctricas sin identificar. Más allá del morbo por la reacción (humana) de los técnicos en el momento del cero, dichas filtraciones no aportan nada a la causa.

La decisión sobre las infracciones que las partes hayan podido cometer están ahora en manos de un solo organismo: la CNMC. El fallo debería conocerse en breve, antes del 28 de abril, para facilitar que los afectados puedan presentar sus reclamaciones en los tribunales, para lo que disponen de un año.

Si el órgano supervisor concluye que hubo plantas que no cumplieron con su deber de tensión y otras que no absorbieron la reactiva necesaria, el argumento de REE de que, aun con la programación que hizo ese día, no habría ocurrido nada, podría resultar válido. Pero la operación reforzada que viene aplicando desde entonces “se puede interpretar como una autoinculpación”, según fuentes del sector. Frente a las 10 centrales térmicas programadas aquel 28 de abril (tres nucleares y siete ciclos combinados, uno de los cuales, el de San Roque, en Cádiz, se declaró indispuesto, con un claro desequilibrio en la zona suroeste), desde entonces programa entre 25 y 30 cada día.

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