Fatih Birol (AIE): “Al principio, los gobiernos subestimaron la magnitud de la crisis energética” | Economía
Cada palabra de Fatih Birol (Ankara, 1958) al otro lado del teléfono cae como un golpe sobre un cristal a punto de resquebrajarse. Desde hace más de una década está al frente de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), el organismo que coordina la respuesta de las mayores economías del mundo a las crisis energéticas. El economista turco se ha convertido en una de las voces más influyentes en plena crisis energética global. Y en las últimas semanas, con el estrecho de Ormuz bloqueado y millones de barriles de petróleo fuera del mercado, sus advertencias han ido elevando el tono: el mundo se enfrenta, dice, a la mayor crisis de suministro de la historia y amenaza a la economía global.
Birol cuenta con una vista privilegiada para dimensionar la magnitud del conflicto en Oriente Próximo. Desde la atalaya de la AIE, en París, coordina la respuesta de las principales economías del planeta, que ya han activado la mayor liberación de reservas estratégicas de petróleo jamás realizada. Pero su diagnóstico va más allá de las medidas de emergencia. El director ejecutivo de la AIE alerta de que el impacto no se limita al petróleo y al gas: amenaza con extenderse a sectores clave como los fertilizantes o los petroquímicos, con efectos directos sobre la inflación, el crecimiento y las cadenas de suministro globales. Incluso advierte de racionamientos en los países desarrollados si el cierre en Ormuz se prolonga en el tiempo. En esta entrevista, Birol ofrece una radiografía de una crisis que evoluciona a gran velocidad y que, incluso si se resolviera mañana, dejará cicatrices duraderas en el sistema energético mundial.
Pregunta. ¿Cómo valora la crisis que estamos viviendo y cuáles son las principales preocupaciones de la AIE?
Respuesta. Estamos ante el mayor riesgo para la seguridad energética de la historia. Y es un riesgo importante no solo para la energía, sino también para la economía global. Porque, a día de hoy, la cantidad de petróleo y gas natural que hemos perdido es mayor que la que se perdió en las dos grandes crisis del petróleo de los años 70 y mayor que la carencia del gas ruso tras la invasión rusa de Ucrania. Esta crisis es más grande que esas tres crisis históricas juntas. No se trata solo de petróleo y gas. También se ven afectados productos fundamentales como los fertilizantes, los petroquímicos o el helio, lo que tendrá relevantes implicaciones para las cadenas de suministro globales. Mi principal preocupación es que, si el estrecho de Ormuz no se reabre lo antes posible, puede tener consecuencias graves para la economía mundial, especialmente para los países en desarrollo y emergentes que dependen en gran medida de las importaciones de energía.
P. ¿Considera que los gobiernos han subestimado la magnitud de esta crisis energética?
R. Al principio, sí. De hecho, decidí no hablar públicamente durante un tiempo. Pero cuando vi que la magnitud del problema no estaba siendo bien comprendida por los responsables políticos, decidimos presentar cifras, como las que le acabo de mencionar, para que los gobiernos entendieran la dimensión del riesgo y sus consecuencias económicas. Hay que recordar que en los años 70, tras los shocks del petróleo, muchos países entraron en recesión y algunos países en desarrollo cayeron en una espiral de deuda.
P. ¿En qué puntos de la cadena de suministro están detectando los mayores cuellos de botella? ¿Qué países son más vulnerables?
R. El mayor problema ahora mismo se concentra en los países asiáticos en desarrollo, empezando por India, Pakistán, Bangladesh o Vietnam. Pero también veremos que los países emergentes importadores de energía en África o América Latina se verán afectados pronto si el estrecho de Ormuz no se reabre. Por supuesto, Europa también se verá afectada. Y en Oriente Próximo, algunos países cuyas economías dependen de las exportaciones de petróleo y gas y que tienen una situación financiera más débil, como Irak, sufrirán efectos negativos importantes.
P. ¿Hasta qué punto es posible un escenario de racionamiento de petróleo y gas en las economías avanzadas?
R. En algunos países en desarrollo, especialmente en sectores industriales intensivos en energía, ya puede darse. No creo que las economías avanzadas vayan a aplicar racionamientos a gran escala en el corto plazo, pero si el estrecho de Ormuz permanece cerrado durante mucho tiempo, no puedo descartar esa posibilidad.
P. Ha señalado que la solución pasa por reabrir Ormuz, pero incluso si se reabriera mañana, ¿cuánto tardaría el sistema en volver a la normalidad?
R. La solución más importante es el libre flujo de petróleo y gas a través del estrecho de Ormuz. Pero incluso si se reabriera mañana, seguiríamos viendo las consecuencias, porque muchas infraestructuras energéticas han resultado dañadas. Nuestros análisis muestran que más de 70 instalaciones energéticas —campos de petróleo y gas, refinerías, infraestructuras— en Oriente Próximo han sufrido daños, y más de un tercio de ellas están gravemente o muy gravemente dañadas. Esto significa que se necesitará mucho tiempo para que algunas vuelvan a sus niveles normales de operación. Además, incluso cuando termine la crisis, el mercado no volverá a ser como antes. Los riesgos de seguridad en Oriente Próximo seguirán muy presentes para gobiernos e industrias de todo el mundo. Creo que el vaso se ha roto y será muy difícil recomponerlo para volver a dejarlo como estaba.
P. ¿Qué soluciones ve a futuro?
R. Creo que, en primer lugar, los países diversificarán sus fuentes de suministro energético. Oriente Próximo seguirá siendo un proveedor importante de petróleo y gas, pero habrá una mayor diversificación. Las energías renovables, especialmente la solar y eólica, serán las grandes ganadoras, no solo por razones medioambientales, sino también por motivos económicos y de seguridad energética. Son una apuesta segura. También espero una evolución en la industria del automóvil, con un fuerte impulso a los vehículos eléctricos. Y, en tercer lugar, creo que la energía nuclear recibirá un nuevo impulso. En conjunto, veremos cambios tanto en las relaciones comerciales energéticas como en las estrategias de los países. Renovables, coches eléctricos y nuclear saldrán reforzados de esta crisis.
P. La primera reacción de la AIE para contener la crisis ha sido la mayor liberación de reservas de petróleo de la historia, pero la guerra se está prolongando. ¿Qué otras medidas pueden tomar?
R. El 11 de marzo anunciamos la liberación de 400 millones de barriles, la mayor de la historia, y tuvo un impacto en el mercado, reduciendo los precios en unos 18 dólares el barril. Pero es solo una solución temporal que ayuda a aliviar el impacto sobre la economía. El uso de estas reservas en el futuro dependerá de las circunstancias. Quiero destacar que, aunque ha sido la mayor liberación histórica, solo representa el 20% de nuestras reservas. Aún conservamos el 80%. Y, si es necesario, estamos preparados para actuar de nuevo.
