El giro de la visión de la UE sobre fusiones deberá ser más cultural que normativo | Opinión
Europa está reconsiderando su postura sobre las fusiones y adquisiciones para reforzar su posición como fuerza competitiva. La Comisión Europea tiene previsto publicar este primavera un borrador de sus directrices revisadas sobre fusiones, la primera actualización de este tipo en aproximadamente dos décadas. El objetivo es ayudar a las empresas locales a crecer y competir en la escena mundial. Pero esto no se puede lograr solo con una regulación permisiva. Los Estados miembros tendrán que colaborar y, posiblemente, hacer algunas concesiones incómodas.
Las cifras no respaldan la tesis de que Bruselas esté rechazando sistemáticamente las operaciones. Solo nueve transacciones han sido bloqueadas formalmente en la última década, de las casi 4.000 revisadas en virtud de las normas de fusión vigentes. Pero unos abogados especializados en competencia señalan a Breakingviews que este pequeño grupo de rechazos tuvo, no obstante, un efecto disuasorio.
Tomemos el caso de dos gigantes ferroviarios, Siemens y Alstom, que intentaron fusionarse en 2017. Ambos argumentaron que la unión crearía un gigante capaz de hacer frente a la cada vez más dominante CRRC, de China. Sin embargo, el acuerdo acabó convirtiéndose en una de las raras, aunque de triste fama, víctimas de las fusiones en Europa. Margrethe Vestager, entonces comisaria de Competencia, lo bloqueó en 2019 para proteger la competencia en el sector ferroviario de la UE.
Ursula von der Leyen parece estar adoptando un enfoque diferente. El mes pasado, la presidenta de la Comisión Europea afirmó su compromiso de crear “paladines europeos” mediante la revisión de las normas de fusiones. Desde el inicio del segundo mandato de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, el bloque se ha visto obligado a reconocer su gran dependencia de las tecnologías estadounidenses, desde las redes de pago con tarjeta hasta los chips de inteligencia artificial.
Si las empresas nacionales pueden fusionarse y crecer, podrían reducir la dependencia en sectores como la defensa y la computación en la nube. En un mundo ideal, podrían incluso acabar compitiendo en la escena mundial con rivales de China y Estados Unidos. Aun así, Europa necesita abordar un problema mayor en materia de colaboración. Las disputas entre los Estados miembros han frenado los proyectos paneuropeos en los últimos años. El lanzamiento del cohete Ariane 6, principalmente una empresa conjunta entre Francia, Alemania e Italia, se retrasó varios años debido, en parte, a disputas sobre la gobernanza.
Mientras, los esfuerzos francoalemanes para construir conjuntamente un avión de combate se han estancado en medio de los continuos desacuerdos entre Airbus y Dassault Aviation, las empresas que lideran el proyecto. Reuters informó, citando a dos fuentes con conocimiento del asunto, de que Alemania podría encargar más aviones F-35 fabricados en Estados Unidos mientras reconsidera su enfoque. Sin embargo, no todos los intentos de colaboración degeneran en disputas. El pasado octubre, Airbus, Thales y Leonardo anunciaron su intención de combinar sus actividades espaciales con un reparto de la propiedad casi equitativo y un compromiso declarado de control conjunto.
La situación demuestra que se pueden crear campeones europeos gracias a la voluntad de los socios, lo que puede significar dejar de lado los intereses de un Estado o de una empresa dominante en beneficio del bloque. Se trata de un cambio cultural y político más que normativo.
Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías
