El gasto de los hogares en vivienda subió 80 euros durante los últimos cinco años | Vivienda | Economía
Los gastos asociados a la vivienda cada vez pesan más en el bolsillo de las familias. Entre 2019 y 2024, estos crecieron un 13%, pasando de una media de 610 euros a 690 (80 más). Un aumento que se produjo debido al encarecimiento de los suministros y del alquiler, especialmente; y desde 2022 por el auge de las cuotas hipotecarias, según un estudio publicado este miércoles por Fedea. Pese a este sobreesfuerzo generalizado, quienes lo padecieron con mayor intensidad fueron aquellos hogares en régimen de alquiler, que registraron un incremento de los costes del 33,5%, ligeramente por encima del de los propietarios con deuda (30,7%), y casi el doble que el de aquellos que no la tienen (17,3%).
El informe, elaborado por Fernando Pinto, profesor de Economía Aplicada de la Universidad Rey Juan Carlos y colaborador del think tank apoyado por el Banco de España y algunas de las grandes empresas del Ibex, se nutre de los microdatos que ofrece la Encuesta de Condiciones de Vida que elabora el Instituto Nacional de Estadística (INE). Entre sus principales conclusiones está la afirmación de que la carga residencial es fuente de desigualdad social.
Según el texto, la vulnerabilidad residencial se concentra en determinados perfiles, y es especialmente dañina para los hogares con baja intensidad laboral. Los domicilios unipersonales jóvenes ―personas de entre 18 y 34 años―, presentan también niveles elevados de presión, “asociados a la ausencia de economías de escala y a una mayor dependencia del alquiler”. A ello se suman también “diferencias territoriales persistentes entre comunidades autónomas, reflejo de desequilibrios estables entre costes residenciales e ingresos”, indica el autor.
Según el parámetro geográfico, y midiendo la presión en sus estándares más elevados, esto es, cuando esta supera el umbral del 40% ―lo que se considera ya tensión severa según los baremos europeos―, los territorios que acumulan más hogares bajo esta casuística se concentran en Cataluña (19,3%), Madrid (18,8%) y Baleares (18,1%); mientras que Castilla y León (13%), La Rioja (12,9%) y País Vasco (11,6%), cuentan con las tasas más contenidas.

La monitorización de los precios del alquiler advierte de una mayor incidencia en áreas urbanas y regiones “con mayor dinamismo demográfico y económico”. Pese a que se trata de un aumento gradual, pero continuo, y que contribuye “de forma más significativa al crecimiento del gasto residencial total”, indica Pinto. Las cuotas hipotecarias, fuente también de este incremento, muestran, sin embargo, un perfil diferenciado. “Hasta 2021, su evolución es relativamente estable en términos nominales. A partir de 2022, se observa una aceleración clara del crecimiento, en línea con el cambio de ciclo monetario y el aumento de los tipos de interés, que se traslada con especial intensidad a los hogares con préstamos a tipo variable o en fases iniciales de amortización”, analiza el autor.
Estructura familiar
La evolución del esfuerzo residencial, medido como el gasto residencial mensual sobre renta disponible del hogar ―en el que están incluidos el alquiler o cuota hipotecaria total y gastos corrientes de la vivienda principal―, señala también que los hogares en régimen de alquiler están más expuestos a la volatilidad de los precios de mercado “en contextos de fuerte presión de la demanda”, como sucede actualmente. Aun así, la prevalencia de unos regímenes sobre otros (el de propietarios sobre los alquilados) no es “un fenómeno coyuntural”, y su persistencia indica que el de tenencia “actúa como un determinante estructural de la carga residencial”, y no “como un factor ligado al ciclo económico”.
La composición del hogar también resulta determinante a la hora de analizar los resultados. Así, los hogares con varios adultos ocupados —equivalentes a los de alta intensidad laboral— muestran una capacidad significativamente mayor para absorber incrementos del gasto residencial: solo el 7,4% se encuentra en situación de sobreesfuerzo, frente al 18,9 % registrado entre los hogares de baja intensidad laboral. “Esta diferencia subraya la importancia de considerar simultáneamente la intensidad laboral y la estructura del hogar para comprender la distribución de la carga residencial”, indica el autor.
