El Athletic se recompone y hunde un poco más al Oviedo | Fútbol | Deportes
El Athletic Club protagonizó una reacción de carácter en el Carlos Tartiere tras verse sorprendido por un gol tan simple como dañino del Real Oviedo. El tanto de Chaira llegó en una acción que rozó lo rudimentario: saque largo del portero, dos peinadas consecutivas, primero de Reina y luego de Fede Viñas, que desactivaron a la defensa rojiblanca y el balón cayendo franco para que el atacante definiera. Una jugada directa, sin elaboración, que castigó la falta de contundencia y concentración del Athletic y que parecía confirmar las malas sensaciones de una primera parte espesa, sin ritmo ni profundidad. El equipo bilbaíno apenas había inquietado la portería rival y transmitía dudas en cada transición defensiva.

1
Aarón Escandell, Eric Bailly, Nacho Vidal (Lucas Ahijado, min. 80), Javi López, David Carmo, Alberto Reina (Nicolás Fonseca, min. 64), Santiago Colombatto (Álex Forés, min. 80), Ilyas Chaira, Haissem Hassan (Thiago Fernández, min. 56), Kwasi Sibo (Santi Cazorla, min. 64) y Federico Viñas
2

Unai Simón, Andoni Gorosabel (Jesús Areso, min. 65), Aitor Paredes, Aymeric Laporte, Yuri Berchiche, Íñigo Ruíz de Galarreta (Mikel Vesga, min. 65), Iñaki Williams, Nico Serrano (Robert Navarro, min. 45), Oihan Sancet (Unai Gómez, min. 89), Mikel Jauregizar (Alejandro Rego, min. 60) y Gorka Guruzeta
Goles
1-0 min. 29: Ilyas Chaira. 1-1 min. 57: Mikel Jauregizar. 1-2 min. 70: O. Sancet
Arbitro Mateo Busquets Ferrer
Tarjetas amarillas
Ruiz de Galarreta (min. 25), Santiago Colombatto (min. 38), Guruzeta (min. 67), Thiago Fernández (min. 69), Alejandro Rego (min. 86)
Durante esos primeros 45 minutos, el Athletic se mostró previsible y falto de chispa. La circulación era lenta, los ataques morían lejos del área y el equipo no encontraba ni espacios ni claridad en los últimos metros. El Oviedo, más intenso y ordenado, supo explotar las segundas jugadas y el juego directo, obligando a los rojiblancos a un escenario incómodo. El 1-0 al descanso era el reflejo de una puesta en escena pobre, sin la energía ni la agresividad que suelen caracterizar al conjunto bilbaíno cuando compite a su mejor nivel.
Pero tras el paso por vestuarios cambió el guion. El Athletic salió con otra actitud, adelantó líneas y aumentó la presión sobre la salida de balón local. El empate llegó fruto de esa insistencia, con Jauregizar apareciendo en el momento justo para marcar uno de los goles de la jornada con un disparo desde fuera del área y devolver la fe al equipo. El gol supuso un punto de inflexión emocional: los rojiblancos comenzaron a dominar el ritmo del partido, a ganar duelos y a instalarse en campo contrario con mayor continuidad.
La remontada se completó desde el punto de penalti, con Sancet asumiendo la responsabilidad y transformando la pena máxima con seguridad. El 1-2 no solo dio la vuelta al marcador, sino que simbolizó la capacidad de reacción de un equipo que había comenzado dubitativo y terminó imponiendo su carácter. De un tanto encajado casi primario y una primera mitad decepcionante, el Athletic pasó a mostrar personalidad, convicción y oficio para revertir un encuentro que parecía complicarse demasiado pronto.
La victoria no solo le permite sumar tres puntos, sino también recuperar pulso competitivo en un momento en el que las dudas comenzaban a instalarse. El Athletic supo corregir sus desajustes, elevar el ritmo y asumir riesgos cuando el partido exigía personalidad. Tras el empate, el equipo dio un paso adelante colectivo: presionó con mayor convicción, jugó más tiempo en campo rival y mostró una madurez que había echado en falta en la primera mitad. Frente a un Oviedo que se fue apagando progresivamente, primero en lo anímico y después en lo físico, el conjunto rojiblanco impuso orden y eficacia. La remontada no fue fruto del arrebato, sino de una mejora sostenida, de insistencia y de una lectura más precisa del encuentro. Más allá del resultado, el Athletic se marcha del Tartiere con la sensación de haber encontrado respuestas en un contexto adverso, algo que puede tener valor más allá de los noventa minutos.
