De los gritos islamófobos en Cornellà | Fútbol | Deportes

Existen distintos tipos de racismo. Veo imposible tener una conversación seria y productiva sobre el tema si no se entiende bien este punto. Que hay grupos de personas que se sienten superiores a otros colectivos es algo que ni el más negacionista podrá discutir. La dificultad viene a la hora de reconocerse como parte del problema. Siempre hay una justificación para este sentimiento que suena razonable en la cabeza del racista y le sirve para dar una capa de legitimidad a su actitud: si odio es porque tengo un motivo, el malo no soy yo, son ellos.
Por eso es tan difícil que un racista se reconozca como racista, porque él siente que su animadversión no es un capricho sino la única reacción justa que le queda para defenderse de un grupo que se ha convertido en su enemigo por la amenaza que supone, no porque él tenga prejuicios. En su cabeza el recelo es una reacción, no un ataque. ¿En qué tipo de mundo progre se puede señalar a alguien por defenderse legítimamente?
Esa gente percibe la lucha contra el racismo como un apoyo injustificable al agresor, de manera que jamás la sentirá como propia, al contrario, la verá como parte del problema contra el debe luchar.
Las justificaciones para odiar a un colectivo son muy variadas: económicas, sociales, culturales, religiosas, identitarias… afluentes todas ellas que desembocan en el mismo lugar: el conflicto. Cuando en un estadio de fútbol miles de españoles corean “Musulmán el que no bote”, abuchean el himno de un país contra el que, en principio, no tienen ningún problema; cuando se le grita a Lamine Yamal que coma jamón, o se pinta en una pared “moros fuera de España”, la sociedad puede hacer dos cosas: identificarlo como actos racistas e islamófobos que representan el sentir real de un porcentaje significativo del país, o mirar hacia otro lado y repetirse muchas veces que son solo incidentes puntuales hasta acabar creyéndoselo… Hasta ahora siempre se ha optado por la segunda opción.
He empezado diciendo que existen distintos tipos de racismo, lamentablemente eso hace imposible acabar con él por completo, pero compartimentándolo podríamos soñar con la posibilidad de tumbar algunos, los más espectaculares, los que son más difíciles de obviar, los que hasta los más reacios a reconocerlos tienen problemas a la hora de negarlos.
Cuando yo quiero alquilar un piso y el dueño me rechaza, sé que es racismo. Cuando me para la policía para identificarme sin más motivo que mi apariencia, sé que es racismo. Cuando el de seguridad del súper me persigue durante toda la compra, cuando el del banco no me abre la puerta mientras el detector de metales continúe pitando, cuando no se sientan a mi lado en el metro… sé que es racismo, pero también sé que es imposible demostrarlo y que son miles los que encontrarán siempre una explicación que me dibuje como exagerado o demasiado suspicaz. Estoy acostumbrado a que personas que nunca han vivido el racismo se sientan con el conocimiento y la autoridad para decirme a mí qué tengo que sentir y qué no, y aleccionarme sobre qué es y qué no es racismo. No pasa nada, esa batalla la doy por perdida.
Pero que miles de personas en un estadio le griten “mono” a Iñaki Williams o a Carlos Akapo… que el mundo entero pueda ver en directo por televisión cómo decenas de miles abuchean el himno de Egipto en un amistoso, o que cuelguen del cuello un muñeco de Vinicius es lo suficientemente explícito y espectacular como para actuar. Y la acción ha de iniciarse con el doloroso paso de reconocer que en España sí hay un problema de racismo que es trasversal, que se hace imposible de negar en algo tan público como un estadio de fútbol, pero que no se circunscribe a aficiones radicales, se extiende por cualquier ámbito, vive entre nosotros.
No voy a pedir a nadie que se sume a esta lucha, se me hace muy cuesta arriba vivir intentando convencer a mis vecinos una y otra vez de que lo decente es enfrentar la discriminación y el abuso, que cada uno se las apañe con su conciencia. A estas alturas de la peli solo pido que si no te sientes racistas (lo seas o no) no pongas palos en la rueda, déjanos denunciar y combatir el racismo sin hacérnoslo más difícil aún. No nos devuelvas constantemente a la casilla de salida con la manida pregunta de “¿España es racista?”. Porque así no avanzamos, avanzan los racistas que se sienten arropados cuando su sociedad le da motivos para creer que quizá sus actos sí están justificados. Si España no es racista ellos, como españoles, tampoco lo son.
Mis más sincera bienvenida a aquel que quiera echar una mano. El racismo no es solo un problema para quien lo sufre, es un recordatorio de que en tu sociedad hay individuos dispuestos a sentirse cómodos en el odio. Hoy es hacia mí, pero lo mismo mañana te toca.
