Airbus y Dassault presionan a Francia y Alemania para que tomen una decisión ya sobre el futuro avión de combate europeo | Empresas
Si no se produce un giro político de último momento, el proyecto de fabricación de un único avión de combate de sexta generación entre Francia, España y Alemania parece condenado a estrellarse. Las rivalidades industriales entre Airbus y Dassault, las compañías que lideran el proyecto para Alemania y Francia, respectivamente, parecen haber abocado al fracaso esta parte del programa FCAS (futuro sistema de combate aéreo), un megaproyecto industrial y tecnológico de unos 100.000 millones de euros lanzado en 2017.
El FCAS no se limita a la fabricación de un caza de sexta generación, ya que engloba también el software y la creación de una nube de combate conjunta —la pata del programa donde participa la española Indra, el tercer gran socio del FCAS—. Esto último no está en duda. La gran pregunta es si habrá uno o dos cazas que compartan la nube de combate, y esta última parece ser la opción que se abre paso en este momento, sobre todo después de las declaraciones del consejero delegado de Dassault, Éric Trappier, que la semana pasada en rueda de prensa afirmó que el proyecto conjunto estaba “muerto”.
“Airbus no quiere trabajar con Dassault, punto. Tomo nota”, aseguró el directivo en unas declaraciones recogidas por Reuters, después de que el sindicato alemán IG Metall y BDLI, asociación empresarial que representa a la industria aeroespacial germana, firmasen una declaración en la que pedían hacer dos aviones por separado. “Hicieron que BDLI e IG Metall lo dijeran, no tuvieron el coraje de decirlo ellos mismos”, continuó el empresario francés, que cree que un avión galo independiente tendría un coste de alrededor de 50.000 millones.
Sin embargo, el consejero delegado de Airbus, Guillaume Faury, aseguró en un encuentro con periodistas en Getafe la semana pasada, que su compañía quiere colaborar en este proyecto conjunto. “No quiero echar más leña al fuego en este momento. Queremos cooperar (…) Hay diferentes maneras de avanzar y esperamos que los gobiernos nos digan qué desean en cuanto a la distribución del trabajo en esos programas”, afirmó Faury que, sin embargo, alertó de que hay que darse prisa: “Debemos actuar con rapidez, porque existe una competencia por el acceso a los cazas de sexta generación en todo el mundo”.
La disputa a día de hoy se centra principalmente en quién lidera este proyecto en el que Francia no quiere ceder capacidades industriales: como carta de presentación, Dassault tiene el Rafale y Airbus, el Eurofighter, este último un caza cuyo montaje final se hace en la planta de Getafe. En esta batalla industrial y política, España tiene poco que decir, ya que Indra no se encarga de la plataforma de los aviones, sino que está más centrada en tecnología y sensores. “Para Indra, lo más importante es que el proyecto no se pare, independientemente de si hay uno o dos aviones”, explican fuentes de la compañía a este periódico.
Un contrato de 700 millones en España
El Gobierno, que considera este proyecto clave para ganar en independencia respecto a Estados Unidos, asignó el año pasado un contrato por valor de 700 millones a Indra y Airbus para la parte nacional del FCAS, en el marco de los 31 Programas Especiales de Modernización (PEM), que el Ejecutivo lanzó para elevar el gasto en defensa hasta el equivalente al 2% del PIB. En ese contrato de 700 millones, hay programas y desarrollos que el país necesitará independientemente de la plataforma que se escoja, explican en el sector. En caso de que finalmente haya dos plataformas, España elegiría la de Airbus.
“Ustedes me preguntan si España y Alemania serán capaces de hacer un avión por su cuenta, pero yo no lo veo así. Alemania y España contratarían a una empresa que luego se asociaría, subcontrataría y desarrollaría. Airbus tiene la capacidad de liderar el desarrollo”, indicó Faury en su encuentro con la prensa española, quien matizó que la empresa necesitaría socios en áreas como, por ejemplo, la de motores, ya que ellos no los fabrican. “No se trata de que Alemania y España fabriquen un avión, sino de que contraten a Airbus para liderar el desarrollo de un avión con socios. Y la respuesta es sí, creemos que somos capaces de hacer un caza de sexta generación”, afirmó el CEO de esta multinacional.
Banco de pruebas
El FCAS ha servido hasta ahora de banco de pruebas de tecnologías que hoy día no existen, ya que el nuevo sistema de combate aéreo debería estrenarse, en teoría, en 2040. Mientras tanto, en los aires domina el estadounidense F-35, un caza de quinta generación que ha comprado hasta la propia Alemania, que espera recibir las primeras unidades en 2027. La Armada española también desea ese caza para sustituir a sus Harrier, debido a que el F-35 en su versión naval es el único avión avanzado que puede despegar en vertical desde el buque portaeronaves Juan Carlos I, el mayor buque de la Armada española.
El Gobierno de Pedro Sánchez, sin embargo, ha descartado esa posibilidad en pos de apostar por tecnología europea para reducir la dependencia con EE UU, una decisión que toma más peso en el contexto actual por el enfrentamiento, al menos dialéctico, entre ambas administraciones por el rechazo de España a la guerra iniciada por EE UU e Israel en Irán y la polémica en torno al uso, por parte de las fuerzas estadounidenses, de las bases de Morón de la Frontera (Sevilla) y Rota (Cádiz) como plataforma para actuar en Oriente Próximo.
