Bruselas propone retrasar la firma del acuerdo de la UE con Mercosur a enero para convencer a Meloni | Internacional
La Unión Europea vuelve a darse tiempo con Mercosur 25 años después. Ante el riesgo de que la negativa de Francia y los recelos de Italia dinamiten para siempre el acuerdo con Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, negociado durante un cuarto de siglo, el Ejecutivo comunitario ha propuesto a los países americanos retrasar la firma, prevista para este fin de semana, a principios de enero. Sin París y sin Roma, que ha expresado sus dudas de último minuto esta semana, no salen las cuentas. La cúpula de las instituciones comunitarias parece haber dado por perdido al francés Emmanuel Macron, pero cree que, con un poco de trabajo y alguna contraprestación, podría subir a bordo a la primera ministra italiana, Giorgia Meloni.
La italiana precisa tiempo para vencer las resistencias internas. Lo proclamó en el Senado italiano el día antes de ir a Bruselas cuando dijo que el acuerdo todavía no estaba maduro. Los agricultores integran parte de su base electoral y se la pelea con su socio de Gobierno y rival electoral Mateo Salvini, el líder de la Liga. De ahí que la primera ministra italiana esté resistiendo las presiones de la gran patronal transalpina, Confindustria, muy partidaria del acuerdo comercial con Mercosur, que si llega a entrar en vigor crearía un mercado potencial con más de 700 millones de personas y 31 países a ambos lados del Atlántico.
Consciente de que la posición negativa de Francia y Polonia convierte a Italia en fundamental para que el acuerdo salga adelante, Meloni ha ido aumentando el precio de su sí. Y ha ido logrando cosas. El miércoles por la noche, los negociadores del Consejo de la UE y el Parlamento Europeo aprobaron nuevas salvaguardas para los agricultores y para los productos europeos. Una red de seguridad diseñada por la Comisión Europea que incluye un mecanismo para suspender las ventajas arancelarias de los productos de los países del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) que llegan a Europa en el caso de que se detecten “graves distorsiones” para ciertos sectores europeos considerados especialmente sensibles, como el vacuno, el avícola o el azucarero.
Esas nuevas garantías no precisan el visto bueno de los países de Mercosur, son mecanismos de compensación para los sectores afectados que pueden activarse con relativa facilidad si se observan esas distorsiones. No obstante, se suman a la larga lista de salvaguardas medioambientales, de derechos humanos y climáticas que sí están incluidas en el tratado comercial que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, pactó hace ahora un año, cuando Francia estaba en medio de una de sus recurrentes crisis políticas (la que le costó el puesto de primer ministro a Michel Barnier).
“Superar nuestras dependencias se hace diversificando los acuerdos comerciales”, ha advertido este jueves la presidenta Von der Leyen, a su llegada a la cumbre en Bruselas. Ella, junto con el presidente del Consejo Europeo, António Costa, y los jefes de Gobierno de España, Pedro Sánchez, y Alemania, Friedrich Merz, encabezan el grupo de partidarios del acuerdo. “Mercosur desempeña un papel central en nuestros acuerdos comerciales. Es de una importancia enorme que tengamos la luz verde”, ha reclamado la alemana.
En esas frases se encierra buena parte de la estrategia que la UE dice querer poner en marcha para contrarrestar el giro proteccionista que ha imprimido Donald Trump a La Casa Blanca y las múltiples dependencias que tiene de China. En esa línea, en los últimos meses, por ejemplo, se ha llegado a un acuerdo con Indonesia o se ha acelerado las conversaciones con India. Pero la verdadera piedra de toque, la que convertiría los enunciados grandilocuentes en hechos ambiciosos, es el pacto con Mercosur, como viene a decir Von der Leyen con palabras y Macron a negar con hechos.
