US Open 2025: Alcaraz y Sinner, tres años después y por la ‘vía Federer’: buscar la mejor versión de uno mismo | Tenis | Deportes

Ellos, otra vez. Quiénes si no. El uno, un artista; el otro, pura ingeniería. No parece que hoy por hoy exista otra salida en un deporte edificado sobre las grandes rivalidades históricas y que asiste a un desfile militar de dos fenómenos que no dejan de crecer y perfeccionarse, de retroalimentarse y de expandirse en medio de un escenario que, más allá de ellos, empieza a resultar una planicie. El caso es que Carlos Alcaraz y Jannik Sinner volverán a cruzarse esta noche (20.00, Movistar+) en la misma pista que hace tres años, cuando ninguno de los dos había llegado a explotar ni alzado todavía ningún grande, acogió el primer gran episodio de un toma y daca encaminado a adquirir tintes antológicos. Se prolongó cinco horas y cuarto.
A un lado ya la vieja guardia de campeones, porque a pesar de que Novak Djokovic se niegue a apartarse ya ha sido empujado del primer plano, ley de vida constatada en las semifinales del viernes, el italiano (24) y el español (22) se han convertido en los indiscutibles dominadores a base de inconformismo y dedicación, de una evolución meteórica que todavía ofrece un generoso margen de perfeccionamiento. Ahí están sus portentosas cualidades, moldes excepcionales que desde edades infantiles ya hacían presagiar la llegada de dos fueras de serie, pero a la base han incorporado una voluntad permanente por superarse a sí mismos.
“No me comparo con los demás, sino con mi mejor versión”, decía el suizo Roger Federer, mientras la todopoderosa Serena Williams percibía en cada derrota una “oportunidad” y Andre Agassi, siempre filosófico, profundizaba: “El tenis utiliza el cuerpo para librar batallas que tienen lugar en la mente”. Siguen esos mismos parámetros ahora Sinner y Alcaraz, hechos de otra pasta; todavía jóvenes, aún en formación, pero ya muy redondos. Uno y otro han ido puliéndose y reconfigurándose de una forma extraordinaria, pocas veces vista, ateniéndose sobre todo a la velocidad del proceso y a la envergadura que ya han adquirido a estas alturas.
Hoy, día en el que está en juego el trono que todavía defiende el transalpino, la posibilidad de que él conquiste su quinto grande (tercero del año) y el español su sexto (segundo del curso), el aficionado contempla dos maravillosas obras escultóricas. Todos los elegidos se multiplicaron, pero seguramente no en un plazo tan corto ni con tanta rotundidad, tan insultantemente rápido, y en no pocos ganadores se adivinaban defectos después de prolíficas carreras que en un abrir y cerrar de ojos han solventado Sinner y Alcaraz. El uno un martillo, un triunfo de laboratorio, y el otro simplemente un artista que ha aprendido a aburrirse para combatir definitivamente sus altibajos.
“Es algo en lo que llevo trabajando tiempo, el intentar no perder la concentración y terminar el partido al mismo nivel al que lo empiezo. Supongo que estoy madurando, porque aquí estoy consiguiéndolo y eso me enorgullece”, simplifica Alcaraz, un talento diferente y genuino, con todo lo que ello conlleva. Cuenta Ferrero que le ha costado lo suyo hacerle ver determinadas cosas, que la élite era otra cosa. Lo ha comprendido el de El Palmar y hoy se desenvuelve a partir de una versión igual de atractiva, pero mucho más completa. A lo que incorporaba de serie ha añadido compromiso, matices técnicos y un retoque en la mecánica del servicio que le ha redimensionado.
“Fuera de la pista he mejorado mucho. Ahora me doy cuenta de lo importante que es cuidar todos los detalles para ser perfecto”, apunta, al tiempo que radiografía la progresión sostenida de su rival: “Creo que físicamente, Jannik ha mejorado mucho. Sus partidos son muy exigentes desde ese punto de vista, por su forma de jugar, del ritmo, y ahora es capaz de jugar al cien por cien durante dos, tres o cuatro horas”. Y así es, porque pese a que todavía conserve esa constitución aparentemente liviana, fibra y más fibra, formas longilíneas, el de San Cándido dio un salto exponencial que más o menos coincide con el inicio de un mandato espectacular.
“He mejorado con el servicio y también en la red”, puntualiza Sinner. “Todavía no están donde me gustaría, pero vamos mejorando”, prorroga. “Y mi forma física, obviamente, es mejor. Eso me ayuda en los movimientos y a la hora de aguantar; antes me costaban los partidos de tres o cuatro horas…”, cierra al tiempo que elogia la palanca actual de Alcaraz, así como la linealidad que ha adquirido esta temporada. Frente a frente otra vez, uno y otro siguen debatiendo a la carrera: el inconformismo, su mejor motor.
