La rebelión silenciosa de los bonos
Durante 15 años, la deuda pública occidental ha funcionado como la red de seguridad del sistema financiero. Los inversores la compraban cuando temían algo y los bancos centrales cuando querían estimular. Su precio apenas tenía que ver con la solvencia de quien emitía. Esa época ha terminado casi sin enterarnos. El bono del Tesoro estadounidense a diez años ha marcado sus rentabilidades más altas en casi un cuarto de siglo, y el contagio ha cruzado el Atlántico con una rapidez que ha sorprendido incluso a los más pesimistas. Lo relevante ya no es solo cuánto cuesta endeudarse, sino que los mercados han vuelto a preguntarse quién merece que le presten y a qué precio.
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